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Capítulo V Un paseo. Agudeza de don Sylvio

Apenas si habían tomado la decisión cuando desde la distancia se escuchó la enérgica voz de doña Mencía, que acompañaba a sus invitados a tomar el aire al jardín, el cual por falta de cuidados tenía una apariencia de lo más salvaje, pero que por su diseño y disposición era sumamente agradable. Pedrillo no tuvo apenas tiempo para avanzar a hurtadillas por detrás de varios setos de mirtos hasta otro sendero, desde donde pudo salir del jardín sin ser visto. Don Sylvio, en cambio, permaneció sentado en un banco hasta que se le acercó el pequeño grupo.

Puesto que, pese a sus locuras, no carecía de buen juicio, comprendió en sus primeras reflexiones que, para poder ocultar mejor la huida que traía entre manos, debía adoptar una conducta que, sin distanciarse demasiado de la declaración que había realizado a su supuesta tía, permitiera albergar esperanzas de que quizá poco a poco pudiera darse por vencido.

Así pues, se dirigió al encuentro del grupo a paso lento y, con un semblante que no era ni de alegría ni de pesadumbre, se incorporó con buenos modos a la conversación y ocultó tan bien como pudo el asco y la repugnancia interior que la hermana del Enano Verde tanto más le provocaba cuanto más trataba ella de agradarle y de hacerle notar cuánto le resultaba él de su gusto.

Por suerte, la vanidad de la bella Mergelina suplía todo lo que una persona observadora habría extrañado en su conducta, hasta tal punto que parecía completamente satisfecha con él, aunque lo único a lo que este pudo obligarse fue mantenerse dentro de los límites de la cortesía indolente que uno debe a un invitado y al linaje al que ella parecía pertenecer.

En lo que respecta a su tía, nada podía ser más innecesario que la inquietud que él mostraba por que aquella no fuera a recelar de su propósito. Ella sabía que él no disponía de dinero ni de conocidos en toda la región y, por ello, no consideraba como una posibilidad que él pudiera escabullirse mediante una huida para la que carecía de todos los medios. Cierto es que el tono con el que había osado oponerse a ella y, en especial, las últimas palabras que se le habían escapado a causa de su indignación la habían sorprendido y se había propuesto preguntar en casa si quizá en su ausencia había sucedido algo que pudiera haberle llevado a utilizar aquel insólito lenguaje. Con todo, la necesidad de hacer compañía a su amado don Rodrigo (pues para la Rosalva el señor Rodrigo Sánchez era tan don como un Guzmán) no le había dado ocasión para ello76. Y, dado que veía ahora la cortesía con que su sobrino trataba a doña Mergelina, guardaba la esperanza de que se lo hubiera pensado mejor y consideró innecesario preocuparse más por palabras que, como creía, habrían podido ser meras sugestiones de un irreflexivo fervor juvenil.

76 La casa de Guzmán es uno de los linajes nobiliarios españoles de más rancio abolengo y puede retrotraerse al siglo xi y a Rodrigo Muñoz de Guzmán, que añadió a su patronímico el nombre de una de sus tenencias burgalesas, la villa de Guzmán, hoy en día situada en el municipio de Pedrosa de Duero, fundando de este modo su linaje.