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Capítulo XI Descripción de la asamblea de hechiceros llamada el sabbat

Hemos visto cómo monsieur Oufle estaba convencido del poder que se atribuye a los hechiceros, su facilidad para creer todas las historias que sobre ellos leía o que escuchaba contar y los miedos que estas fábulas le causaban. Podemos concluir en base a esos miedos, a esa ingenuidad y a esa convicción que no dudaba de ninguno de los cuentos que se hacen sobre las asambleas llamadas sabbat. En efecto, había estudiado esta materia a fondo. Sabía perfectamente todo lo que los autores habían escrito sobre ella, los más detallados pormenores le eran conocidos y, como había aprendido por sus lecturas que todo era sorprendente, prodigioso y maravilloso en estas asambleas diabólicas, nada deseaba tanto como asistir a alguna como espectador y no como actor, pues por muy supersticioso que fuera, no deseaba entregarse al diablo, hacer un pacto con él ni hacerse hechicero. Solo quería ver una vez el sabbat para determinar si todo lo que había leído al respecto o que le habían dicho era verdadero. Él y el abate Dudú se habían entretenido haciendo un compendio de todo lo que contaban los demonógrafos y así se habían instruido sobre todo lo que ocurre en ese ritual. Sobre esta recopilación he compuesto la descripción que vamos a leer. Veremos si este pobre visionario tenía razón al ser tan crédulo en este asunto como era. Personalmente, confieso que me parece tan poco verosímil y posible que me avergonzaría de mí mismo si hubiera tomado en serio tales estupideces. El lector juzgará si mi vergüenza estaría bien fundada.

DESCRIPCIÓN DEL SABBAT

Para hacer una justa descripción del sabbat y que sea tal como se cuenta ordenadamente y en detalle, hay que representar el lugar donde se celebra, el momento en que tiene lugar, cómo se conoce ese tiempo, de qué manera se puede llegar a él, cómo se comporta y se muestra el diablo y qué hacen los hechiceros y hechiceras que asisten. Examinemos, pues, poco a poco, con toda la exactitud posible, esta supuesta asamblea diabólica. Será, seguro, horrible, pero la ridiculez que la acompañará podrá hacerla divertida para quienes la tomen menos en serio que monsieur Oufle y sus semejantes.

Digamos primero algo sobre su origen y su nombre. Le Loyer sostiene (lib. 4, Sobre los espectros, cap. 3) que Orfeo instituyó la Congregación de los Orfeotelestes, entre los cuales Baco solía tener el mismo lugar que el diablo hoy en día en la asamblea de hechiceros, que han extraído todos sus procedimientos y supersticiones de los orfeotelestes196. El mismo Loyer señala lo que se cantaba en las orgías: «saboé», «evohé», responde al grito estandarte de los hechiceros, «har», «sabat», «sabat», y que Baco, que no era más que un diablo disfrazado, se llamaba Sabazius, a causa del sabbat de sus bacanales, en las cuales, cuando alguien se iniciaba, solía decir: «He bebido tamboril y he comido címbalo, y he entrado en la comunidad». Esto lo explica Le Loyer del siguiente modo: por el címbalo entiende el caldero y la palangana que usaban, como los hechiceros modernos, para cocer a los niños pequeños que se comían, y por el tamboril, la piel de un chivo inflada de la cual extraían el jugo y el consomé para beberlo y ser admitido por este medio en las ceremonias de Baco. Ver Gabriel Naudé, Apología de todos los grandes personajes que han sido falsamente sospechosos de magia, pp. 129 y 130. También se ha dicho que la palabra sabbat se aplica a la asamblea de hechiceros porque se reúnen normalmente los sábados.

p. 170Cuando el diablo decide hacer el sabbat, elige normalmente un crucea o algún lugar que esté cerca de un lago o de una charca. Parece que se elige un cruce para que el lugar de esta asamblea de hechiceros esté al alcance de quienes deben venir y que no se vean obligados a hacer grandes desvíos para llegar. Podría sin embargo haber algún defecto en esta explicación si consideramos algunas de las maneras en que se llega al lugar, como veremos a continuación. Pero, aun si esta razón no resulta del todo razonable, eso no debería parecer demasiado extraño, puesto que todo lo que aquí se dirá de esta asamblea no lo será menos. En cuanto a la charca o al lago, los hechiceros aseguran que lo que explica esta elección es que agitan las aguas y que con dicha agitación se provocanb furiosas tormentas. Pues el diablo y sus discípulos no desean más que hacer el mal o, al menos, dar miedo y pavor. No crecec nada, se dice, en el lugar en que se hace el sabbat. Esto no es difícil de creer, puesto que este suelo, que pisan tantos diablos que tienen los pies extremadamente calientes, acaba quemado y, en consecuencia, resulta muy estéril.

Esta bacanal demoníaca se ejecuta normalmente durante la noche. Según parece, no todas las noches convienen, sino solamente la del miércoles al jueves o la del viernes al sábadod. Algunos afirman que la hora del mediodíae no está excluida: ¡estos pícaros hechiceros son muy atrevidos al reunirse y hacer cosas tan horribles y horripilantes en pleno día! Sin duda solo se reúnen a esa hora en los más remotos y horrendos desiertos, o bien el diablo toma el aire y lo espesa según sea necesario para esconderlos y así, cuando ocurre que el aire se torna sutil en un lugar, ¿no es porque se ha celebrado un sabbat por lo que ha desparecido una parte de ese aire? Si se celebraran varios al mismo tiempo de la misma manera, correríamos, seguramente, el riesgo de dejar de respirar. Diréis que bromeo. ¿Eh? ¿Acaso el tema no lo merece? Dentro de poco no tendré tantos motivos para bromear y reír; quiero decir, cuando hable de las cosas abominables y execrables que se supone que hacen y que intentaré, sin embargo, incluir de la mejor manera posible, pues quiera Dios que, siguiendo el ejemplo de algunos demonógrafos, emplee yo mejor que ellos la religión y el pudor.

Cuando llega la hora del sabbat, los hechiceros no se duermen a causa de una señalf que tienen para mantenerse despiertos durante ese tiempo. Se dice, sin embargo, más adelante, que hay que dormir o, al menos, tener un ojo cerradog. ¿Cómo encajar todo esto? ¡He aquí un hermoso tema de disertación para aquellos que tienen muchas ganas de escribir! Pero yo no me tomaré la molestia, pues querría primero asegurarme de todo. Y aun estando seguro, no sé si lo consideraría digno de mi atención. ¡Cuánto tiempo no se perdería y cuántos esfuerzos se ahorrarían si no trabajáramos más que con asuntos verdaderos, útiles y sólidos! Habría muchos menos autores y, en consecuencia, muchos menos lectores de fruslerías. Sin embargo, hay que decir que estas fruslerías que desprecio son a menudo las que más éxito tienen y son mejor recibidas. Se presenta un libro que contiene una moral sensata, que rebate un error popular o que da consejos para la conducta sabia y prudente, incluso pruebas incontestables para mostrar lo que debemos creer y practicar, y, como nos aburrimos mucho de lo seria que es esta obra, se queda en la oscuridad de la tienda del librero tantos años como días haya pasado el autor hasta sacarla a la luz; en cambio, otra obra inventada con gracia solo para entretener y divertir atrae por todas partes tantos compradores tan ávidos de tenerla que acaba por venderse simplemente encuadernada porque no hay tiempo de ponerle una buena cubierta. En nuestra época se ha publicado un gran número de libros, de los cuales varios han conseguido el éxito de esta manera, sin que el diablo tenga nada que ver, y digo esto de que el diablo no tiene que ver porque los hay también en los que sí se ha implicado. A decir verdad, estos últimos tienen su valor, pero que no se vanaglorie el diablo, con todo lo abyecto y maldito que es, pues los que le han dado voz tienen mucho más mérito que él. Siendo, como es, un ángel, (quiero decir ángel maligno), podría decidir hablar con tanta sensatez y sabiduría... Pero me alejo sin darme cuenta, parece que ya no hablo del sabbat. Retomo ese tema.

a El emplazamiento ordinario del sabbat es en los cruces, como decía Isaac de Queirán, o en las plazas de las parroquias, delante de las iglesias, o en algún lugar desierto y salvaje. De Lancre, pp. 68, 69.

b Una vez realizada la adoración al diablo en el sabbat, llevan a los niños que se le ofrendan al lado de otros niños a lo largo de un arroyo, pues el sabbat siempre se celebra cerca de un lago, o de un arroyo o bien de alguna charca con el fin de agitar el agua para hacer hielo y provocar tormentas. Una vez allí les entregan una caña blanca y unos sapos para custodiar. Tras permanecer algunos años en este estado, según su edad, los ascienden a un grado más alto y son admitidos en el baile. De Lancre, pp. 75, 76197.

c El lugar en el que bailan los hechiceros recibe tal maldición que no puede ya crecer ni hierba ni otra cosa. Strozzi, autor italiano, dice (lib. IV, cap. 3, Del palacio de los encantados) haber visto en un campo en Castelnuovo, cerca de Vicenza, un círculo redondo alrededor de un castaño donde los hechiceros hacían el sabbat y tenían costumbre de bailar tan locamente que jamás pudo ahí nacer la hierba. Id., p. 209.

d Los días normales de la celebración del sabbat, o mejor dicho, las noches, son las del miércoles para jueves o del viernes al sábado. Id., p. 66.

e Catalina de Naguille, de la parroquia de Ustaritz, de once años de edad y su compañera aseguran que estuvieron en el sabbat a mediodía. Ibid.

f Hay quienes dicen que la marca de los hechiceros la da Satán para que quienes la tengan no se duerman nunca y no se pierdan la hora del sabbat. Mayol., lib. III, t. II.

g Una hechicera dice que no iba nunca al sabbat sin haber dormido, que le bastaba con haber cerrado un ojo, pues en ese instante estaba en trance. De Lancre, p. 98.

p. 171Según los demonógrafos, cuando se va a acudir al sabbat y llega la hora, una especie de carneroh aparece en el aire. ¡Un carnero en el aire para reunir a los hechiceros! ¿Qué razón podemos dar a una aparición tan poco proporcional al tema? No la adivino. Es el diablo el que nos la tendría que explicar. Puede ser que a él también le extrañe. Puede ser también que nunca haya tenido esta intención, ni aún menos deseo, de aparecerse, si es verdad, como se ha dicho, que no se aparece ni como cabra ni como cordero. Estos dos últimos me gustan mucho más.

En cualquier caso, cuando se fija el lugar, llega la hora y se hacen las advertencias, sean las que sean, cada cual busca acudir sin falta a la cita, pues sale caroi no estar allí, y más aún si no se intenta encontrar a quienes se ha prometido llevarj. El diablo quiere inexcusablemente que se mantengan las promesas, aunque sean menos exactas que las que él hace: se ve una infinidad de ejemplos en las historias de los hechiceros. Se descubre en ellas que este mal espíritu engaña continuamente bien por equívocos, o bien por falsas apariencias, o por no sé cuántas otras supercherías que sabe y que le da mucho placer poner en práctica. Este desgraciado sabe mucho en cuestiones de hacer el mal y querría poder hacer mucho más de lo que sabe. ¡Estaríamos perdidos si su poder tuviera tanta extensión como su voluntad!

Hablaremos ahora de cómo dirigirse al sabbat. Los vehículos no faltarán. El diablo los provee de todas clases. A unos les dará una escoba, o un macho cabrío, o un asno, o un caballok. Bastará a los otros untarse con un cierto ungüento y pronunciar ciertas palabras durante esta unciónl. Estas palabras no son, sin embargo, siempre necesarias, pues, al untarse con este ungüento, sin pronunciarlas, uno puede hallarse en el sabbatm tan bien como aquellos que las habían pronunciado. Hay otros que hacen este viaje sin unción y sin pasar por los conductos de las chimeneasn (hay que señalar que las chimeneas hacen maravillas en la hechicería a causa de su negrura). No sé en absoluto cuál es el vehículo de estos. No he hallado ninguna aclaración sobre este asunto. Los que me lo han enseñado no saben aparentemente más que yo. ¿Acaso, si lo hubieran sabido, no nos lo habrían enseñado? A estos autores les gusta demasiado decir cosas extraordinarias como para callar la más mínima de las que lleguen a su conocimiento. Dejemos, pues, ir a estos últimos hechiceros como les plazca. Es el diablo quien tiene que tomarse esta molestia por ellos, tanto como por los que están encerrados en cárceles, pues se dice que, por muy encerrados y encadenados que estén, van al sabbat como los que están libreso y llevan con ellos a quienes quieren seguirlos.

h A veces el diablo hace aparecer una especie de cordero en una nube para pedir a los hechiceros que se reúnan. De Lancre, p. 504.

i Hemos oído una infinidad de brujas y testigos que dicen haber pagado una penalización por su ausencia cuando no van al sabbat, bien un cuarto de escudo cada vez, o bien diez sous198. Id., p. 91.

j Si una hechicera había prometido llevar al sabbat al hijo de un desgraciado vecino, en ocho días se le da un plazo, durante el cual, si no puede llegar, debe presentar a su propio hijo o alguna otra persona que tenga en tan alta estima, o más; si no, será muy maltratada. Id., p. 68.

k El diablo los transporta al sabbat subidos en bastones o en escobas, o en forma de chivo, de asno, de caballo u otro animal. Estos bastones son untados en algún ungüento o grasa y este ungüento se compone de grasa del niño que han matado. Id., p. 112.

Las brujas de Francia, dice Bodin, creen que poniéndose una escoba entre las piernas y diciendo algunas palabras pueden ser transportadas sin grasa ni ungüento. Al contrario que las de Italia, que tienen siempre un chivo en la puerta que las espera para llevarlas. Id., p. 113.

Juana Harvillier, oriunda de Ververie, cerca de Compiègne, hechicera, dice que su madre le presentó al diablo desde la edad de doce años, un gran hombre negro, vestido con ropa negra, que copuló desde entonces con él hasta los cincuenta o así, en que fue descubierta, que el diablo se presentaba a ella cuando quería, espoleado, con botas y una espada al lado y [dejaba] en la puerta su caballo, que nadie veía más que ella; que se acostaba siempre con él y sin que su marido se apercibiera. Bodin, Pref.

l Cuando las brujas se untan, dicen y repiten estas palabras: Emen-Hetan, Emen-Hetan, que significan, ‘aquí y allí, aquí y allí’. De Lancre, p. 392.

m Un carbonero, al advertir que su mujer iba al sabbat, la espió. Una noche, simulando que dormía profundamente, ella se levantó, se frotó con una droga y desapareció. Él hizo lo mismo y fue transportado por la chimenea hacia la cueva de un conde, hombre de buena reputación en el país, y allí encontró a su mujer. Esta, al verlo, hizo una señal y no quedó más que el carbonero en la cueva donde, siendo tomado por un ladrón, confesó todo lo que había sucedido y lo que había visto en ella. Del Río, p. 177.

n Estamos seguros, por las declaraciones de más de veinte o treinta testigos de cierta edad, de que algunas brujas van al sabbat sin ungirse ni darse con grasa alguna y que no están obligadas a pasar por los conductos de las chimeneas ni por ningún otro lugar. De Lancre, p. 114.

o Las hechiceras, aunque estén prisioneras, no dejan de llevar al sabbat a los hijos o las chicas a quienes han hechizado o pervertido, como si estuvieran en libertad. De Lancre, p. 101.

p. 172No podría evitar hacer esta reflexión y creo que el lector hará como yo. ¿De dónde viene que estos miserables que tienen la libertad de salir de la cárcel estén tan locos como para regresar y así exponerse al peligro casi seguro de sufrir los tormentos con los que se castiga a los de su condición? Si se dice que el diablo es quien los fuerza a ello, que me expliquen entonces cómo hace para obligarlos. ¿Se les priva totalmente de la libertad de hacer lo que quieren? ¿Cómo se tiene tal poder? ¿Por sí mismo? ¿Lo hace Dios? No creo que se pueda ser tan osado como para poder asegurar que tiene por sí mismo el poder de obligar a los hombres a hacer lo que quiere sin que puedan evitar el obedecerle. Si se afirma que obtiene este poder de Dios, ¿qué pruebas existen? Todo razonamiento que se haga para buscar y para dar esta prueba, ¿podrá convenir a la sabiduría, a la bondad y a la grandeza de este mismo Dios? ¿Se hallará una proporción entre el poder tan grande de una criatura tan malvada y el amor que tiene por los hombres, junto con el conocimiento que tiene de su debilidad y, por consiguiente, de la facilidad de sorprenderlos y seducirlos? ¿Sería un medio de sustraerlos al imperio del diablo darle tanto poder sobre ellos?

Como puede suceder que una persona no pueda salir de su casa para ir al sabbat porque, si se ausentara un cierto tiempo, le ocurriría algún daño, por ejemplo, si un marido no encontrase a su mujer; una madre, a su hija; un padre, a su hijo; un amo, a su lacayo; el diablo, muy atento a estas consecuencias, se preocupa de formar una figura que representa a esta persona, con el fin de que se quede en casa mientras que el original está en el sabbatp. Saber si esta figura habla, camina o actúa como haría la persona que representa es lo que no se ha dicho. Hace falta entonces creerlo así en virtud de la imaginación. Me extraña que se hayan olvidado de decirlo, pues no habría costado nada.

Imaginemos ahora que todos los hechiceros y magos, y todas las hechiceras y magas se reúnen y que comienza el sabbat. Consideremos primero quién preside, las formas que toma y lo que hace.

Todo el mundo sabe que el diablo pasa por ser el señor soberano. Es por su orden y, para él, en particular, por lo que se hace la fiesta. Ordena con una autoridad absoluta, nadie osaría oponérsele. Su imperio es, por tanto, totalmente despótico y aquellos que asisten se entregan totalmente a él. La principal forma que toma, su figura favorita y la representación que más le place es la de un gran chivo con tres o cuatro cuernosq, que tiene una larga cola bajo la cual se ve el rostro de un hombre muy negror. Este gracioso y agradable rostro está colocado ahí adrede con el fin de recibir besoss; se parece entonces a Janot, con la diferencia de que los dos rostros del señor Diablo no tienen la misma situación que las de este falso Dios.

p Satán quería separar sutilmente a una muchacha de su madre. La hizo raptar por una bruja poniendo su rostro en su lugar para que la madre no se diera cuenta. De Lancre, p. 101.

q En el sabbat el diablo es, según otros, como un gran macho cabrío que tiene dos cuernos delante y dos detrás o solamente tres. Tiene una especie de luz en el del medio con la cual suele iluminar. De Lancre, p. 73.

r Maria de Aspilcuette dice que en el sabbat el diablo adopta la forma de un buey, que tiene cola y, debajo, un rostro de hombre negro. De Lancre, p. 128.

s El culo del gran Maestro tenía un rostro detrás y es este rostro de detrás el que se besaba y no el culo. Id., 76. Se añade que el diablo da algo de dinero a cada uno de los que le han besado el culo. Montrelet, t. III. Crónicas, fol. 84. Edicto de París 1572, in-folio. Respuesta a las preguntas de un provincial, t. 2, p. 56.

t Jeannette d’Abadie de Siboro, de dieciséis años, dice que el diablo tiene un rostro delante y uno detrás de la cabeza, como se pinta al dios Jano. De Lancre, p. 72.

p. 173Pero hacerlo aparecer simplemente como un chivo horrendo por su figura y su tamaño no es suficientemente maravilloso. Sería necesario aún alguna cosa que oliese a prodigio; los autores lo han previsto y, por ello, lo hacen salir, muy pequeño, de un cántarou y después adquirir este gran tamaño que acabo de referir. Y, como no sabría qué hacer si se quedara después de la ceremonia de esta forma y con este tamaño, regresará al cántaro para no molestar a los demás. Las personas que no son de fácil credulidad no dejarán de decir que hay que ser un buen idiota para escribir y creer cosas tan extrañas. Yo no tengo nada que responderles, dejo eso a quienes escriben o creen cosas tan extrañas, deseo por su honor que respondan mejor de lo que podría yo.

La forma principal del diablo, soberano y gran señor del sabbat, es, como acabo de decir, la de un gran chivo. La llamo la principal porque no se manifiesta siempre de esa forma y de vez en cuando toma otras, según lo que le dicte la fantasía y lo que sus deseos exijan. Se transforma a veces en una gran liebre negra o en un bueyv de grandes cuernos; en un tronco de árbolw; en un pájaro negro como un cuervo, pero tan gordo como una ocax; en pequeños gusanosy que avanzan serpenteando por todas partes; en un chivo blanco, en fuego o en cenizasz que, dicen, hay que recoger con cuidado porque tienen propiedades admirables para hacer maleficios.

De todas estas figuras, la más ordinaria y la que impone más y le da un aire más magistral es la primera, es decir, la de un gran chivo que tiene tres cuernos y dos rostros. Bajo esa forma o bajo la de un hombre se muestra sentado en su tronoaa, uno hecho para el diablo y, que, por tanto, es de los más formidables.

A veces este diablo quiere asociar a otro a su imperiobb. ¡Eso es muy sorprendente en un diablo! Y tanto más digno de admiración porque, en general, los malos espíritus se echaron a perder por su orgullo, al mostrar que no querían absolutamente ceder ante nadie.

No me habría imaginado nunca que hubiera en la asamblea del sabbat un maestro de ceremonias, pues siempre me la he imaginado llena de desorden y desvaríos. También es así, como veremos. Sin embargo, se asegura que hay unocc que tiene en su mano un bastón dorado. Hay que creerlo si estamos dispuestos a creer todo lo que se dice.

El diablo comienza el ejercicio de su sabbat visitando a todos aquellos y aquellas que han venido para ver si los unos y las otras le pertenecen, es decir, si tienen ciertas marcas por las cuales están incorporados a su servicio. Imprime estas marcas a quienes no las tienen, pues quienes están en ese lugar testimonian el deseo que tienen de ser de los suyos. Les marca en los párpados, en el paladar o en las nalgasdd, en el trasero, en el hombro, entre los labios, en los muslos, bajo las axilas, en las partes noblesee o en el ojo izquierdoff. Estas marcas representan una liebre, una pata de sapo, un gatogg o un pequeño perro negrohh, y son todas tan insensibles que, se las pinche con lo que se las pinche, el hechicero no sufre ningún dolor. Se les atribuye además otro privilegio: que cuando alguien las lleva no puede revelar lo que los jueces desean saberii; es por ello por lo que los hechiceros les piden que les quiten las marcas, para poder denunciarse a sí mismos.

u María de Aguerre, de trece años, y algunos otros declararon que en las asambleas del sabbat hay un gran cántaro del cual sale el diablo en forma de macho cabrío; una vez que ha salido, se hace tan grande que resulta espantoso y, cuando el sabbat finaliza, se mete de nuevo en el cántaro. Id., p. 71.

v Asistí a una instrucción, estando en La Tournelle, en la que dibujaban al diablo en el sabbat como un gran laurel negro, y otras veces como un gran buey de bronce acostado en la tierra, semejante a un buey natural en reposo. Id., p. 72.

w La primera vez que Marie de la Ralde fue al sabbat vio al diablo en forma de tronco de árbol, sin pies, y daba la impresión de encontrarse en un púlpito con forma de rostro humano muy tenebroso; posteriormente, lo vio a menudo con forma humana, unas veces de color rojo; otras, negro; refiere que vio con frecuencia cómo acercaba a los niños que se le presentaban un hierro candente, pero que no sabe si los marcaba con él. Id., p. 126. Otros dicen que en el sabbat el diablo es como un gran tronco de árbol oscuro, sin brazos ni pies, sentado en un púlpito, con forma de rostro humano, grande y horrible. Id., p. 71.

x El diablo aparece a veces en el sabbat en forma de pájaro negro tan grande como una oca. Id., p. 150.

y Una hechicera dice haber visto al Gran Maestro del sabbat reducirse a pequeños gusanos. Id., p. 135.

z Está bien verificado por las confesiones de las brujas que el diablo les hace ver en el sabbat un macho cabrío blanco como la nieve que, enseguida, por sí mismo, se convierte en fuego y se reduce a cenizas. El diablo ordena después a los brujos y brujas que recojan las cenizas para hechizar y matar a los hombres y a los animales. Le Loyer p. 401.

aa En el sabbat el diablo se sienta en una silla negra, con una corona de cuernos negros, dos cuernos en el cuello, otro en la frente con el cual ilumina la asamblea, cabellos erizados, el rostro pálido y turbado, los ojos redondos, grandes, muy abiertos, inflamados y repelentes, la barba de chivo, la forma del cuello y de todo el resto del cuerpo mal tallada. El cuerpo, en forma de hombre y de macho cabrío, las manos y los pies como una criatura humana, salvo porque los dedos son todos iguales y puntiagudos, con grandes uñas, y las manos encorvadas como las de un ave de presa y los pies en forma de ánade. La cola larga como la de un asno, cubriendo con ella sus partes pudendas. Tiene la voz espantosa y sin tono, se conduce con gravedad y soberbia y con la compostura de una persona melancólica y aburrida. De Lancre, p. 389.

bb Dos demonios notables presidían los sabbats, el gran demonio negro que se llamaba señor Leonardo y otro pequeño diablo que el señor Leonardo ponía a veces en su lugar, al que llamaban maestro Jean Moulin. Id., p. 126.

cc En la instrucción de Ustaritz, que es la sede de la justicia de Laburdi, mientras se procesaba a Petri Daguerre, de 73 años de edad, que posteriormente sería ejecutado como brujo insigne, dos testigos afirmaron que era el maestro de ceremonias y gobernador del sabbat; que el diablo le ponía en la mano un bastón dorado con el que, como maestro de campo, colocaba a la gente y ordenaba todos los objetos en el mismo acto hasta que, una vez finalizado, le devolvía este bastón al maestro mayor de la asamblea199. De Lancre, p. 125.

dd Danaeus dice en su pequeño libro De sortiariis que el diablo para confiar en la persona del mago le imprime una marca bajo el párpado, entre los muslos o en el paladar de la boca, para que no sean descubiertas en esos lugares (por eso los afeitan).

ee Los hechiceros están marcados entre los labios o los párpados según Daneau, o en las posaderas, o en el hombro derecho; las mujeres, sobre la nalga o bajo la axila o en ambas partes. Bodin, p. 164.

ff La primera vez que las mujeres jóvenes y sus hijos van al sabbat, el diablo tras hacerles renunciar a Dios, la Virgen, los Santos, etc. los marca con uno de sus cuernos en el ojo izquierdo. De Lancre, p. 143.

gg El diablo marca a los brujos en un lugar que deja insensible y esta marca a veces tiene la forma de una liebre, de una pata de sapo o de un gato negro. Del Río, p. 199, Cir.

hh Un brujo tenía en la espalda una marca que parecía un pequeño perro negro. De Lancre, p. 184.

ii Se ha visto a varias brujas rogar a los jueces que les borraran las marcas que llevaban, diciendo que, en caso contrario, no podrían sacar de ellas ninguna verdad ni secreto sobre su oficio. Id., 184.

p. 174Además de estas marcas que el diablo imprime sobre aquellos que alista en su milicia, les da a cada cual un nombrejj de guerra para distinguirlos.

Ya tenemos a todos los convidados al sabbat marcados y nombrados. ¿Qué van a hacer ahora? Van a cantarkk para demostrar su alegría si se incorporan nuevos compañeros. Renuncian a Dios para entregarse al diabloll con ceremonias ejecutadas con tanta impiedad como extravagancia. Aquellos comen una pastamm o hacen que el diablo les chupe la sangre del pie izquierdonn con el fin de no revelar nada de lo que se les pide callar. Unos hacen acopio del venenooo que se les distribuye cuando se les acaba el que se les dio. Los otros se ocupan de pasar la mano por el rostropp de los niños con el deseo de perturbarlos y aturdirlos tanto que puedan ver estos horrores sin miedo y sin inquietud. Otros, tras haber matado a niños no bautizados, hacen de su carne el ungüentoqq del cual se sirven para sus viajes y sus transformaciones.

He aquí que pequeños diablos sin brazosrr lanzan a algunos a un gran fuego y, después de un tiempo, los retiran sin haber sentido ningún dolor ni haber sufrido ningún daño. Y esto para hacerles creer que no tienen nada que temer a los fuegos del infierno, porque se les convence de que estos no tienen tanta fuerza como los del sabbat. Hay varios que hacen un relato exacto de los males que han cometidoss. Cuanto más malos han sido, más los alaban, estiman y aplauden.

¡Qué hermoso es ver a los sapos bailar! Es lo que se vett siempre en el sabbat. Pero lo bello y lo admirable es que estos sapos hablan y se quejan de los que no se han tomado la molestia de cebarlos y alimentarlos bien. Estos animales son muy bien considerados en la magia; los niños se encargan de guardarlosuu, conducirlos y darles de comer. ¡Vaya tropa! Pasemos a otra cosa. Pues hay que ser hechicero para sentir agrado al quedarse tanto rato con tan viles reptiles.

¿Un hechicero desea el mal a alguien si no está enrolado, como él, en la milicia del diablo? Estando en el sabbat, toma su figuravv con el fin de que haya a continuación testimonios que aseguren haberlo visto y que así pueda ser tomado por hechicero y estar, en consecuencia, sujeto a castigo. Siendo así, según este poder de transformarse que se atribuye a los magos, pueden corromper a las personas más honestas. ¿Puede Dios permitirlo?

jj El diablo da a cada uno de los hechiceros un nombre. Bodin p. 165.

kk Cuando llegaban nuevos hechiceros al sabbat, se cantaba en señal de alegría «Alegrémonos, alegrémonos, que gente nueva tenemos». De Lancre, p. 396.

ll El diablo para atraerlos más fácilmente a renunciar a Dios y a adorarlo, suele obligarlos a poner la mano sobre un libro que contiene algunas escrituras oscuras; después, representa y hace que vean un abismo y una especie de mar enorme de aguas negras en las que finge que los va a precipitar si no renuncian inmediatamente. Id., p. 75.

Cuando se renuncia a Dios para entregarse a Satán hay que tomar un padrino y una madrina nuevos, diferentes de los del verdadero bautismo. De Lancre, p. 74.

mm Para no confesar jamás el secreto de la instrucción, se prepara en el sabbat una pasta de mijo negro mezclada con partículas de hígado de algún niño no bautizado, previamente puestas a secar; después, al mezclar el polvo con dicha pasta adquiere la virtud de la taciturnidad, de modo que, quien la come, no lo dice jamás. Id., p. 130.

nn El diablo succiona en el sabbat la sangre del pie izquierdo de los brujos con el fin de hacerlos más tenaces y firmes respecto a no revelar nada. Id., p. 191.

Una hechicera dice haber visto al diablo agujerear el pie izquierdo de los brujos con un punzón, sacar un poco de sangre de debajo del dedo pequeño y succionarla para que no confiesen nada sobre el sortilegio. Id., p. 135.

oo Una hechicera dice haber visto elaborar veneno cien veces, y que este se distribuye en el sabbat entre los más distinguidos brujos, como también los polvos. Este veneno no se fabrica en las casas particulares, sino en el sabbat. De Lancre, pp. 94 y 95.

pp Todos los niños que son conducidos al sabbat por las brujas declaran abiertamente que estas les han pasado la mano por el rostro o sobre la cabeza, pero no dicen que tengan las manos ungidas ni engrasadas. Todos ellos afirman que en cuanto les pasan la mano quedan turbados y confundidos, lo que también ocurre cuando les dan de comer alguna manzana o algún pedazo de pan de mijo negro. Y la siguiente noche pasan sin falta por sus casas para llevárselos, aunque estén en brazos de sus padres y madres, sin que nadie pueda despertarse. Id., p. 115.

qq Satán bien podría transportarlos sin ungüento, pero añade esta malignidad superflua para dar voluntad y medio a los brujos de matar a muchos niños persuadiéndoles de que, sin él, no es posible que se transporten al sabbat. Además, quiere que este ungüento se componga de carne de niños no bautizados para que las almas de estos inocentes, al quedar despojadas de vida por estas malas brujas, sean privadas de la gloria del Paraíso. Id., p. 112.

rr Una hechicera dice haber visto en el sabbat a varios pequeños demonios sin brazos encender un gran fuego, lanzar dentro brujas y sacarlas sin dolor. Id., p. 135.

En el sabbat el diablo convence a los brujos de que el miedo al infierno que tanto sienten es una necedad, dándoles a entender que las penas eternas no los atormentarán más que el fuego artificial que les obliga a que enciendan con cautela y que atraviesan repetidamente sin sufrir ningún mal. Id., p. 127.

ss En el sabbat los hechiceros están obligados a rendir cuentas de todos los males que han hecho y, si no los han hecho o no lo suficientemente grandes, el diablo o algún viejo hechicero los castiga con severidad. Del Río, p. 173.

tt A veces los sapos van delante de los hechiceros bailando con mil tipos de ademanes y acusan a sus amos y amas de no haberlos alimentado bien. De Lancre, p. 392.

uu Una vez realizada la adoración al diablo en el sabbat, llevan a los niños que se ofrendan al lado de otros niños a lo largo de un arroyo, pues el sabbat siempre se celebra cerca de un lago, o de un arroyo o bien de alguna charca, con el fin de sacudir el agua para hacer hielo y provocar así las tormentas. Una vez allí les entregan una caña blanca y unos sapos para custodiar. Tras permanecer en ese estado algunos años, según su edad, los ascienden a un grado más alto y son admitidos en el baile. De Lancre, pp. 75 y 76.

vv Los hechiceros que quieren hacer el mal a una persona, cuando están en el sabbat de noche, tienen poder de representar la figura de aquel a quien quieren hacer el mal. Pero la figura no se mueve, es el diablo el que forma dicha figura con los rezos de las brujas para hacer que las acusen de sortilegio. Id., p. 144.

p. 175Sigue el festín, pero ¡qué festín! Los platos que se sirven convendrían más a perros que a hombresww. ¿Qué digo, a perros? Estos platos darían horror incluso a estos animales. Las vajillas, los platos, las tazas y otros vasos que se utilizan son de una materia tan extraordinaria que no me es posible darla a conocerxx.

Tras el festín, hacen otros ejercicios. Cuando los hechiceros ignoran lo que tienen que hacer, no tienen más que pronunciar ciertas palabrasyy y el diablo viene inmediatamente a ellos para instruirlos sobre sus deberes. Pero ¡qué deberes! Deberes execrables y abominables, deberes que consisten principalmente en rendir homenaje a esta detestable criatura; adorarla con no sé cuántas posturas diferentes y odiosaszz; hacerle ofrendasaaa; hacer en su honor aspersionesbbb y signosccc y, finalmente, imitarddd por su gloria todo lo que se hace por la de nuestro Dios. Permíteme, Dios mío, que dude que tales impiedades y abominaciones se puedan ejecutar hasta que conozca verdaderamente que tú tienes el poder.

Tras las impiedades vienen la perversión, las caricias inmundaseee, las prostituciones, los incestosfff y las danzas más disolutasggg y extravagantes; durante las canciones, y al sonido de los instrumentoshhh, se hacen volteretasiii y finalmente se pone en uso todo lo más loco, horrible, impúdico, infame e impío que se pueda imaginar; al menos, es así como debemos juzgarlo según todas las historias que se escriben sobre ello. La cuestión es saber si debemos creerlo. Esto lo dejo decidir a aquellos que se esfuerzan por conocer tanto como pueden a las criaturas y al Creador; las criaturas, es decir, lo que pueden por ellas mismas, en este sentido; al Creador, es decir, el poder que le conviene concederles. Habría, me parece, que regirse siempre por esta reflexión cuando se trata de hechiceros, magos, espectros, adivinaciones y todas las llamadas supersticiones prácticas.

Es con esta misma reflexión con la que juzgo conveniente finalizar la descripción del sabbat. Sin embargo, para concluirla conforme a lo que los demonógrafos nos enseñan, digo que ha cantado un gallo, pues, según ellos, su cantojjj disipa esta diabólica asamblea y la hace desaparecer.

FIN

ww En el sabbat se sientan a la mesa según su rango, teniendo cada uno su demonio sentado cerca y, a veces, enfrente. Bendicen la mesa invocando a Belcebú. Cuando han comido, cada demonio toma a su discípula con las manos y baila con ella. Otras veces no se mantienen más que con una mano, pues en la otra guardan una vela escondida con la que vuelven a adorar al diablo y, tras eso, cada una entona en honor de su demonio unos cantos muy impúdicos. Algunas de nuestras hechiceras nos han dicho que se ponen mesas en el sabbat, que el mantel parece dorado y que se sirven toda clase de buenos víveres con pan, sal y vino. Pero la mayoría de las brujas con más experiencia dicen que no se sirven más que sapos, carne de ahorcados, carroña que se arranca de los cementerios, que se conservó fresca bajo tierra, carne de niños no bautizados o animales muertos por sí mismos, y que no se pone nunca sal. El pan es de mijo negro. De Lancre, pp. 194, 195.

Una hechicera dice haber visto en el sabbat mesas preparadas con muchos víveres, pero que, cuando los quería coger, no tenía nada en la mano, salvo cuando se habían llevado niños bautizados o no bautizados, pues sí había visto muy a menudo servir y comer de estos dos. Id., p. 135.

xx Un campesino se hallaba por la noche en un sabbat donde se celebraba un festín y le ofrecieron un vaso para beber. Tiró lo que había dentro y huyó llevándose el vaso, que era de un material y de un color desconocidos. Se lo dieron a Enrique el Viejo, rey de Inglaterra. Trinum magicum, pp. 37 y 38.

yy En el sabbat se grita «Tiran, Tiran, Belzebú» para hacer venir al diablo y que les diga lo que hay que hacer. De Lancre, p. 505.

zz A veces en el sabbat se adora al diablo de espaldas a él, a veces, con los pies por delante, y después de haber encendido algún cirio de pez muy negra con el cuerno que tiene en el medio, se le besa por detrás o por delante. Id., p. 75.

aaa Se hace una ofrenda en el sabbat destinada a amparar los procesos que los brujos tienen contra los que los persiguen y quieren quemarlos. Id., p. 458.

bbb En el sabbat el diablo orina el primero en un agujero y después se asperja con ella a los asistentes, pp. 457 y 131.

ccc En el sabbat se hace la señal de la cruz con la mano izquierda diciendo «in nomine Patrica Aragueaco Petrica, agora, agora, Valentia, jouando goure gaits goustia», que quiere decir en lengua latina, española y vizcaína, ‘en el nombre de Patrique, Petrique de Aragón, a esta hora, a esta hora, Valencia, todo nuestro mal se ha ido’. Id., p. 457, 458.

ddd En el sabbat se bautizan sapos vestidos con terciopelo rojo, algunas veces negro, con una campana al cuello y otra en los pies, y tienen un padrino que sostiene la cabeza del sapo y una madrina que los sujeta por los pies. Id., p. 133.

Una mujer llamada Sansinena decía a menudo la misa del sabbat. Id., p. 142.

eee Jeanne de Hortilopits, de catorce años de edad, y vecina de Sara, inquirida sobre si había adorado al diablo y si en esta adoración le había besado el trasero, responde que no, sino que fue el diablo el que los besó a todos en el culo. Los adultos lo besan por detrás y él, al contrario, besa el trasero de los niños pequeños. Id., p. 76.

fff En el sabbat, la mujer coquetea en presencia de su marido sin aprensión ni celos, e incluso, a menudo es él el proxeneta; el padre desvirga a la hija sin vergüenza; la madre arranca la virginidad del hijo sin temor; el hermano, la de la hermana. Id., p. 137.

ggg Los brujos de Logny decían bailando «har, har, diablo, diablo, salta aquí, salta allá, juega aquí, juega allá» y los otros decían «sabbat, sabbat», levantando las manos, equipadas con escobas. Id., p. 211 y Bodin, p. 178.

Se adoraba en el sabbat al Gran Señor y, tras haberle besado el trasero, bailaban sin sus trajes, aproximadamente, unos sesenta, espalda conta espalda, cada uno con un gato enorme atado al faldón de la camisa, después bailaban en círculos. Este señor Leonardo, adoptando la forma de un zorro negro, murmuraba al inicio una palabra mal articulada tras lo cual todo el mundo se quedaba en silencio. De Lancre, p. 126.

Las brujas bailan en el sabbat a veces desnudas, a veces en camisón, con un gran gato colgado por detrás. Id., p. 204.

Jeanette de Abadía dice haber visto a la dama Marcia Balsarena bailar en el sabbat con cuatro sapos, uno vestido de terciopelo negro con campanillas en los pies que llevaba sobre el hombro izquierdo; y el otro sin campanilla, sobre el hombro derecho. Y, en cada puño, otros dos, como pájaros. Estos tres últimos no iban vestidos, sino en su estado natural. Id., p. 210.

Las grandes brujas habitualmente están acompañadas por algún demonio que permanece siempre sobre su hombro izquierdo con forma de sapo y únicamente puede ser visto por aquellos que son o han sido brujos. El dicho sapo tiene dos pequeños cuernos en la cabeza. Id., p. 130.

hhh Una bruja dice haber visto cien veces en el sabbat al pequeño ciego de Ciboure tocando el tamboril y la flauta. Id., p. 94.

iii Una bruja dice que el diablo celebra los sabbats en las casas, a las que lleva en forma de macho cabrío a una coja llamada Jeannette Biscar, que después da una voltereta delante de él. Id., p. 141.

jjj En cuanto se escucha el gallo en el sabbat, todo desaparece. De Lancre, pp. 154, 160. Para que el gallo no cante cuando se hace el sabbat, Satán ha enseñado a los hechiceros que deben frotarse la cabeza y la frente con aceite de oliva o bien, como dice Plinio (lib. XXIX, cap. 5), hacerle un collar de sarmiento de vid. Id., p. 167.

196 Los orfeotelestes, intérpretes de los misterios de Orfeo y sus discípulos, fueron muy numerosos en la Grecia del siglo vi a. C. Llevaban un peculiar estilo de vida, prometían el perdón de los pecados y creían en la inmortalidad del alma.

197 Bordelon repite esta nota en la uu.

198 El sou es una antigua moneda francesa con un valor de cinco céntimos hasta principios del siglo xx.

199 Maestre de campo es un rango militar creado en 1534 por Carlos I de España que, en el Antiguo Régimen francés equivalía al del coronel.