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Capítulo XVIII En el que se cuenta lo que hizo monsieur Oufle para librarse de los supuestos espectros, fantasmas y aparecidos que lo atormentaban

Monsieur Oufle, muy apenado por la pérdida que acababa de sufrir, no veía ningún engaño en todo ello. No es que fuera avaro, nunca lo he acusado de ello. Al contrario, actuaba con nobleza, sin preocuparse por el dinero. Pero, como para él era cierto que las personas del otro mundo venían a robarle una suma considerable de dinero, le parecía natural deducir que podrían venir otros a asaltar su caja fuerte. Esta reflexión, que yo os refiero ahora porque él se la hizo, lo llevó a tomar precauciones para no ser de nuevo víctima de estos espíritus ladrones.

El pobre hombre no tenía otras medidas ni precauciones que tomar más que no ser tan ingenuo. Solo tenía que asumir de una vez que las almas que son felices o desgraciadas no son capaces de cometer tales fechorías. Las primeras, porque no serían nunca lo suficientemente extravagantes para cometerlas; las segundas, porque no tendrían ni el poder ni la libertad de hacerlo. Si él hubiera sido lo bastante dócil como para escuchar y asumir las razones que podían desengañarlo, habría descubierto al fin a los autores de la superchería que acababan de hacerle, o, al menos, la habría atribuido al engaño de las almas de los vivos más que de los muertos. Pero era incapaz de aceptar tales razones porque su fantasía, producida y sostenida por las lecturas que hacía y retomaba todos los días, sin esforzarse por distinguir bien lo verdadero de lo falso, le había hecho tan ingenioso que nada le parecía prudente, razonable o con sentido común, excepto lo que era conforme a sus imaginaciones. Tal era su convencimiento que, para protegerse de los males que temía en los fantasmas (miedo que podemos llamar superstición), buscaba remedios o talismanes fantasiosos.

El día después del robo de sus mil luises se levantó muy de mañana para consultar todos sus libros con el fin de aprender lo que debía hacer para que los espectros y fantasmas no lo atormentaran más. No quedó conforme con lo que leyó primero, pues encontró lo que no buscaba; es decir, el arte de hacer aparecer espectros horribles mediante la cabeza descompuesta de un hombre transformada primero en moscas y después en dragonesa. No quiso ponerlo en práctica, no por creerlo inadecuado sino porque, lejos de desear ver espectros, estaba de ellos tan harto y disgustado que no pedía otra cosa que su salida para siempre de su mansión. Recurrió entonces a lecturas más acomodadas a su intención. Halló al fin lo que buscaba, pues, en cuestiones de supersticiones prácticas, no faltan instrucciones sobre los pros y los contras, y, como solo quería instruirse sobre cómo ir contra los aparecidos, solo se centró en lo que convenía a su deseo. Descubrió entonces que no tenía nada que temer si se proveía de pasteles rellenos de mielb, si ponía verdolaga sobre su camac, o si llevaba un diamante en el brazo izquierdo que le tocase la carned, o una piedra crisolita engarzada en oroe, si colocaba a la entrada de su cuarto un clavo arrancado de un ataúd o de una tumbaf, o si, finalmente, llevaba en la mano ortiga junto con otra hierba llamada mil hojasg75.

a Los antiguos dicen que la parte de atrás de la cabeza es la primera y principal que se llena de gusanos poco después de la muerte de un hombre y que, tras siete días, se convierten en moscas y, tras catorce, en dragones cuyo mordisco provoca la muerte inmediata. Si se toma uno y se cuece en aceite de oliva, se elabora una vela cuya mecha se pone a un paño mortuorio que, colocado en una lámpara de bronce, deja ver un espectro horrible. Los admirables secretos de Alberto el Grande, lib. II, p. 160.

b Se daban fouaces rellenos de miel a quienes entraban en la caverna de Trofonio para que no fueran importunados por los fantasmas que se les aparecían74. Le Loyer, p. 326.

c Balbino dice que, si se pone verdolaga sobre la cama, no se verá ni tendrá ninguna visión durante la noche. Los admirables secretos de Alberto el Grande, lib. II, cap. 142.

d El diamante, atado al brazo izquierdo, de forma que toque la carne, impide los miedos nocturnos. Cardano, De la sutileza, lib. VII.

e Para expulsar a los fantasmas y liberarse de la locura hay que tomar la piedra crisolita y, después de meterla en oro, llevarla consigo. Los admirables secretos de Alberto el Grande, lib. II, p. 100.

f Según Plinio, libro 34, capítulo 15, los antiguos creían que un clavo arrancado de un sepulcro y puesto sobre el umbral de la puerta donde se duerme expulsaba a los fantasmas y las visiones que asustan por la noche. Sobre los espectros, por Le Loyer, p. 326.

g «Herbam urticam tenens in manu cum mille folio, securus est ab omni metu et ab omni phantasmate» [Quien tiene un gran manojo de ortigas en su mano, está a salvo de todo temor y de toda aparición]. Trinum magicum, p. 169.

p. 86Como la pérdida que acababa de sufrir le importaba mucho, especialmente por si venían después otras más considerables, creyó que, para no exponerse más, toda precaución sería poca. Por eso durante todo el día se ocupó tanto del asunto que por la noche ya estaba provisto de todas estas armas defensivas y se creyó seguro contra los ataques de las almas más atrevidas y ambiciosas del otro mundo.

A continuación, se acostó confiado en su despacho y se levantó muy contento porque nada le había impedido dormir tranquilo. No le faltaba nada más para convencerse completamente de que todas estas prácticas supersticiosas producían sin falta el efecto que prometían. Sin embargo, es cierto que, si no había sido atormentado por ningún fantasma, es porque nadie del otro mundo ni de este tenía intención de molestarlo. Los del otro mundo tenían muchas otras cosas que hacer más que venir aquí a hacer cabriolas y brincos, mover muebles, abofetear mejillas, rodar por los áticos, golpear paredes y puertas, cambiar sillas, encender velas y hacer no sé cuántas otras travesuras que creen las mujeres y que hacen creer a los niños, quienes, al crecer, siguen creyéndolo y haciéndolo creer a los demás. En cuanto a los fantasmas y aparecidos de este mundo que habían molestado a Oufle, es decir, Rosina y Mornando, estaban tanto o más dispuestos a dejarlo tranquilo, pues no pedían más que disfrutar tranquilamente de su bolsa de mil luises que habían compartido con tan pocos escrúpulos como si la justicia hubiera autorizado este reparto. Mornando aceptó compartir el botín por la tranquilidad de su conciencia, pues era la hija de aquel a quien había robado, como si aquella otra mitad hubiera sido una devolución que lo convertía en legítimo poseedor de su parte. Cambiemos ahora el decorado del teatro de nuestra historia, pues monsieur Oufle va a representar unos papeles diferentes de los que hemos visto. Los llamo diferentes porque se relacionan con otros asuntos. Sin embargo, son parecidos en una cosa, y es que seguirá pareciendo un supersticioso extravagante.

74 La fouace o fougasse es un tipo de torta francesa que se cocina en el horno de pan, de tradición antigua y muy típicas del oeste de Francia.

75 La verdolaga, también llamada lengua de gato, es una planta comestible y medicinal originaria de la India y Oriente Medio, así como del sur de Europa, antiguamente apreciada por sus valores nutricionales y múltiples propiedades. Hoy en día se la considera una mala hierba y crece de forma silvestre. La crisolita es una piedra preciosa de color verde amarillento que se corresponde con el mineral crisoberilo. Durante mucho tiempo fue considerada protectora contra los malos espíritus, los ladrones y las conspiraciones pecuniarias.