Capítulo XIII Continuación del discurso o perorata de monsieur Oufle sobre las apariciones
Monsieur Oufle continuó así su intervención, siempre con el mismo ímpetu.
¿Impugnaréis, también, hermano mío, a tantos religiosos que aseguran haber visto a menudo en sus iglesias fantasmas sentados en las sillas de los que han de morir poco despuésa? ¿Desmentiréis a quienes sostienen que, a veces, los monjes de sus conventos, que estaban muertos, se aparecenb en el refectorio para informarlos del grado de condena en el que se encontraban y exhortarlos, mediante dicha aparición, a respetar más estrictamente sus reglas de lo que habían hecho ellos mismos? No os creo tan mezquino como para acusar de mentirosas a personas tan honestas. ¿Por qué querrían mentir los religiosos, inventarse falsas historias? Si los creyéramos capaces de ello, ¿qué seríamos nosotros? Si queréis otras historias, otros hechos que os lleven al fin a adoptar mi opinión, me viene a la memoria un buen número en este momento, no sé ni cuáles escoger. Vais a tener de sobra.
Un emperador, días antes de ser masacrado, vio en un estanque una figura que, blandiendo una espada en la mano, le hizo unas amenazas que lo hicieron estremecerse de miedoc.
Un gran capitán, tras haber matado a una muchacha, la veía continuamente a su lado, nunca lo abandonabad.
Un príncipe supo de su próxima muerte en un baile por espectro que tuvo la imprudencia de venir a bailar en públicoe.
Un marqués se aparecióf después de su muerte a un amigo para, según habían acordado, enseñarle que todo lo que se decía del otro mundo era bien cierto. Os nombraría, si quisiera, a varios espectros que se aparecieron a propósito para asegurar lo mismo.
La sombra de Severo se presentó ante Caracalla y lo amenazó con matarlog. Cardano, que escribió tantas obras de tan profunda erudición, dice (y, si lo dice, lo cree) que su padre tuvo extrañas apariciones y tan tangibles que dio cuenta de todos los detalles como si hubiera visto hombres normalesh.
Todo el mundo sabe que, al gran montero del bosque de Fontainebleau, muchos aseguran haberlo visto y un gran rey es testigoi tan irreprochable que no puede entrarme en la cabeza que no haya ningún Noncredo que ose llevarle la contraria.
Se ha visto un mago que, para vengarse de algunos que lo habían insultado, hizo aparecer en los baños en los que estaban a unos espíritus negrosj que les daban patadas por detrás y que no los dejaron tranquilos hasta que se hubieron ido.
El emperador Basilio, que deseaba con ardor ver una vez a su hijo, que había muerto, lo consiguió gracias a los encantamientos que hizo un famoso magok.
a A menudo ocurre en los conventos que se ve en las iglesias que hay fantasmas decapitados, vestidos de monjes y monjas, sentados en las sillas de verdaderos monjes y monjas que pronto van a morir. Meditaciones históricas, de Camerario, t. I, lib. IV, cap. 13.
b Se lee en las Crónicas de Santo Domingo que el refectorio fue hallado por los religiosos lleno de monjes muertos que decían estar condenados; esto se lo hizo decir Dios para instar a los religiosos vivos a llevar una vida mejor. De Lancre, p. 371.
c Julio Capitolino dice que el emperador Pertinax vio tres o cuatro días antes de ser masacrado por los soldados de su guardia no sé qué figura en un estanque que lo amenazaba con la espada empuñada. Le Loyer, p. 168. Gaffarel, p. 110.
d Pausanias, jefe de los lacedemonios, tras haber matado en Bizancio a una muchacha llamada Cleonice, no dejó después de tener miedo y pensar que veía todo el rato a esta mujer. Le Loyer, p. 115.
e Héctor Boecio escribe en los Anales de Escocia que Alejandro III, rey de Escocia, se casó en terceras nupcias con la hija de un conde de Dreux. Celebró el enlace por la noche y con toda solemnidad. Tras finalizar el baile, se vio entrar en la sala una efigie de la muerte, toda ella descarnada, que saltaba y brincaba.
f El marqués de Rambouillet, hermano mayor de la señora duquesa de Montaussier, y el marqués de Précy, el mayor de la casa de Nantouillet, que tenían de 25 a 30 años, eran íntimos amigos e iban a la guerra como van en Francia todas las personas distinguidas. Un día en que se ocupaban de los asuntos del más allá, tras varios discursos que daban muestra de que no estaban demasiado persuadidos de todo lo que se decía sobre ello, se prometieron, el uno al otro, que el primero que muriese vendría a informar a su compañero. Al cabo de tres meses, el marqués de Rambouillet partió a Flandes, que estaba en guerra, y Précy, que sufría unas fuertes fiebres, se quedó en París. Seis semanas más tarde, Précy escuchó, sobre las seis de la mañana, correr las cortinas de su cama y, al girarse para ver qué sucedía, vio al marqués de Rambouillet sobre un búfalo y con botas. Salió de su cama queriendo abrazarlo y darle así muestras del júbilo que suponía su venida; pero Rambouillet reculó unos pasos, diciéndole que esos halagos ya no tenían sentido, que solo venía para cumplir la palabra que le había dado; que había sido muerto el día antes durante la guerra. Añadió que todo lo que se decía del otro mundo era muy cierto, que debía pensar en vivir de otra manera y que no tenía tiempo que perder, porque sería muerto a la primera ocasión que se presentase.
g Cuenta la leyenda que, a la salida de Antioquía, la sombra del emperador Severo se apareció a Caracalla y le dijo en sueños, con voz amenazante: «Así como has matado a tu hermano, te mataré yo». Coeffeteau48.
h Cardano dice que el 13 o 14 de agosto de 1491 siete demonios se aparecieron a su padre vestidos de seda con capas a la griega, calzas rojas, camisas y jubones carmesí, que decían ser hombres aéreos. Aseguraban que nacían y morían y vivían hasta trescientos años y se asemejaban mucho más a la naturaleza de los dioses que a los hombres terrestres, pero que entre ellos y los dioses había infinitas diferencias. De Lancre, p. 414.
i Se lee en la historia de Mateo lib. I, p. 5., Narrat. 1599, que el gran rey Enrique IV, mientras cazaba en el bosque de Fontainebleau, escuchó, a una media legua, unos ladridos de perros, el grito y el corno de los cazadores, pero, en un momento, ese ruido se acercó a veinte pasos de sus orejas. Ordenó al señor Conde de Soissons que averiguara qué pasaba. El Conde avanzó y un gran hombre negro se presentó en el espesor de los matorrales gritando «¿Me oís?» y desapareció. Los campesinos y pastores de los alrededores dicen que era un espíritu o demonio que llaman el Gran Montero, que caza por ese bosque. Id., p. 318.
j Un mago llamado Miguel Sicidites, para vengarse de algunos que lo insultaron en un baño, se retiró a un cuarto próximo para recoger su ropa. En cuanto salió, todos los que estaban en el baño salieron apresuradamente porque en el fondo del depósito del baño habían visto salir hombres negros que los perseguían dándoles patadas en el trasero. Le Loyer, p. 130.
k Miguel Glicas dice, 4 part. Anales., que Basilio, emperador de Constantinopla, tras perder a su hijo Constantino, el único al que quería, quiso verlo, costara lo que costara, tras su muerte. Se dirigió a un monje herético llamado Santabarena que, tras echar algunos conjuros, le enseñó un espectro parecido a su hijo. Id., p. 469.
p. 69Un padre vino del otro mundol para proteger a su hijo de la muerte que le querían dar y, finalmente, viendo que no lo podía salvar, lo mató él mismo y lo hizo pedazos. Esta historia, si os la contara entera, os aterraría; es una de las más trágicas que nos han legado los antiguos.
Una hija muerta regresó, vivió con un hombre y, después, desapareció. Y todo bajo unas circunstancias que no explicaré aquí. Si tenéis curiosidad por saber, os diré el lugarm en el que lo podéis hallar. Un lacedemonio atacó valientemente a un fantasma e hizo muchos esfuerzos por atravesarlo con su lanzan. Incluso un áspid al que un campesino había dado muerte se le presentó de nuevo y lo seguía a todas parteso. Algunos espectros llamados mujeres blancas vienen a menudo a ofrecer servicios a los hombres de quienes se han enamoradop. Una vez se vio en el aire un altar y, a su alrededor, hombres que parecían curas, dispuestos a ofrecer algún ejercicio religiosoq. Nada es tan habitual como ver sombras con las que uno puede comer y divertirser. Un hombre que estaba muerto fue a encontrarse en un albergue con su amigo, se acostó con él y lo congeló, por así decirlo, por la frialdad de su cuerpos.
El amante de una monja, al pasar durante la noche por la iglesia de un convento para ir a su encuentro, vio varios curas desconocidos que hacían una ceremonia fúnebre. Preguntó para quién y le dijeron que para él mismo, se dio la vuelta y en cuanto llegó a su casa dos perros lo estrangularont.
Es asombroso el número de muertos que se le aparecieron a una carmelita, llamada sor Francisca del Santo Sacramentou. Cuando un hombre dio un puntapié a la cabeza de un muerto, esta se puso a hablar y se encomendó a sus plegariasv. Se ven en el Cairo, en una época concreta, cuerpos muertos que salen de la tierra sin chistar; algunos aseguran incluso haber visto algunos miembrosw. Hay pueblos que están muy atormentados por los muertos si no los entierranx. Se escuchan durante la noche, en un lugar en el que se dio famosa batalla, los mismos ruidos que hicieron los ejércitos combatiendo con furor. No os referiré un detalle muy curiosoy porque, conociendo vuestro temperamento, seguro estoy de que no os interesa saberlo.
l En Etolia había un ciudadano venerable llamado Policrito que, por su valía, había sido, para regocijo del pueblo, elegido etolarco, es decir, magistrado, jefe y gobernador de Etolia. Gracias a su honradez, el cargo le fue prorrogado hasta tres años, durante los cuales se casó con una dama de Locros. Tras haberse acostado solo tres noches con ella, murió a la cuarta, dejándola encinta de un hermafrodita, al que dio a luz nueve meses después. Tras consultar a los sacerdotes celestiales y a los auguras sobre este prodigio, conjeturaron que los Etolios y los Locros tendrían una guerra a causa de este monstruo que tenía su doble naturaleza. Se concluyó finalmente que había que llevar a la madre y al hijo fuera de los límites de Etolia y quemarlos a los dos. Cuando estaban listos para hacer dicha ejecución, el espectro de Policrito se apareció y se puso al lado de su hijo. Estaba vestido con un traje de negro luto. Todo el pueblo se asustó y, como querían huir, él los llamó y les dijo que no tenían que temer y, a continuación, con una voz débil y baja, hizo un hermoso discurso, por el cual les mostró que si quemaban a su mujer y a su hijo caerían en extremas calamidades (se puede ver ese discurso aquí después). Viendo, al fin, que tras esos reproches no pudo disuadirlos de hacer lo que habían comenzado, tomó a su hijo, lo hizo pedazos y lo devoró. El pueblo lo abucheó y le lanzó miles de piedras para echarlo. Pero, sin inmutarse por todos esos insultos, siguió comiéndose a su hijo, dejando solo la cabeza y, después, desapareció. Tras este extraordinario prodigio, se decidió ir a consultar el oráculo de Apolo en Delfos, pero la cabeza del niño se puso a hablar y predijo todas las calamidades que llegarían después. La predicción fue acertada. Flegón. Le Loyer, p. 249, etc.
m Mantengo lo que voy a decir de Flegón, nativo de Trales, liberto por el emperador Adriano, que no nos indica nada sobre en qué lugar ocurrió esto, pues su libro está defectuoso, pero, si pudiera conjeturarlo por los nombres de Machates y Filinion, uno macedonio y la otra tesalia, pensaría que estos hechos ocurrieron en una ciudad de Tesalia, o incluso en Hipatia, metrópolis de Tesalia en la que, según Apuleyo, de un día a otro ocurrían prodigios tan grandes como el de Filinion. Sea como fuere, esta es la historia: Filinion, hija única de Demóstrato y Charito, murió en edad núbil, con gran dolor de sus padres, quienes hicieron enterrar, junto al cuerpo muerto, los anillos, joyas y otros adornos que su hija más había apreciado durante su vida. Tiempo después de su muerte, un noble llamado Machates vino a alojarse en casa de su padre, que era su amigo. Una tarde, mientras estaba en su cuarto, Filinion, cuya muerte desconocía, se le apareció, le declaró que lo amaba, lo aduló y le pidió que respondiera a su pasión. Machates, como prueba de amor, le dio a Filinion una copa de oro y se dejó quitar un anillo de hierro que tenía en el dedo; Filinion le ofreció como regalo un anillo de oro y su sobrecuello, con el que cubría el vientre, y después se retiró. Al día siguiente volvió a la misma hora. Mientras estaban juntos, Charito envió a una vieja sirvienta al cuarto de Machates, para ver lo que hacía. Los vio a los dos y, medio enloquecida, fue a advertirle a su amo y su ama que Filinion estaba con Machates. La tildaron de loca, pero, como se empeñaba en asegurar que lo que decía era cierto, Charito fue a buscar a su huésped y le habló de lo que le habían contado el día antes. Él le confesó que la sirvienta no había mentido en absoluto sobre ese asunto, le contó todos los detalles de lo que había ocurrido y le enseñó el sobrecuello y el anillo de oro que la madre reconoció como pertenencias de su hija. Enseguida fue sobrecogida por el dolor de la pérdida de su hija, que le hizo lanzar gritos horripilantes y, finalmente, hizo prometer a Machates que la avisaría cuando regresara, lo cual hizo. El padre y la madre la vieron y fueron corriendo hacia ella para abrazarla, pero ella, mostrando un semblante triste y cabizbajo, les dijo: «¡Oh, padre y madre míos! ¡Cuánto mal hacéis a mi felicidad, pues no permitiréis, con vuestra inoportuna venida, que viva más de tres días con vuestro huésped en la casa familiar, donde estaba yo tan alegre y sin molestar a nadie! ¡Seréis castigados por vuestra gran curiosidad, pues he de ir al lugar que ordenan y me lloraréis tanto como cuando fui puesta bajo tierra por primera vez! Pero puedo aseguraros una cosa, y es que no vine yo aquí sin que lo quisieran los dioses». Tras esas palabras, cayó muerta y su cuerpo fue puesto sobre la cama, expuesto a la vista de todos los de la casa. Finalmente, fueron a visitar el sepulcro de Filinion, en donde no se halló su cuerpo, sino solamente su anillo de hierro y la copa de oro que Machates le había dado. Machates, penetrado por la vergüenza de haberse acostado con un espectro, se dio muerte a sí mismo. Le Loyer, p. 241, etc.
n Plutarco cuenta que un lacedemonio que pasaba cerca de un monumento vio un espectro que trató de atravesar su lanza diciéndole: «quo fugis, anima bis moritura?» [¿Adónde huis, alma que dos veces ha de morir?].
o Elien habla (lib. I, cap. 32) de una víbora áspid muy larga, que, habiendo sido muerta por la pala de un viticultor, se le aparecía (ella, o su espectro) allá donde fuera.
p Schott escribió esto, p. 339. Del Río dice que hay una cierta especie de espectros que se aparecen como mujeres muy blancas en los bosques y en las praderas. A veces, incluso, hay, en las caballerizas, algunas que sujetan velas de cera encendidas, de las cuales dejan caer gotas sobre el copete y la crin de los caballos, que peinan y trenzan muy bien. Estas mujeres blancas son también llamadas sibilas y hadas, y se dice que hay una llamada Abanda que es como la reina de las demás y quien les da órdenes. El mundo encantado, t. I, p. 289.
q Que el filósofo Julio Obsecuente me indique el lugar en el aire, en medio del cual, confirma en De los prodigios, había un altar y, a su alrededor, hombres vestidos con trajes blancos, bajo el consulado de Fabio, llamado el Verrugoso por una verruga que tenía en los labios. Le Loyer, p. 389.
r En los confines del mar glacial, donde se forma una península, hay unos pueblos llamados pilapios que beben, comen y conversan familiarmente con las sombras. Olaus Magnus. La incredulidad sabia y la credulidad ignorante en torno al asunto de los magos y hechiceros, p. 74.
s Un italiano que había hecho enterrar a uno de sus amigos que había muerto, sorprendido por la noche, a su regreso a Roma, se vio obligado a detenerse en una posada en el camino, en la que pasó la noche. Al despertarse, estando totalmente solo, advirtió que su amigo muerto, muy pálido y descarnado, se le apareció y se le acercó. Levantó la cabeza para mirarlo y, sobrecogido de terror, le preguntó quién era. El muerto no respondía nada, se desvistió, se metió en la cama y empezó a acercarse al vivo, o eso le parecía. El otro no sabía ni de qué lado ponerse. Se desplazó hacia el borde y, como el difunto seguía aproximándose más, lo empujó. Al verse así expulsado, miró de reojo al vivo, se vistió, se levantó de la cama, calentó sus zapatos y salió de la habitación sin aparecer de nuevo. El vivo refirió que cuando le tocó en la cama uno de sus pies lo encontró más frío que el hielo. Alex. ab Alex., 1, 2. Dier. genial., cap. 9. Tiraqueau en sus Anotaciones sobre este capítulo, considera todas estas visiones como sueños. Hist. Admir., t. I, p. 533.
Se cuenta como cierto que un fantasma está siempre frío cuando se le toca. Cardano y Alejandro de Alejandría son testigos que lo confirman y Cayetano explica que lo supo por la propia boca de un diablo, el cual, habiendo sido interrogado por una hechicera sobre este asunto, le respondió que tenía que ser así y no podía ser de otra manera. El cardenal corrobora estas palabras del diablo diciendo que no quiere transmitir al cuerpo del que se apodera este calor moderado que es tan agradable o que Dios no se lo permite. El Mundo encantado, t. I, p. 299.
t Un caballero español estaba enamorado de una monja y era correspondido. Una noche en que iba a verla, pasaba por la iglesia, de la que tenía llave, y vio muchos cirios encendidos y a muchos curas que cantaban y ofrecían el servicio religioso a un fallecido alrededor de un altar muy elevado. Tras contemplar a estos curas, todos los cuales le eran desconocidos, se acercó a uno, le pidió por quién hacían ese servicio: por un caballero llamado (n), que era su propio nombre, respondió. Otro le dio la misma respuesta. Salió de la iglesia, montó en su caballo y regresó a su casa, donde dos perros lo estrangularon. Torquemada, Hexamerón, tercera jornada. Historia admirable, 1, p. 548.
u Se habla en el libro titulado La luz de los vivos por la experiencia de los muertos de un gran número de difuntos aparecidos a la hermana Francisca del muy Santo Sacramento, de las carmelitas descalzas, por el padre Alberto de San Juan, carmelita descalzo.
v San Juan Damasceno dijo en su Tratado de difuntos que un hombre al pasar por un cementerio se dio de bruces con la cabeza de un muerto y se encomendó a sus plegarias.
w En El Cairo, en un lugar antes designado por un cementerio, se congrega todos los años una multitud de personas para ver a los muertos que allí están enterrados salir de sus fosas y sepulcros. Eso empieza el jueves (en marzo) y dura hasta el sábado, cuando todo desaparece. Entonces se ven cuerpos envueltos en sus sábanas, a la antigua. Pero no se les ve ni de pie ni andando, solo los brazos, los muslos, o bien otras partes del cuerpo que pueden tocarse, que suben cada vez más, poco a poco. Historias admirables, 1, p. 43.
George Cortin, orfebre que vivía en La Rochelle, el año 1603, aseguró poseer una cabeza entera con barba y pelo, y otras cabezas que se aparecían por El Cairo. Un hombre llamado Jean Barclé, orfebre de Anvers, tenía un pie que no se corrompía. Añadía que no vio estos miembros crecer, sino que aparecían en agujeros en la tierra de los que se sacaban y que brotaban como el trigo sin que nadie se diera cuenta. Meditaciones históricas, de Camerario, t. I. cap. 13.
x Los pilapios, pueblos septentrionales, enterraban antiguamente en sus casas los cuerpos de sus parientes. Si no lo hacían, eran atormentados por espíritus que se les aparecían. Le Loyer, p. 15.
y Se lee en Pausanias (In Atticis) que cuatrocientos años después de la batalla de Maratón, se escuchaban en el lugar donde se produjo, todas las noches, relinchos de caballos y ruidos de guerreros combatiendo. Lo más admirable es que aquellos que venían adrede a escuchar tales ruidos no escuchaban nada, pues solo eran perceptibles por los que pasaban por azar por el lugar49.
p. 70Los persas no se extrañan de ver fantasmas en los bosques porque tienen por cierto que las almas de los que han vivido con sabiduría residen ahíz. Un hombre joven se colgó porque no podía casarse con la mujer que amaba. Un fantasma que había tomado su aspecto se le apareció a esta mujer para gozarlaaa. Otro hombre iba siempre seguido del esqueleto de una muchacha por la cual sentía una extrema pasiónbb. A un fantasma le gustaba quitarle las gafas a un hombre y llevarlas a un jardíncc. En Guinea, no se busca entre los vivos a los ladrones de cosas robadas porque se acusa a las almas de los difuntosdd. Un amante muerto vino a buscar a su mujer en forma de culebra. Hizo buen uso de ellaee. Se lee en varios autores que hay montañas en las que se escuchan a menudo historias extraordinarias y los espectros son muy frecuentesff. Algunos aseguran que un fantasma llamado Empuso no caminaba más que sobre un pie, mientras que el otro, que era de bronce, se mantenía en el airegg. Cierto espectro, llamado Gilo, no adoptaba nunca otra figura más que de mujerhh. Se sabe que en varios lugares se aparece un fantasma varios días antes de la muerte de un príncipe o de otra persona distinguidaii. ¡Cuántos ejemplos de difuntos que reaparecen adrede para mostrar dónde se han enterrado sus cuerposjj! Finalmente, los judíos y cabalistas sacaron conjeturas y presagios de todo lo denominado aparecidos y fantasmaskk.
El pobre monsieur Oufle quedó entonces tan exhausto y tenía la boca tan seca que no pudo decir nada más. Veremos a continuación lo que pasó después.
z De la Valle explica en su capítulo 17 que los persas tienen mucho respeto por los árboles más grandes y antiguos porque están convencidos de que ahí viven las almas de los bienaventurados.
aa El mundo encantado, t. IV, p. 376.
bb Monsieur de Grigny se halló en compañía de un hombre que siempre iba seguido por el esqueleto de una muchacha a la que había amado.
cc El pobre monsieur Santois estaba rezando a Dios en su hora el pasado jueves. Al querer pasar las páginas del librillo sintió un extraño ruido bajo su mano y se sorprendió de que el librillo se rasgara por sí mismo, aunque tan ordenadamente que parecía como si alguien lo hubiera hecho adrede. Primero, este buen anciano pensó que era él quien lo había roto sin darse cuenta, pero, cuando giró una segunda hoja y sucedió lo mismo, comenzó a asustarse e hizo sonar la campana para avisar a sus hijos. Acudieron todos y, al escuchar lo que les contó, pensaron que se equivocaba y lo sacaron de allí. Pero este buen hombre no podía consentir pasar por alucinado, así que les dijo: «Bueno, hijos, opinad ahora si el espíritu está de humor como para rasgar una tercera página, porque no quiero que me toméis por hipocondriaco». Abrió su libro y quiso pasar una nueva página; esta se rasgó como las demás. El yerno, aunque convencido, no dejó de decir que era su suegro el que las rompía, por temor a que el hombre se pusiera malo, algo de lo que no le cabía duda. Y alegó como razones que su error venía de que no tenía ya buenos ni el tacto ni la vista para discernir si manipulaba bruscamente o no la página. Pero el viejo se ofendió, cogió sus gafas para demostrarlo una vez más y verlo más de cerca y, a la vista de todo el mundo, sus gafas salieron por sí mismas de la nariz y, como si volaran, dieron ellas solas un paseo alrededor de la habitación, después atravesaron la ventana y se fueron a detener en un parterre de flores a la entrada del jardín, donde se encontraron junto con las tres hojas. La falsa Clélie, lib. V.
dd En Guinea se cree que las almas de los muertos vuelven a la tierra y toman de las casas las cosas que necesitan, de modo que, cuando se echa algo en falta, se sospecha fácilmente que son ellas quienes han cogido lo que se ha perdido. El mundo encantado, t. I, p. 704.
ee Un amante prometió a su mujer que, si él se moría antes que ella, volvería para encontrarla bajo la forma de una culebra. Él murió primero y regresó, se dice, en efecto, en esta forma. La mujer tomó esa culebra sin que le hiciera ningún daño. Le dio de comer en un cebo y, cuando invitó a comer a otras personas, metió la cabeza de la culebra en sus vasos. Varios se disgustaron tanto con esta ceremonia que rehuían unánimemente sus festines. Contado por madame Delub.
ff Clemente de Alejandría escribió (lib. VI, Strom.) que, en Persia, hacia la región de los magos, se veían tres montañas plantadas en medio de un largo campo y separadas entre sí. Al acercarse a la primera, se escuchaba como una voz confusa de varias personas que discutían; en la segunda, se escuchaba un ruido aún mayor y en la tercera, los ruidos eran de alegría, como si hubiera muchas personas divirtiéndose. El mismo autor dice haber sabido por los antiguos historiadores que en Gran Bretaña, que es Inglaterra, hay una caverna al pie de la montaña en la cual, cuando se levanta el viento, se escucha un sonido de címbalos y campanas que repican el carillón al unísono.
Cardano atribuye la aparición de espectros y espíritus de la montaña de Hekla y de la isla de Islandia a causas naturales. Indica que Islandia está llena de betún, que los habitantes viven de manzanas, de raíces y de pan hecho de harina de hueso de pescado y no beben más que agua porque la isla es tan estéril que no cría ni trigo ni vino; que la vida es causa de la presencia de espíritus y que, por la densidad del aire y los vapores que allí surgen por el frío, se observan varias figuras vacías errantes y vagabundas por todas partes; que el miedo, la imaginación y la debilidad del cerebro de los habitantes hacen creer tanto en ellas que estos pensamientos afectan a la vista y, entonces, los habitantes de la isla creen ver, tocar y abrazar los espectros e imágenes vacuas de hombres muertos que conocieron cuando vivían. Le Loyer, p. 30.
gg Suidas dice que hay un fantasma llamado la empusa enviado por Proserpina a las personas miserables, que camina sobre un pie, pues tiene el otro de bronce, o bien es una pata de asno50.
hh El espectro de mujer que aparece de noche se llama Gilo según Nicéforo en su Historia eclesiástica.
ii Cardano asegura que en la ciudad de Parma hay una familia noble que, cuando alguien debe morir, se ve siempre en el salón de su casa a una vieja desconocida sentada en la chimenea. Curiosidades inauditas, por Gaffarel, p. 122.
Se dice que todas las veces que debe morir alguien de la casa de Brandeburgo un espíritu se aparece en forma de gran estatua de mármol blanco que representa a una mujer. Corre por todos los apartamentos del palacio del príncipe. Se dice, además, que un paje que quería un día detener esa estatua, esta, tras haberle soltado una buena bofetada, lo cogió con una mano y lo estrelló contra el suelo. La falsa Clélie, lib. V.
Una mujer blanca se deja ver en Alemania y en Bohemia cuando un príncipe va a morir. El mundo encantado, t. IV, p. 322.
Se cuenta que Melusina se aparece cuando alguien de la casa de Lusignan debe morir. Hay tres clases de ninfas: del aire, de la tierra y de las aguas. Sin duda, nuestra Melusina –tan celebrada en las novelas francesas— no puede ser más que ninfa del mar. Teofrasto Paracelso dice que el nombre procede del griego μελωδία, que es, propiamente, el aire de donde vienen los sonidos y las voces. Por esta razón parece que Melusina vuela por el aire y se hace escuchar por sus gritos y quejidos. Su fábula, o bien es un resto del paganismo, o está tomada de las ensoñaciones de los rabinos, quienes tienen su voz de pájaro que dicen ser Eli, que corre por el aire y predice el futuro. Y para hacer pasar la fábula de Melusina por verdadera, en su novela se la hace descender, por parte de padre, de los reyes de Albania, y de un hada, y se la casa con Raimundino de Troisi y, con su unión, se fundan las casas de Lusignan, de Luxemburgo, de Chipre, de Jerusalén y de Bohemia. La novela establece sus orígenes en Albania para darle más color a la fábula por la cualidad de hada que Melusina tenía por parte de su madre. Los albaneses son los escoceses, nuestros antiguos confederados, de donde viene el nombre de Aubain, y extranjero en Francia. Pues hubo un tiempo en que no había más extranjeros entre nosotros que los escoceses, los cuales adquirieron bienes y, al morir sin herederos legítimos, el fisco vendió sus bienes. A eso se llamó aubainage51. Y, en cuanto al resto, los escoceses, albains, aubeins o albauuns52, como aún se los llama en algunos lugares de Escocia, han sido difamados hasta el presente por haber tenido ninfas o hadas visibles llamadas belles gens, elfes ou fairs foles53, que aman a los hombres y buscan conversar con ellos, como demonios súcubos. Le Loyer, p. 200.
jj El filósofo Atenodoro vio, estando en vela, un fantasma alto, negro y encadenado a una casa de Atenas que le mostró un lugar de esta casa donde había cinco cadáveres encadenados. Esta casa estaba deshabitada a causa de los escándalos que en ella hacía el fantasma. Plinio, Epist. Bodin, p. 15. Camerario dice (t. I, lib. I, cap. 15) que no había más que un cuerpo muerto.
Después de que una mujer matara y enterrara a su marido, el espectro del difunto se apareció a su hermano y lo llevó al lugar donde estaba su cuerpo, después desapareció. Esta historia es más larga en Le Loyer, p. 346. Véase también la historia de dos estudiantes que iban a vivir a una casa que un espectro había dejado desierta. Torquemada, tercera jornada de su Hexameron. Historia admirable, t. I, p. 543.
kk Manasé Ben-Israel dijo, según los cabalistas, que, si los espíritus se aparecen a un hombre solo, no presagian nada bueno; que, si lo hacen a dos que están juntos, no hay nada de malo, pero que nunca se han presentado a tres personas juntas. El mundo encantado, t. I, p. 175.
Buxfort dice en su Lexicon Talmudicum que, para los judíos, un velo puesto sobre la cara impide que el fantasma reconozca a quien tiene miedo; pero que, si Dios juzga que lo merece por sus pecados, hace que se le caiga la máscara para que la sombra pueda verlo y morderlo. Id., p. 178.
48 Septimio Severo fue emperador romano. Fue sucedido en el trono por sus hijos, Geta y Caracalla, cuya enemistad terminó con el asesinato de Geta. El autor citado es Nicolas Coeffeteau (1574−1623), un dominico autor de varias obras originales y traductor del italiano y del latín al francés. Entre sus obras destaca su Histoire romaine, contenant tout ce qui s'est passé de plus mémorable depuis le commencement de l'empire d'Auguste, jusqu'à celui de Constantin le Grand [Historia romana, que contiene todo lo más memorable que ha pasado desde el inicio del imperio de Augusto hasta el de Constantino el Grande], de donde se saca esta referencia.
49 No debe confundirse este Pausanias, geógrafo griego del siglo i y autor de la obra Descripción de Grecia, citada varias veces en las notas a pie del autor y que consta de diez libros, con el Pausanias al que se alude en la nota [d] de este capítulo, que era un político laconio del siglo v a. C.
50 Hay dudas sobre la identidad de Suidas, y también se conoce como Suidas o Suda a una enciclopedia griega del siglo x. Posiblemente Bordelon tome el título de la obra por un autor.
51 Este neologismo proviene de aubain, aubaine, adjetivo de origen desconocido que designaba en la Edad Media al bien que iba a las manos del rey o del señor, en virtud del derecho llamado droit d’aubaine. Este derecho no se abolió en Francia hasta 1819. Con el uso, aubain se nominalizó para referirse también al extranjero que no se había naturalizado en su país de residencia. Se utilizaba únicamente en las ordenanzas.
52 Las tres versiones que da el autor son deformaciones ortográficas del término aubain. La vocalización de la [l] antes de una consonante tras la vocal [a] es una constante en la fonética histórica diacrónica del francés, de ahí que encontremos tres términos que alternan las grafías al y au. Las grafías ain y ein, por su parte, se utilizan para escribir un mismo fonema.
53 En el texto original estos términos están en cursiva y, de hecho, no son términos acuñados en francés en la época. La palabra elfe fue acuñada en 1878 para designar a los genios el aire de la mitología escandinava. Posiblemente se trate de un préstamo o de un neologismo del inglés o del gaélico. El sintagma elfes se referiría a elfos, mientras que fairs foles provendría de fair folk o fairy, que podría traducirse por hada. En los romances del francés antiguo, estos seres eran mujeres con poderes mágicos. Toda la expresión podría traducirse por ‘bellas personas, elfos o hadas’.
