Introducción Laurent Bordelon: luces y sombras de un prolífico autor menor
Esther Bautista Naranjo
1.Un escritor entre dos aguas: el último barroco y el primer ilustrado
Tratar de componer una semblanza biográfica de un autor tan desconocido como Laurent Bordelon (1653−1730) se revela una empresa casi quijotesca, una tarea que cae en la paradoja que articulan las luces de su fecundidad y las sombras de su existencia. Por una parte, son muy escasos los datos que se conservan a propósito de su figura, sus actividades y el papel que desempeñó en los círculos literarios de su época. Las pocas fuentes que se refieren a su vida y su legado son, además, muy antiguas1. Por otra parte, ello resulta particularmente extraño por cuanto estamos ante un autor inusitadamente prolífico, con una vasta formación: como decía Montesquieu a propósito de la erudición de Tácito, Bordelon vio todo y todo lo sintetizó2; y que, además, la utilizó al servicio de un proyecto literario de indudable modernidad, tal como destaca Sánchez Tallafigo: «el desengaño de errores vulgares, heredados y asumidos por la falta de luces y examen crítico del pueblo» (490). En efecto, el hilo conductor que parece conectar buena parte de esa obra tan abundante y heterogénea parece ser la denuncia mediante la ficción de la falacia de muchas ideas preconcebidas que se tenían por verdad y de la palabra escrita que las sustentaba. Por todo ello, Bordelon se nos revela como un escritor personalísimo y erudito, cuya producción novelesca conjuga dos tendencias fundamentales de su contexto: comicidad barroca y didacticismo ilustrado. Para comprender cómo las fusiona trazaremos un retrato que, debido a la escasez documental, solo puede ser un bosquejo, pero que servirá para comprender lo que nuestro autor pudo aportar a las letras francesas de su época.
Laurent Bordelon nació en 1653 en Bourges, una villa situada en pleno valle del Loira, que en esta coyuntura histórica estaba perdiendo su esplendor debido al antifeudalismo y centralismo de Luis XIII, que favorecía a París, y, además, aún se resentía de las terribles epidemias de peste que habían eliminado a un tercio de su población y de un terremoto que había mermado su patrimonio arquitectónico3; además, hacia 1658, unas condiciones meteorológicas adversas sumieron a la tierra de Bordelon en un clima glaciar. No es de extrañar, por ello, que la población recurriera a explicaciones sobrenaturales de estas desgracias naturales, como era habitual desde la Edad Media, especialmente en las zonas rurales, donde pervivía todo un folclore popular con trasfondo mítico tanto cristiano como pagano (vid. Muchembled). Esta búsqueda de respuestas en el mundo de lo irracional debió de marcar la infancia y juventud de Bordelon, quien obtuvo en Bourges su título de Doctor en Teología (La Harpe 127), y puede ponerse en relación con su posterior reacción ilustrada contra la superstición.
p. 5Hacia 1688 nuestro autor estaba establecido en París como preceptor de Louis de Lubert, hijo menor de un tesorero general de la marina que, con los años, adquiriría un puesto destacado como Consejero del Parlamento y cuya familia también era originaria de Bourges4. Podemos deducir con La Harpe (128) que los círculos de la alta magistratura y del mundo de las letras que frecuentaba la familia Lubert acogieron con agrado al preceptor de su benjamín, abriéndole paso en los ambientes distinguidos de los salones literarios. En el hogar de los Lubert, Bordelon recibía las visitas de Fontenelle y se codeaba con los hermanos Corneille. Su participación en la edición del Segraisiana (1720) nos da pruebas de las buenas relaciones que tenía con los círculos literarios parisinos5. Otro elemento que sugiere su buena posición en los ámbitos mundanos son las dedicatorias de sus obras: al conde d’Aubigné, hermano mayor de Mme. de Maintenon, a M. Bontemps, gobernador de las Tullerías, a monseigneur Michel Phelypeaux de la Vrillière, arzobispo de Bourges. Esta última nos recuerda su condición de abate, de la que apenas existe información. El término francés abbé designa al superior de un monasterio o de una abadía (en castellano ‘abad’), pero también a un miembro del clero secular, es decir, no regular o perteneciente a una orden. Ello explica su traducción al castellano como ‘abate’, que, según el DLE, tiene una acepción como «presbítero extranjero, especialmente francés o italiano […]» y otra como «eclesiástico de órdenes menores y a veces simple tonsurado, que solía vestir traje clerical a la romana». Bordelon parece responder a esta última definición, es decir, alguien que, habiendo recibido órdenes menores y tonsura, no realiza votos religiosos y solo debe prometer obediencia a su obispo y vivir en celibato.
De esta doble condición de abate y educador, que es uno de los pocos datos biográficos de Bordelon que conocemos, dan testimonio algunas obras morales de las que es autor. En la principal, Pieux Sentiments sur les attributs de Dieu, ou Exercices de la piété la plus parfaite [Sentimientos piadosos sobre los atributos de Dios, o ejercicios de la más perfecta piedad] (1692), aconseja una serie de ejercicios espirituales para cada día, desde un tono razonado, aunque con escasa argumentación. En La Belle éducation [La bella educación] (1693) ofrece pruebas de una marcada liberalidad que se aleja de la pedagogía habitual y lo muestra ya en sintonía con lo que serán las ideas ilustradas. Llevado, seguramente, por su experiencia como preceptor del pequeño Lubert, aconseja que los padres sean los primeros educadores, que los ejercicios propuestos al estudiante sean variados y no excesivamente severos, que se aligeren los castigos, que se conozca la naturaleza del alumno antes de diseñar un plan de estudios y que las lecturas propuestas lo preparen para la vida ciudadana. También dio a la imprenta un conjunto de máximas y preceptos morales a la manera de La Rochefoucauld y La Bruyère titulado La Langue [La lengua] (1704).
p. 6Los años de actividad literaria de Bordelon pasan, por lo general, desapercibidos en la mayoría de repertorios bibliográficos. Y los pocos estudiosos que se han ocupado de algunas de sus obras no han contribuido precisamente a reparar este olvido. El primero de sus biógrafos, Chaudon, hace en 1774 una valoración general que ha sido extrapolada a otros diccionarios biográficos: lo presenta como un editor infatigable, trabajador incombustible y lector empedernido («Bordelon (Laurent)» 330). Y recupera un par de anécdotas en primera persona que la mayoría de semblanzas posteriores han reproducido: Bordelon escribía por placer y reconocía los defectos de sus obras, a las que se refería con la extraña etiqueta de «sus pecados mortales, de los cuales el público hacía penitencia» («Bordelon (Laurent)» 330)6. Humildad o descaro, poco sabemos de la intencionalidad subyacente en estas afirmaciones que, sin embargo, anticipan el carácter tanto burlón como satírico que caracteriza sus obras. Ya antes, Gordon de Percel, en la Bibliothèque des romans (1734), no había dudado en caracterizar a Bordelon como un destacado cortesano y un pésimo escritor (340). Y este juicio, tal vez alimentado por la ¿falsa? modestia del propio escritor, se ha convertido en un estigma para su posteridad y se repite en el siglo xx: Bardon lo considera un autor muy mediocre (585) e incluso La Harpe, autora del único libro escrito sobre él, lo ataca con dureza al poner de relieve la confusión de sus métodos, las faltas de su estilo y la pobreza de su pensamiento, vicios que destacan aún más al cotejarse con la brillantez de sus contemporáneos: «allá donde los demás vuelan, él se queda en tierra» (145). Pero Desjardins (119) opina que lo que destaca en la obra de Bordelon no es su calidad literaria, sino su contribución a la historia de las ideas, especialmente el cuestionamiento de las supersticiones. Y la propia La Harpe nos recuerda que estos autores considerados de segunda o tercera categoría contribuyeron sobremanera a la transición de la estética cómica y burlesca propia del Barroco hacia la profundidad ideológica de las Luces en una suerte de emancipación intelectual. El hecho de que a Bordelon se le considere un autor secundario (Cornu 44), no excluye que contribuyera y diera expresión a dicho cambio, pues, como observa La Harpe (124), los autores llamados menores son excelentes testigos de su época y, aunque no la conocen a la perfección, llegan a ofrecer un fiel retrato del ambiente general. Además, desde nuestra perspectiva cervantina, su Monsieur Oufle ocupa un lugar de privilegio en la transformación del modelo quijotesco en un instrumento con el que satirizar todo tipo de excesos de orden intelectual y erudito, como se verá en el estudio que sigue a la novela.
p. 7Finalmente, todas estas fuentes que se ocupan solo parcialmente de la vasta producción de Bordelon coinciden en situar el fin de sus días el 6 de abril de 1730, en el domicilio de los Lubert de la rue de Cléry, y en que fue inhumado en la iglesia de San Eustaquio, de la que fue capellán.
2.Laurent Bordelon y su proyecto demoledor de la superstición
La génesis del estado de pensamiento que habría de eclosionar en la Enciclopedia (1751−1772) y, después, en la Revolución (1789), no puede circunscribirse exclusivamente a los primeros años del siglo xviii, sino que debe adelantarse a los últimos años del xvii. El estudio seminal de Paul Hazard La Crisis de la conciencia europea manifiesta que, si la gran batalla para el cambio en la mentalidad continental se libró a la muerte de Luis XIV, en 1715, las actitudes intelectuales que habrían de propiciar dicha metamorfosis ya estaban en ebullición en el periodo entre 1680 y 1715. Puede, pues, incluirse a nuestro escritor entre la nómina de precursores de esta transformación, aunque sea en estado embrionario, junto a Pierre Bayle y Bernard Fontenelle7.
Las obras de Bordelon son testimonio de una época de transición, en la que un nuevo pensamiento racionalista y científico intenta renovar y reorientar las estructuras sociales, antropológicas y morales, y se enfrenta a las ideas heredadas y a la superstición que estaban presentes en diferentes áreas del pensamiento de la época, como el folclore, la psicología, la ética, la religión y la filosofía. Los debates ideológicos que se sucedieron en el periodo correspondiente a la vida de Bordelon entre protestantes, católicos, radicales, etc. (Brock y Winter 6) se basaban a menudo en ejemplos testimoniales y casos documentados desde distintas religiones sobre posesiones demoníacas, prácticas de brujería, espiritismo, etc., cuestiones que Bordelon contempla como formas de oscurantismo que obstaculizan el avance de las civilizaciones. La lucha de la razón y el cientificismo empirista contra estas ideas preconcebidas da lugar a un debate que se promueve desde las páginas impresas y marca el advenimiento de la época moderna.
El pensamiento supersticioso, que seguía profundamente arraigado en el imaginario colectivo, fue alimentado por el paso del gran cometa de 1680, también llamado cometa de Kirch o de Newton, uno de los más famosos de los último cuatro siglos, revitalizando la ascendencia de la astrología, que Catalina de Médicis había introducido en Francia. En Alemania e Italia aparecieron tratados que sostenían la excelencia de la adivinación astrológica, algunos de los cuales son textos fundamentales en la mente de monsieur Oufle: Martín del Río, Cornelius Agrippa, Jerôme Cardan e, incluso, Johannes Kepler. Lo maravilloso en literatura seguía, por otra parte, a la orden del día en este contexto de entresiglos: cuentos de hadas, relatos de viajes imaginarios, e incluso el diablo como protagonista en la obra de Alain-René Lesage (Le Diable boiteux, 1707) dan prueba de su éxito8. Pero, al mismo tiempo, aparecían tratados que intentaban disipar estas creencias. Bajo la orden de Luis XIV había escrito Pierre Petit su Dissertation sur la nature des comètes [Disertación sobre la naturaleza de los cometas] (1665); y a esta obra le siguieron el Traité des superstitions anciennes et modernes [Tratado de supersticiones antiguas y modernas] (1679), de J. B. Thiers, o las Pensées diverses sur la comète [Pensamientos varios sobre el cometa] (1682) de Bayle. El cientificismo incipiente encontró en estos miedos razones suficientes para avanzar y desterrar toda interpretación sobrenatural de los hechos del mundo. Como consecuencia, la alquimia se separó definitivamente de la química y la astronomía de la astrología (La Harpe 131).
p. 8Este es el contexto que explica el proyecto demoledor de la superstición de Bordelon. Ya en 1689 escribió De l’astrologie judiciaire. Entretien curieux [Sobre la astrología judiciaria. Conversación curiosa], un diálogo entre dos personajes llamados Dorante y Alcidon, que preludia la crítica a la creencia en la predestinación astral o la influencia de eclipses y meteoritos, y concluye condenando la adivinación como un embeleco impío y peligroso para la edificación de las almas. El estilo de la obra prefigura no solo el tema, sino también la forma de Monsieur Oufle: enunciación argumentativa, recurso a citas clásicas de autoridad, contraste de puntos de vista y progresión psicológica hacia el desengaño. En esta misma línea propone Bordelon sus Remarques, ou Réflexions critiques, morales et historiques, sur les plus belles et les plus agréables pensées des auteurs anciens et modernes [Observaciones, o reflexiones críticas, morales e históricas sobre los pensamientos más bellos y agradables de los autores antiguos y modernos] (1690), que el autor escribe para su pupilo Lubert, en las que denuncia, en orden alfabético, opiniones de eruditos que defienden la supremacía de las artes adivinatorias y los oráculos. El opúsculo Les Oreilles de l’Âne d’or [Las orejas del Asno de oro] (1707), basado en El Asno de Oro de Apuleyo, narra las peripecias de un asno razonador que pretende desmentir todas las patrañas de los magos, adivinos y espiritistas, y reprocha a los humanos, seres razonadores por antonomasia, que hagan caso omiso de la razón y se equiparen así a las bestias.
El proyecto de Bordelon, que podemos denominar desmitificador, culmina en cuatro obras narrativas que publica entre 1708 y 1711, una por año, de las que nos ocupamos más abajo al repasar su carrera como escritor, y entre las que se encuentra Monsieur Oufle. Pero no termina con ellas, pues, entre su ingente producción, podemos reconocer similar intencionalidad –si bien no la misma centralidad– en una obra posterior como Les Tours de Maître Gonin [Los viajes de Maître Gonin] (1713), inspirada por el Tyll Eulenspiegel9. La crítica de la superstición se articula aquí mediante la narrativa de la vida de este pícaro, que adquiere el arte de la adivinación con el único fin de engañar y estafar a la gente. Por ello, hace del disfraz, la mentira y la farsa su modus operandi, y con ellas pretende conseguir aprovecharse de la ingenuidad de los fanáticos y supersticiosos. El relato, que no sigue un orden cronológico, se llena de digresiones, retomando así el estilo de Monsieur Oufle. Las burlas y estratagemas de Gonin, además, se fundamentan en el estudio de cuatro ramas de la filosofía: lógica, metafísica, moral y física, lo que convierte a ciertas ideas filosóficas en blanco satírico.
En estas obras iniciadoras del peculiar proyecto ilustrado de Bordelon se percibe ya el método para desacreditar la superstición que se desarrollará en Monsieur Oufle y las obras narrativas a las que nos referiremos más abajo: lo cómico y lo ridículo sirven para poner en entredicho estas creencias que son contrarias a la lógica y al sentido común. El procedimiento de la reducción al absurdo, que utilizan con frecuencia Voltaire y Montesquieu, los juegos de palabras, las falsas apariencias, así como el espíritu burlesco y descarado de corte rabelesiano, coexisten con la exhaustiva documentación de aquellas obras que se demuestran ridículas a la luz de la ciencia. La coexistencia de lo cómico en la forma y lo serio en el fondo otorga al proyecto de Bordelon un carácter apológico, en la misma línea de las fábulas, los cuentos filosóficos y las parábolas, tan de moda entre los moralistas de finales del xvii. Esta forma de literatura edificante bajo la apariencia de la risa, de la cual Monsieur Oufle constituye un claro ejemplo, hace de nuestro autor un escritor más valioso de lo que sus contemporáneos y hasta él mismo quisieron ver.
p. 9La cruzada antisupersticiosa de Bordelon tiene un evidente paralelo literario en la que, años más tarde y al otro lado de los Pirineos, emprendería en nuestro país Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro (1676−1764), como permite vislumbrar la breve semblanza que ofrece de este autor Tomás Gonzalo en un artículo en el que lo presenta como precursor de la Ilustración en España. En efecto, Feijoo hizo de la lucha contra la superstición y la ignorancia en general el centro de una también extensísima obra, aunque concetrada en dos títulos, el Teatro crítico universal (9 volúmenes publicados entre 1726 y 1740) y las Cartas eruditas y curiosas (1742−1760, 5 vols.), en las que hace gala de una erudición enciclopédica y autodidacta similar a la de Bordelon. Así lo pone de manifiesto el subtítulo de la primera: Discursos varios en todo género de materias para desengaño de errores comunes, que podría ser también el subtítulo de las obras completas de Bordelon. Y así lo confirma un examen de los contenidos de esta obra, en la que ataca la astrología y la magia, brujas, fantasmas y vampiros, posesiones demoníacas, exorcismos y falsos milagros, entre otros temas, amén de defender la ciencia moderna y el experimentalismo frente al escolasticismo. Naturalmente, hay una diferencia importante en lo referente al prestigio de ambos autores, pues el de Feijoo supera con creces el de Bordelon: su peso intelectual es muy superior, tanto para la posteridad como en su propia época, en la que fue un auténtico oráculo, aunque ello no lo libró de ataques contra sus ideas y contra él mismo que lo acusaban de mero compilador y hasta de plagiario, como le ocurrió también a Bordelon. La diferencia de grado, sin embargo, no es óbice para reconocer la similitud de clase: aun con diferentes resultados, los une su condición tanto de hombres de religión como de espíritus científicos, dos facetas que, lejos de entrar en conflicto, se enfrentan a un enemigo común –el error– que perjudicaba igualmente a la razón científica y a la verdadera religión.
3.«De omni re scibili»: la aspiración de un escritor inagotable y comprometido
Si consideramos el conjunto de la producción de Laurant Bordelon, su máxima bien podría ser la que figura en el título de este apartado, traducible como ‘De todas las cosas que pueden saberse’10. En efecto, nuestro abate dio a la imprenta una gran cantidad de obras en diferentes géneros, serias y cómicas, eruditas y de puro entretenimiento, dramáticas, narrativas y ensayísticas, lo que lo convierte en un auténtico polígrafo11. Solo se abstiene de escribir tragedias y de acercarse al género de la historia. Como indica acerdamente Sánchez Tallafigo, en su obra encontramos relaciones de viajes reales y fantásticos, tratados de moral cívica y educación, reflexiones literarias, diálogos, teatro alegórico y, sobre todo, novelas cuyo principal propósito es destruir las falsas creencias y denunciar no solo la mala literatura sino también la lectura mal entendida (490). Sus personajes, por ello, suelen ser crédulos, ingenuos, esprits faibles que defienden unas ideas anacrónicas o inexactas basándose en la sola autoridad de la palabra escrita, que acaba siendo el blanco último de la sátira bordeloniana. En este sentido, su proyecto desmitificador queda integrado en uno más amplio que podemos calificar de antiliterario.
p. 10A diferencia de otros colosos de su época como los ya citados Bayle y Fontenelle, o los posteriores Montesquieu, Voltaire y Rousseau, en Bordelon impresiona más la cantidad que la calidad de su escritura. Así lo refleja la semblanza que le dedicó el Bulletin du bibliophile de 1861, donde se llama la atención sobre una de las cualidades más llamativas de su producción escrita:
Este abate poseía en grado extremo la pasión por escribir y por imprimir; carecía casi por completo de imaginación, pero tenía una cierta disposición mental agradable y extraña que le hacía encontrar los escenarios y los títulos de libros singulares, bufonescos, excéntricos. Poseía, además, como recurso literario, una memoria prodigiosa, que le proporcionaba en el momento oportuno el extracto metódico de todo lo que había leído. Tal es el material enciclopédico de los cuarenta o cincuenta volúmenes que recopiló y sacó a la luz con un ardor que no desanimó la indiferencia del público. (Techener 51−52)
No es de extrañar, a tenor de estas palabras, que sobre una obra tan abundante planee la sombra del plagio. Como tantos plagiadores del siglo, Bordelon tomaba un tema de moda, lo copiaba y lo amplificaba. En La Baguette de Vulcain [La vara de Vulcano] (1693) afirma abiertamente que la obra es una copia inspirada en la comedia homónima de Jean-François Regnard y Charles Dufresny, muy de moda, estrenada ese mismo año y que el autor transcribió casi de memoria tras verla representada. Bordelon también había confesado abiertamente el plagio en su De l’astrologie judiciaire. Entretien curieux, a la que nos hemos referido más arriba. Sus Caractères naturels des hommes en cent dialogues [Caracteres naturales de los hombres en cien diálogos] aparecieron en 1691, justo entre la sexta y séptima edición de los Caractères (1687) de La Bruyère. Contra ellos se manifiesta duramente este último en su primera sección, titulada «Des ouvrages de l’esprit» [«Sobre las obras del espíritu»], haciendo una descripción que parece escrita pensando en autores como Bordelon:
Hay espíritus, si me atrevo a decirlo, inferiores y subalternos, que parecen hechos solo para ser la colección, el registro o el depósito de todas las producciones de los demás genios; son plagiadores, traductores, compiladores; no piensan, dicen lo que pensaron los autores; y, como la elección de los pensamientos es invención, la tienen mala, poco justa y que les determina más a traer muchas cosas que cosas excelentes; no tienen nada original y propio; solo saben lo que han aprendido […] uno queda a la vez asombrado por su lectura y aburrido por su conversación o sus trabajos. Son aquellos que grandes y vulgares confunden con eruditos y que los sabios remiten a la pedantería. (74)
p. 11No obstante, para completar el retrato de Bordelon, hay que añadir a esta falta de genio, originalidad o imaginación, su vasta erudición, su afán crítico, su mirada lúcida sobre sí mismo, su época y sus costumbres, así como la prudencia y humildad que le llevaron a confesar abiertamente sus limitaciones. Algo más cínico se mostraba cuando declaraba, ante quienes criticaban duramente su producción, que, aunque no fuera un buen escritor, sí era, al menos, inteligente («Bordelon, Laurent» 686). Es cierto que Bordelon apenas da pruebas de un pensamiento propio y simplemente se limita a transcribir saberes enciclopédicos tomados de otros pensadores. Pero también es justo reivindicar su inmensa cultura y el uso que hace de la misma al servicio de una nueva mentalidad que se abre paso en el siglo xviii. Sus textos nos permiten constatar que Bordelon estaba familiarizado con Molière, el teatro italiano y la novela española, amén de conocer un sinfín de obras eruditas de la antigüedad grecolatina sobre filosofía e historia y, por supuesto, las obras capitales de sus contemporáneos. Su pensamiento es antiaristotélico y antiescolástico. En su pluma se observa la profunda influencia de Descartes, Bayle, Fontenelle y Malebranche. Y aprendió de Bacon el valor de la experiencia, el método inductivo y los caminos empíricos para librarse de los errores asumidos como verdades. De este modo, su obra atestigua el paso del escolasticismo al enciclopedismo, lo cual lo lleva a criticar la credulidad supersticiosa en las religiones, devociones desfasadas y milagrerías, pero también fomentada por un nutrido corpus textual supuestamente erudito pero ajeno a las nuevas ideas. Bordelon escribe una literatura preilustrada, que rechaza los argumentos de autoridad, promueve el principio de escepticismo y defiende una individualidad prudente para analizar y sopesar la realidad. Sus escritos, como vamos a ver a continuación, fusionan un espíritu moderno con una erudición humanística, un cierto talento pedagógico y, sobre todo, un humor muy personal.
3.1.Los inicios como aspirante a dramaturgo
La vocación inicial de nuestro autor se orientó hacia las tablas. La frustración por no poder convertirse él mismo en actor, emulando a Molière, paradigma universal del hombre de teatro, lo llevó a estudiar las representaciones y tramas más en boga en su época, especialmente el transgresor teatro italiano. Sin embargo, pocas son las huellas de aquellos primeros intentos de escribir sobre y para el teatro. Pronto sintió que este género no se adaptaba bien a sus inquietudes, además de convenir poco a su condición de eclesiástico, por lo que se preocupó de borrar en la medida de lo posible esas bagatelas y fruslerías dramáticas que no fueron consideradas sino ensayos de juventud (La Harpe 129)12.
Sus inicios teatrales anticipan algunas de las estrategias y los temas que después veremos en Monsieur Oufle. En su Théâtre philosophique sur lequel on représente par des dialogues dans les Champs Élysées les philosophes anciens & modernes, et où l'on rapporte ensuite leurs opinions, leurs reparties, leurs sentences, & les plus remarquables actions de leur vie [Teatro filosófico en el que se representa mediante diálogos en los Campos Elíseos a los filósofos antiguos y modernos, y en el que se resumen sus opiniones, sus diatribas, sus sentencias y las acciones más destacadas de sus vidas] (1692), Bordelon ya pone en escena a varios filósofos, como hará también más adelante en Les Intrigues d'Arlequin. Y, al año siguiente, se publica La Baguette de Vulcain, a la que antes nos referimos, obra que trata sobre los charlatanes o brujos, al igual que su Monsieur Oufle. Esta es su primera pieza dentro de la estética característica de la Comédie Italienne (en oposición a la Comédie Française), que se basaba en la comedia dell’arte y usaba técnicas de improvisación, farsas en forma de sketches y una comicidad exagerada encarnada por unos personajes recurrentes y claramente reconocibles.
p. 12En esa misma tradición de la comedia dell’arte se sitúan sus tres principales nouvelles sobre el teatro. Arlequin, comédien aux Champs Élysées [Arlequin, comediante en los Campos Elíseos] (1691), Molière, comédien aux Champs Élysées [Molière, comediante en los Campos Elíseos] (1694) y Poisson, comédien aux Champs Élysées [Poisson, comediante en los Campos Elíseos] (1716). No se trata de obras dramáticas en sentido estricto, escritas para ser representadas, sino de novelas cortas de temática teatral que contienen una obra de teatro y cuyo fin es entretener a los lectores en su tiempo libre. Están escritas como un divertimento o un jeu d’esprit, pues participan de ese espíritu burlesco que caracterizó las formas teatrales italianas. La primera de ellas presenta a un grupo de ilustres filósofos aburridos de la vida que llevan en los Campos Elíseos, sede del mundo ultraterreno en la mitología grecolatina. En una visita de reconocimiento, el soberano Plutón les propone convocar a Arlequín para que organice una comedia en la que ellos puedan participar y divertirse. Naturalmente, la obra representada se trata, como no puede ser de otra manera, de una comedia a la italiana, Les Intrigues d’Arlequin, en que podemos ver sobre las tablas a Aristóteles, Platón, Diógenes, Teofrasto, Pitágoras, Galileo, Descartes y muchos otros nombres insignes que quedan reducidos a meros polichinelas en manos del gracioso Arlequín, quien será asistido en la tarea por el espíritu de Cardan, matemático y filósofo italiano del siglo xvi, quien refiere toda la acción desde un nivel extradiegético, en una carta introductoria13.
Molière, comédien aux Champs Élysées responde a la moda de hacer del gran autor francés el protagonista de piezas teatrales. La estrategia que sigue Bordelon es similar: Cardan dirige a un interlocutor, llamado M***, su crónica de los Campos Elíseos. En ella se relata la representación de una pieza al estilo de Molière, La Loterie de Scapin, de nuevo de inspiración italiana, hecha para entretener a las almas salidas de los infiernos14. El tema es, en efecto, un tributo al gran dramaturgo: M. Le Sec, un tipo muy extravagante, organiza una lotería para deshacerse de los objetos inútiles que guarda en su gabinete de curiosidades. Cuenta con la ayuda de Scapin, criado de Clitandre, quien está enamorado de Angélique, hija de M. Le Sec. Scapin amaña la lotería para hacer que el casamiento de Angélique, primer lote del juego, recaiga sobre Clitandre, y el suyo con Lisette, la sirvienta de Angélique. No solo actúan los filósofos en esta curiosa comedia, sino también el propio Molière, que interpreta a Scapin. Si este Molière puede considerarse la segunda parte del Arlequin, la tercera es Poisson, comédien aux Champs Élysées, que tuvo menor repercusión. Cardan ordena, en esta ocasión, a Raymond Poisson (1655−1690), dramaturgo y actor cómico rival de Molière, la composición de una obra de pura comicidad verbal titulada Misogyne, ou La Comédie sans femme [Misógino, o la Comedia sin mujeres]. Misogyne, el personaje principal, es un oráculo que da consejos a los maridos desgraciados o insatisfechos sobre cómo manejar el carácter femenino. Mujeres, niños y viejos son el objeto de la crítica bordeloniana, como también lo habían sido en las Fábulas de La Fontaine.
p. 13
3.2.El retrato de la sociedad desde una visión satírica
La vocación reformista de nuestro autor emerge de forma muy evidente en algunas obras de carácter heterogéneo que se caracterizan por la observación directa de la realidad bajo el prisma de la sátira costumbrista. Por ello, La Harpe (181) considera que la obra bordeloniana se rige por la máxima horaciana utile dulci, que proclama la conveniencia de combinar placer y conocimiento, de divertir enseñando, ya que desenmascarar errores y corregirlos a través del humor supone su principal y máxima aspiración. Esta senda se inicia con Les Malades de belle humeur, ou Lettres divertissantes écrites de Chaudray [Las enfermas de buen humor, o cartas entretenidas escritas desde Chaudray] (1698), novela epistolar en la que un librero es el narrador y compilador de las cartas que presentan la historia del médico de Chaudray, Christophe Ozanne, que adquirió una gran reputación por sus artes curativas naturales y alternativas. Las cartas están escritas por sus pacientes y cuentan en tono irónico y mordaz los remedios literarios y las lecturas que este sanador les prescribía. Se intercalan epigramas, poemas, diálogos y sentencias de temática diversa (por ejemplo, sobre las supersticiones de los pueblos primitivos, asunto que reaparecerá en el aparato crítico de Oufle).
Bordelon adopta el estilo periodístico con la publicación mensual Cent questions et réponses sur différents sujets [Cien preguntas y respuestas sobre diversos asuntos] (1700), que se serializaron de enero a agosto gracias al privilegio de publicación que se le había concedido el 10 de junio de 1699 para su Histoire critique des personnes les plus remarquables [Historia crítica de las personas más destacadas] (1699). Estas preguntas y respuestas pretendían seguir el modelo de las conferencias en las que los ponentes respondían a cuestiones propuestas por los asistentes u organizadores, buscando así un formato que hiciera ameno el evidente afán didáctico que orienta esta publicación. Sin embargo, a lo largo de las diferentes entregas no llegó a establecerse el intercambio con el público lector que el autor anhelaba. En 1704 publicaría una obra de similares características, como indica su título, aunque elevando la apuesta numérica: Deux cents cinquante huit questions et réponses sur différents sujets [Doscientas cincuenta y ocho preguntas y respuestas sobre diversos asuntos]. Esta labor divulgativa podría haber sido el trampolín para una incursión en el dominio de la biografía, L’Esprit de Guy Patin [El ingenio de Guy Patin], que se publicó de forma anónima en Ámsterdam en 1709. La obra se atribuye tanto a Bordelon como a Antoine Lancelot y fue también conocida bajo el nombre de Patiniana, ya que presenta un retrato histórico y erudito del pensamiento de este médico y hombre de letras francés del siglo xvii. Bordelon pretende dar a conocer el genio de Patin, a quien se encargó la autopsia de Richelieu y que gozó de una gran popularidad en Francia, a partir de una reconstrucción ficticia de sus cartas, conversaciones y episodios imaginados.
p. 14La obra de extraño título Le Supplément de Tasse rouzi friou titave, ou Aux maris pour donner à leurs femmes [Suplemento de Tasse rouzi friou titave, o a los maridos, para darlo a sus mujeres] (1713), publicada sin nombre de autor, ha sido también atribuida a Bordelon. La expresión «tasse rouzi friou titave» proviene de una comedia titulada Le Sot vangé [sic] (El bobo vengado) (1661), de Raymond Poisson, quien ya había protagonizado la trama de Poisson, comédien aux Champs Élysées, como queda dicho más arriba. En un largo diálogo entre Lubin y Ragot se explica que aquellas extrañas palabras son una especie de conjuro que, pronunciado mientras se apalea a una mujer, la hace dulce y sumisa. Pese a lo que esta breve sinopsis pueda hacer pensar, bajo la apariencia naíf o juguetona de este título y un planteamiento difícil de digerir en nuestra era de corrección política, se oculta una obra seria y reflexiva que aborda de manera irónica la sátira social o de costumbres.
El fiel retrato de la sociedad también caracteriza las Nouveautés dédiées à gens de différents états, depuis la charrue jusqu’au sceptre [Novedades dedicadas a personas de diferentes estados, desde el arado hasta el cetro] (1724), en dos volúmenes. Se trata de una obra miscelánea que contiene cincuenta epístolas dirigidas a destinatarios de diferentes profesiones, algunos de ellos personas célebres, con consejos de orden moral. Las cartas incluyen disertaciones, epigramas, reflexiones cómicas, satíricas y críticas sobre toda clase de asuntos. La misma dimensión social y miscelánea se observa en las Entretiens des cheminées de Paris [Conversaciones de las chimeneas de París] (1736), en las que estas se embarcan en un extraño diálogo que satiriza a los propietarios de las casas en las que se encuentran. Según se lee en su «Avertissement» [Aviso], el autor tenía el proyecto de serializar estas conversaciones que, por su brevedad, no podían constituir un volumen completo, salvo en el formato recopilatorio en que finalmente se publicaron15.
El talante satírico de Bordelon se inscribe, en algunas de sus obras, en el contexto ideológico del debate o querella entre los Antiguos y los Modernos. Este debate, que protagonizó la vida cultural francesa durante la segunda mitad del siglo xvii, cuestionó la supremacía de la tradición grecolatina, que se había imitado y renovado durante el Clasicismo, frente al nuevo genio moderno, surgido al abrigo del progreso científico y el desarrollo de las bellas letras. La controversia, que se fraguó esencialmente en la Academia Francesa y enfrentó a los principales escritores y pensadores del momento, se recrudeció a partir de 1680 y desembocó en el triunfo de las tesis de los Modernos, que Bordelon apoyaba, tras las cuales se adivinaba la llegada del espíritu ilustrado. La primera obra que refleja este contexto ideológico es Diversités curieuses pour servir de recréation à l’esprit [Curiosidades diversas para servir de recreación al espíritu] (1694−1699), en doce volúmenes. Se trata de un conjunto de diálogos que presentan cuestiones o hechos desde la perspectiva y las opiniones de autores antiguos y modernos. Opone a personajes ilustres como Teofrasto y Descartes, o, lo que es lo mismo, un moralista clásico reivindicado por los Antiguos y un filósofo actual reivindicado por los Modernos. El humor es burlesco y tiene como blanco a los interlocutores.
p. 15Su apoyo a las tesis de los Modernos se hace evidente también en Les Tours de Maître Gonin (1713), obra ya citada más arriba, cuando defiende a los moralistas frente a los filósofos y afirma que ser un moralista implica ser moderno, aunque con reservas (40−41). Resulta también observable en el planteamiento esencial y en algunas de las afirmaciones que se hallan en La Côterie des anti-façonniers (1716) [La camarilla de los anti-artificiosos], por ejemplo, cuando se asevera que no hay que venerar a los clásicos, pues lo actual ya da para bastante conversación (9). La côterie es un círculo de amigos, club o sociedad, a la manera del siglo xviii, donde se reúnen los conocidos para hablar, aprender o, simplemente, divertirse, con gentes de todos los estratos sociales que se relacionan sin ceremonia, lo cual configura una especie de pequeña república, como se afirma en el prefacio (21), o una suerte de comedia humana avant la lettre, en la que se encuentran representadas diversas profesiones y estilos de vida. Ello confiere a esta obra un carácter muy contemporáneo. Flamette, Polimine, Grimiane, Dodunet o Marteole son los pseudónimos de algunos de los asistentes a estas asambleas doctas pero informales que integran unos veinte miembros y cuyas únicas normas son la sinceridad y la sencillez. Al final se anuncia la llegada de una giganta que usa los dientes como xilófono, una bella que posee el secreto de la eterna juventud y una musa que, con solo hablar, inspira a los escritores.
Finalmente, en sus Dialogues des vivants [Diálogos de los vivos] (1717) enfrenta a personajes de opiniones opuestas sobre la problemática inherente a la querella entre Antiguos y Modernos. Así, madame Dacier y Malebranche, que pertenecen, respectivamente, a cada uno de los bandos, se enzarzan en un divertido debate, aunque algo enigmático. En «La Relation des Champs Élysées» [El relato de los Campos Elíseos], que abre los Dialogues des vivants, Bordelon insiste en la necesidad de clausurar definitivamente este conflicto y concluye que solo los autores vivos son realmente Modernos. Es posible que este título haga alusión a una de las primeras obras de Bordelon en las que aborda esta cuestión de Antiguos y Modernos, haciéndolos dialogar en los Campos Elíseos y, por tanto, ya fallecidos, en línea con una de sus primeras obras teatrales ya vistas, su Théâtre philosophique. Estos diálogos se inspiran posiblemente en los Dialogues des morts anciens et modernes (1683) de Fontenelle y, en última instancia, en los Diálogos de los muertos del satírico Luciano de Samósata (siglo ii d.C.), probable inspirador de ambos.
3.3.La narrativa de Bordelon: contra los saberes heredados
La última área –y tal vez la más relevante desde nuestra perspectiva actual– de la producción literaria bordeloniana es su obra narrativa. Como se ha afirmado más arriba, en ella deconstruye o critica las verdades absolutas impuestas por la tradición y la autoridad de los libros escritos desde diversas disciplinas. Entre 1708 y 1713 Bordelon publica cuatro novelas que tienen como objetivo la denuncia de la ingenuidad popular y los peligros de la circulación mediática de errores heredados (Citton 129).
p. 16Mital, ou Aventures incroyables, et toute-fois, & caetera [Mital, o Aventuras increíbles] (1708) utiliza el modelo paródico del libro de viajes fantásticos para atacar las creencias erróneas promovidas por ciertos libros de ciencia y de historia16. En la obra podemos encontrar quince relatos de viaje inspirados tanto en la tradición de los textos de los Antiguos como en la innovación de los Modernos, que contienen la descripción de prodigios y maravillas, usos y costumbres contrarios a la razón, el sentido común y la norma científica. En sus viajes, Mital descubre realidades inverosímiles como peces terrestres, pollos melenudos, bebés que no llegan a destetarse, mujeres barbudas, hombres-reptiles que no caminan, sino que reptan como serpientes, otros que tienen cuatro ojos o zapatos que nunca se gastan. En definitiva, ideas extravagantes similares a las que imperaban todavía en diferentes colectivos o culturas y que deben desecharse. Tal vez lo más original es que esta realidad imposible, este mundo al revés queda comentado en los apuntes que figuran a pie de página y que irónicamente otorgan la apariencia de verosimilitud a estos fenómenos extraños, por lo que pueden compararse con las notas de Monsieur Oufle. Además, y como ocurrirá en el aparato crítico de Oufle, Bordelon documenta fielmente las fuentes librescas de estos fenómenos, desacreditadas desde el mundo ficcional, solo que aquí deja esta información para un apéndice final bajo el título «La clef des aventures de Mital» (la ‘clave’ o ‘código’ del libro).
Hay que destacar también que en la narración principal de Mital se inserta la micronarración satírica «Panlogue, ou Le Sçavant hypocondriaque» [Panlogue, o el sabio hipocondríaco], un loco que cree saberlo todo, en cuya locura late un cierto quijotismo y a través de la cual se articula la sátira de erudición a la que apunta el aparato crítico y que reaparecerá en Oufle. Los ecos cervantinos son también reconocibles en el recurso al manuscrito encontrado que aparece en el prólogo de Mital. En él, el editor informa de cómo consiguió hacerse con unos «paperasses» [papelotes], un «grand nombre de cahiers» [gran cantidad de cuadernos], tras haberse zafado de la amenaza de unos obstinados escolásticos, filósofos y retóricos (vii). El prefacio identifica también el colectivo al que se dirige el libro, los supersticiosos (iii), el mismo tipo de público al que representa monsieur Oufle, lectores crédulos y ávidos de fantasía. Este tesoro manuscrito contiene tanto «Panlogue» como las Aventures incroyables, & toutefois & c., cuya autoría se atribuye al propio Mital. Este refiere ahí el origen de su obra: harto de viajar y recorrer lugares remotos, ha decidido asentarse y reordenar las notas de sus Mémoires, que le servirán como guía para dar a conocer al público sus andanzas por el mundo. El carácter de las notas tomadas explica el tono general de la novela: ya que sus viajes han transcurrido por países prodigiosos, solo puede presentar prodigios ante el lector (3).
p. 17Le Voyage forcé de Bécafort, hypocondriaque, qui s’imagine être indispensablement obligé de dire ou d’écrire, et qui dit ou écrit, en effet sans aucun égard, tout ce qu’il pense des autres et de lui-même, sur quelque matière que ce soit [El viaje forzado de Bécafort, hipocondríaco, que se imagina estar indispensablemente obligado a decir o escribir, y que dice y escribe, en efecto, sin ninguna consideración, todo lo que piensa de los demás y de sí mismo, sobre cualquier asunto] (1709) es una obra cuyo protagonista es tan extravagante como su título y que anticipa también algunos aspectos de Oufle. La caracterización de Bécafort como hipocondríaco nos anuncia un personaje muy molieresco –subyace en el relato, a modo de palimpsesto, Le Malade imaginaire [El enfermo imaginario] de Molière, estrenada en 1673, último gran éxito del dramaturgo, quien murió representando esta obra–. Pero es también quijotesco por el papel que juegan en la vida del protagonista los libros y la lectura, de cuyos peligros nos alerta la novela, en línea con el propósito antiliterario que venimos observando en la narrativa de Bordelon. Es aquí donde reside el afán reformista y didáctico de la obra, que emerge en las intervenciones del narrador contra los excesos de la imaginación del joven protagonista. También el prologuista pone de relieve la utilidad pública de la obra como fin primero y último de su publicación, otorgándole así un cariz ejemplarizante.
Bécafort es un joven de buena familia cuyos datos de nacimiento y juventud son omitidos para asegurar el anonimato y por no convenir a la historia (vii), una estrategia que también encontramos en Oufle para hacer la historia más verosímil. Desde el inicio se nos muestra como un joven taciturno y melancólico que evoca el paradigma quijotesco por su forma de leer y las consecuencias que tienen sus lecturas en su comportamiento. Bécafort fusiona la lectura con el amor, ya que su enamorada, Mionne, es la hija del librero y el flechazo surge, precisamente, hablando de libros. El padre de Bécafort se opone a la unión por no considerar a la joven a la altura de su patrimonio, de modo que el pobre amante sufre un pesar que agrava su enfermizo carácter. Esta pena le hace caer en la hipocondría, entendida aquí como un tipo de locura consistente en considerarse obligado a declarar siempre todo lo que piensa sobre los demás, sin miramientos ni excepciones. Este deber autoimpuesto lo hace insoportable a ojos de todos, por lo que su padre se desvive por encontrar a quien pueda curarlo, llegando incluso a permitir las visitas a Mionne, pero esta desiste en su empeño porque Bécafort le dice todo lo que piensa de ella, incluso lo malo. Finalmente, lo obliga a viajar como terapia, procurándole la compañía de un hombre sabio y prudente llamado Dicar. Tras proveerles de todas las comodidades necesarias, el padre solo exige a Dicar que le envíe regularmente la relación epistolar de sus andanzas, que este último ordena por semanas y en función de a quién se dirige en cada momento. De este modo, las notas de Dicar dibujan un retrato íntimo de la conciencia de Bécafort, de quien nunca se sabe si regresa o si llega a curarse, ya que la última intervención del escriba tiene como objetivo pedir permiso al padre para ir a París, siguiendo los deseos de su amo.
L’Histoire des imaginations extravagantes de Monsieur Oufle (1710) es un texto que cuestiona y rebate las ciencias ocultas y los saberes esotéricos, que entabla batalla contra demonios, espíritus y todo tipo de supersticiones; sin embargo, funciona paradójicamente como manual de demonología y ocultismo por recoger los principales rituales esotéricos y ser un compendio de prácticas y creencias populares sobre lo sobrenatural –los hombres lobo, las pócimas secretas, la piedra filosofal, el horóscopo y la astrología judiciaria, la hechicería y el sabbat– apoyadas en tratados y obras escritas de cierta reputación y trascendencia, y, por tanto, que no solo el vulgo sino también espíritus cultivados y hasta eruditos asumían como verdaderas. Por ello, Bordelon incorpora tales libros a su blanco satírico como fuentes supuestamente autorizadas de falsas creencias y de errores incompatibles con el uso de la razón. La diferencia con Mital es que, mientras el protagonista de esta obra se mantiene como espectador de esas otras realidades de índole maravillosa, Oufle entra de lleno en el terreno de lo fantástico, dando por ciertas las opiniones o ideas acerca de lo sobrenatural que tales obras manifiestan y llegando a ponerlas en práctica en su vida y hasta en su propia persona.
p. 18Oufle es el representante individual de unos errores colectivos que, por sorprendente que parezca, eran de actualidad en todas las jerarquías sociales: «[...] la creencia en la existencia de seres sobrenaturales, desde hombres lobo hasta vampiros, incluidos los fantasmas, experimentó un renovado interés a lo largo del siglo xvii y en la primera mitad del siglo xviii» (Desjardins 122). Pero el foco ya comentado en los orígenes librescos de tales errores vincula a Monsieour Oufle con las otras obras de ficción de las que nos estamos ocupando por su insistencia en cómo la literatura, lejos de instruir, contribuye a la barbarie (Citton 129). Y es en esa insistencia donde interviene el modelo cervantino que ya se había apuntado en las dos obras precedentes, pero ahora se desarrolla plenamente y da un carácter distintivo a este texto: los tratados sobre brujería, magia, religiones, astrología, etc., enumerados al presentarnos los títulos de la biblioteca de Oufle y utilizados para documentar sus ideas y acciones en un amplio aparato crítico de notas eruditas, funcionan como los libros de caballerías del hidalgo. Como este, el protagonista trata de trasponerlos a su vida con las consecuencias características del quijotismo: el ridículo general provocado por el desfase entre literatura y vida, para consternación de sus familiares, especialmente de su mujer, totalmente opuesta a él, y de su hermano, que trata de hacerle recapacitar mediante largos discursos en los que trata de rebatir sus ideas; y para burla o engaño de otros allegados, entre los cuales destaca el taimado criado que busca cómo sacar provecho de la fantasía extravagante de su amo. La cruzada de Oufle es sobrenatural o supersticiosa en vez de caballeresca, y se libra tanto en los hechos como mediante las palabras, tanto en sus acciones como en sus disertaciones, para las que encuentra fundamento en su erudición libresca, tal y como ponen de manifiesto las notas que conectan sus errores con las obras y pasajes donde aparecen formulados.
En Gomgam, ou l’Homme prodigieux, transporté dans l’air, sur la terre et sous les eaux [Gomgam, o el hombre prodigioso transportado por aire, por tierra y bajo las aguas] (1711) Bordelon apunta de nuevo su mirada satírica hacia uno de sus temas predilectos, la pedantería, la crítica a las obras escritas que derivan en delirios y desatinos, como ya había hecho en Mital o Oufle. El tono burlesco es evidente ya desde la propia portada, pues Bordelon firma con el pseudónimo Titetutefnosny. El protagonista, en este caso, se empapa de toda clase de conocimientos enciclopédicos y, creyendo haber adquirido dichos saberes, emprende un viaje sideral a caballo gracias a una flecha de oro que le ha dado un mago, en compañía de un mentor, quien le enseña, mediante el ejemplo empírico, que todo lo que creía saber era desacertado. Gomgam se acerca al arcoíris, observa el mar Rojo desde las alturas del cielo, penetra en las profundidades del océano, y en todos estos casos no constata sino la inutilidad de sus conocimientos teóricos. Sus aventuras son extrañas e insólitas, pero sirven, al tiempo que para denunciar falsos saberes, también para ofrecer cuadros de costumbres17. Esta función satírica se advierte también en el propósito que tiene Gomgam de escribir una obra que lleva por título Le Monde risible ou Bibliothèque comique (69 y ss.), en nada menos que cien volúmenes –una evidente parodia de los grandes proyectos que los escritores de la época presentaban a la Academia18– que incluyen asuntos de lo más extravagantes:
La agenda de quienes no tienen nada que hacer.
Las tonterías que se cometen por amor.
Las propiedades del dinero, muy del tono quevediano.
Tartufiana.
Viajes por los espacios imaginarios del mundo.
La vida antes de cultivarse el tabaco.
El llamado «ergo-gluc», es decir, razonamientos vacuos que no conducen a nada.
La filosofía del «tal vez».
p. 19En Gomgam Bordelon de nuevo actualiza el topos del manuscrito encontrado cuyo hallazgo, en este caso, no es fruto de la casualidad, sino que el editor lo ha recibido perfectamente embalado, en una caja cerrada y de forma anónima.
Si la semblanza biográfica del abate Bordelon solo puede resultar, a causa de la escasez documental a la que antes aludimos, parcial e insuficiente, también sería una empresa inabarcable tratar de resumir aquí el resto de obras de su autoría o que se le atribuyen. Por ello, remitimos al lector a los dos apéndices que La Harpe (202−208) ofrece en su estudio, donde glosa la producción completa del autor. La selección que aquí hemos presentado se basa en aquellas obras de autoría indiscutible o, al menos, muy probable, dejando también en el camino otras que, aun siendo reconocidas por el propio autor, presentan una calidad muy inferior. A las virtudes o interés que hemos intentado poner de manifiesto en las obras reseñadas aquí, hay que unir la originalidad tocante en la extravagancia de sus títulos y de los temas abordados (Cornu 44). Además de su cruzada preilustrada contra la superstición, los falsos saberes y la autoridad de la palabra escrita, también llama la atención su temática relacionada con los viajes maravillosos y su fantasía «tan alambicada como singular», por la que Bardon considera a Bordelon un sorprenderte e inesperado predecesor de Julio Verne y H. G. Wells (581). Sin duda estas peculiaridades explican la diatriba que Voltaire le dedicó en una carta dirigida a su amigo Jean le Rond d’Alembert el 3 de septiembre de 1776, en la que ataca duramente tanto a Bordelon como a Cyrano de Bergerac por ser autores que, en su opinión, cometen el pecado de llevar sus extravagancias más allá del sentido común. Pero no deja de ser paradójica tal condena contra un escritor que no hizo otra cosa que intentar luchar contra la creencia supersticiosa en lo sobrenatural.
4.Monsieur Oufle: avatares textuales de una obra emblemática
Si consideramos en su conjunto el proyecto antiliterario y desmitificador que vertebra la obra del abate Bordelon, el libro que nos ocupa, L’Histoire des imaginations extravagantes de Monsieur Oufle, supone la culminación del mismo. Sus lectores son los mismos que se habían reído con los desatinos de Mital y Bécafort, o lo harán después con Gomgam, pero aquí el autor da un paso más respecto a cada uno de estos. El hermano del protagonista trata de ejercer la crítica razonada sobre las ideas de Oufle, como hacían los mentores de los dos últimos, pero ahora se pone de relieve que intentar conducir a un loco a un ejercicio de razonamiento es tarea improductiva. Oufle no es capaz de comprender sus argumentos, por mucho que estén expresados en términos racionales y documentados, esto es, ilustrados, y esto se debe en parte a que su mentalidad crédula y supersticiosa se apoya en las fuentes literarias de las que se ha nutrido y en las que encuentra autoridad, con las que es capaz de urdir las disertaciones más disparatadas para responder a su hermano y argumentar su desvarío.
p. 20Así lo demuestra la desacertada y ridícula interpretación que el personaje hace del sabbat en su descripción del mismo, que supone una digresión más de la intriga principal, sobre la que han llamado la atención Brock y Winter (6). Se trata de un episodio ilustrado por el grabado de Giuseppe Maria Crespi que muestra a Oufle contemplando este ritual (figura 1), inspirado en la ilustración de Jean Ziarnko (figura 2) que acompañaba la edición de 1613 del tratado de Pierre de Lancre al que tanto se refiere el personaje, Tableau de l’inconsistance des mauvais anges et demons [Cuadro de la inconsistencia de los malos ángeles y demonios] (1610). La descripción del sabbat, evidentemente, no se basa en la experiencia de Oufle, sino en lo que ha leído –o visto– en de Lancre. Por todo ello, concluye Desjardins (128), el objeto de la burla de Oufle lo constituyen, en última instancia, los medios por los cuales se propaga y se tergiversa la cultura, a los que se pretende culpar del error interpretativo del personaje.
Figura 1. «Descripción de la asamblea de los brujos que se llama sabbat» (1710)
Figura 2. «Descripción y aspecto del sabbat de los brujos» (1613)
Por ello, la crítica de estas creencias se orienta en dos direcciones, o, en otras palabras, podemos discernir dos blancos satíricos: la condena de la lectura o de la utilización errónea que hace Oufle de sus libros e incluso –puesto que algunos no están dedicados exclusivamente a las ciencias ocultas– de la palabra escrita, que nos permite considerar la obra como una sátira de erudición, un género del que se ocupará el estudio posterior de la obra; y, por otra parte, la sátira ilustrada contra el pensamiento supersticioso y oscurantista reproducido en esos libros y encarnado también por Oufle. Estas dos vertientes de la sátira bordeloniana, la antiliteraria y la desmitificadora, la sátira de erudición y la crítica de la superstición, presentes por separado en otras obras del autor, convergen en Monsieur Oufle. En efecto, como hemos visto, el hilo conductor que conecta buena parte de una producción textual tan abundante como heterogénea parece ser la denuncia mediante la ficción de la falacia de muchas ideas heredadas que se tenían por verdad y de la palabra escrita que las sustentaba. Pero es en Monsieur Oufle donde se formula esta doble censura de forma más clara o paradigmática y, en este sentido, podemos considerar esta obra la culminación del proyecto preilustrado que Laurent Bordelon había venido trazando en sus obras anteriores, un proyecto que se puede poner en relación con su posicionamiento frente a los Antiguos y sus modelos desfasados, sus credos inamovibles o su dictadura ideológica que impide el progreso.
p. 21Tal vez por ello, el texto que aquí presentamos constituye la obra emblemática de una nueva mentalidad que se abre paso a principios del siglo xviii y la más importante de Bordelon, una condición confirmada por el éxito editorial que cosechó en dicho siglo. L’Histoire des imaginations extravagantes de Monsieur Oufle fue publicada en París en 1710, en dos partes, pero tuvo también una edición anónima holandesa inmediata, en el mismo año. Se reimprimió en Francia en 1712 y en 1753−1754. Y en 1789 reapareció como el tomo 36 de una colección de viajes imaginarios, sueños y novelas cabalísticas (Vogayes imaginaires, Songes, Visions, et Romans cabalistiques) a cargo de Charles-Georges-Thomas Garnier, quien editó una versión más breve de la que se habían expurgado todos los pasajes extensos y aburridos. Esta versión, revisada y reducida, tuvo una reimpresión en 1793. Fuera de Francia, además, la obra fue traducida al inglés en 1711, al alemán en 1712, al italiano en 1757 (donde tuvo gran aceptación, siendo reimpresa en 1758, 1764 y 1785), y al portugués en 1814. Y lo demás es silencio: después cayó el olvido sobre el pobre monsieur Oufle y, por ende, sobre su autor19.
Queda la duda de por qué no hubo ni ha habido, hasta ahora, una traducción al español, hecho tanto más extraño por cuanto en la edición de Ámsterdam de 1710 el editor añadió al título la siguiente observación sobre las «imaginaciones extravagantes»: «écrites dans le style de Dom-Guichot» [escritas en el estilo de don Quijote] (cit. en Bardon 582, n. 52), lo que sirvió como «claro señuelo comercial» (Sánchez Tallafigo 491). El propio Bordelon alude en su prefacio (s.n.p.) a la obra cervantina, estableciendo así una filiación claramente interesada entre ambas: historias cómicas que representan mentes extraviadas por la lectura de libros que son censurados por sus perniciosos efectos sobre tales lectores. El modelo cervantino sin duda contribuyó no solo a la popularidad de Monsieur Oufle, sino, sobre todo, a su concepción y ejecución, lo que hace más llamativa la ausencia de una traducción al castellano. Sea como fuere, e independientemente de los méritos y deméritos de la obra, la relación con la novela de Cervantes le otorga un interés añadido para el estudioso del Quijote y de su legado en la literatura universal, por lo que su recuperación y presencia en esta colección es necesaria, por no decir imprescindible.
Bibliografía citada
Obras de Laurent Bordelon
De l’astrologie judiciaire. Entretien curieux. L. Lucas y Et. Ducastin, 1689.
Arlequin, comédien aux Champs Élysées. Nouvelle historique, allégorique et comique. Arnoul Seneuze, 1691.
Caractères naturels des hommes en cent dialogues. Arnoul Seneuze, 1691.
Diversités curieuses pour servir de recréation à l’esprit. Urbain Coustellier, 1692. 10 vols.
Molière, comédien aux Champs Élysées. Nouvelle historique, allégorique et comique. Arnoul Seneuze, 1692.
p. 22
La Belle éducation. Nicolas Belley, 1693.
Les Malades de belle humeur, ou Lettres divertissantes écrites de Chaudray. Hilaire Baritel, 1698.
La Langue. Delassart, 1705.
Les Oreilles de l’Âne d’or. Charles Le Clerc, 1707.
Mital, ou Aventures incroyables, et toute-fois, & caetera. Charles Le Clerc. 1708.
L’esprit de Guy Patin, tiré de ses conversations, de son cabinet, de ses autres ouvrages. Avec son portrait historique. Guillaume Cavelier & Antoine de Billy, 1709.
Gomgam, ou l’Homme prodigieux, transporté dans l’air, sur la terre et sous les eaux. Pierre Prault, 1711.
Entretiens des cheminées de Paris. Pierre de Hondt, 1712.
Le Supplément de Tasse rouzi friou titave, ou Aux maris pour donner à leurs femmes. Pierre Prault, 1713.
Les Tours de Maître Gonin. Charles Leclerc, 1713.
La Côterie des anti-façonniers. Établie dans L.C.J.D.B.L.S. Pierre Prault, 1716.
Poisson, comédien aux Champs Élysées. Nouvelle historique, allégorique et comique. Charles Leclerc, 1716.
Dialogues des vivants. Pierre Prault, 1717.
Nouveautés dédiées à gens de différents états, depuis la charrue jusqu’au sceptre. Comptoir des Libraires, 1724.
p. 23
Otras obras
Bardon, Maurice. El Quijote en Francia en los siglos xvii y xviii. H. Champion, 1931. Estudio introductorio de Françoise Étienvre. Universidad de Alicante, 2010.
«Bordelon (Laurent)». Nouveau dictionnaire historique-portatif, ou Histoire abregée de tous les hommes qui se sont fait un nom par des talens, des vertus, des forfaits, des erreurs, &c. &c. depuis le commencement du monde jusqu’à nos jours... Marc-Michel Rey, 1774, pp. 330−331.
«Bordelon, Laurent». Nouvelle biographie générale depuis les temps les plus reculés jusqu'à nos jours. Vol. 6. Firmin Didot Frères, 1855, pp. 685−686.
Brock, Michelle D. , y David R. Winter. Knowing Demons, Knowing Spirits in the Early Modern Period. Palgrave Macmillan, 2018.
Citton, Yves. «La production littéraire de la barbarie: épidémiologie romanesque et dynamique de l’esprit public dans Monsieur Oufle de Laurent Bordelon». Études françaises, vol. 49, n.º 1, 2013, pp. 129−148.
Cornu, Jean-François. «Tasse rouzi friou titave ou Laurent Bordelon n’est pas si ‘ouf’ que ça». La Nouvelle revue des livres anciens, n.º 1, 2009, pp. 43−45.
Desjardins, Lucie. «Laurent Bordelon face la croyance. Lecture et influence du passé dans le discours contre la superstition (1680−1730)». Lumen, vol. 29, 2010, pp. 117−128.
Gonzalo Santos, Tomás. «Le père Feijoo, précurseur des Lumières en Espagne». L'Europe et ses intellectuels, Actes du Colloque International organisé par l’Université de Varsovie, 30 mai–2 juin 2016, ed. Remigiusz Forycki, Universidad de Varsovia, 2019, pp. 138−148.
Guyot-Lecoq, Camille. «Bordelon, ou les dialogues des moralistes et des philosophes. Communication au 58e Congrès de l’Association, le 4 juillet 2006». Cahiers de l’AIEF, n.º 59, 2007, pp. 141−157.
Hazard, Paul. La Crise de la conscience européenne. 1680−1715. Boivin & Cie, 1935.
La Bruyère, Jean de. «Des ouvrages de l’esprit». Les Caractères. Étienne Michallet, 1687. Flammarion, 1980, pp. 57−75.
La Harpe, Jacqueline de. L’Abbé Laurent Bordelon et la lutte contre la superstition en France entre 1680 et 1730. University of California Press, 1942.
Maurois, André. Les Pages immortelles de Voltaire. Éditions Buchet/Chastel, 1961.
Montesquieu, Charles de Secondat, baron de. De l’Esprit des lois. París: Nourse, 1772.
Muchembled, Robert. La sorcière au village (xve−xviiie siècle). Gallimard, 1979.
Percel, Gordon de [pseudónimo de Nicolas Lenglet du Fresnoy]. «Bordelon (l’abbé)». De l’usage des romans, où l’on fait voir leur utilité & leurs différens caractères, avec une bibliothèque des romans accompagnée de remarques critiques sur leur choix & leurs éditions. Vol. 2. Veuve de Poilras, 1734, pp. 340−341.
Sánchez Tallafigo, Cristina. «Un ejemplo francés de imitación cervantina: L’Histoire des imaginations extravagantes de Monsieur Oufle» (1710). Anales cervantinos, vol. 35, 1999, pp. 489−499.
Techener, Jacques. «Catalogue raisonné de livres anciens, rares, curieux qui se trouvent en vente à la librairie de J. Techener». Bulletin du bibliophile et du bibliothécaire, vol. 15, 1861, pp. 49−64.
Voltaire. «Lettre 410 de M. de Voltaire, 3 de septembre 1776». Œuvres complètes de Voltaire, avec des remarques et des notes historiques, scientifiques et littéraires. Vol. 75. Correspondance avec D’Alembert. Baudouin Frères, 1828, pp. 681−682.
1 No se conservan registros sobre Bordelon en los Archivos Municipales de la ciudad de Bourges, su lugar de nacimiento, aunque sí en la Bibliothèque Patrimoniale des Quatre Piliers de esa ciudad, desde donde nos remiten al que es, a día de hoy, el estudio más extenso y mejor documentado (La Harpe, 1942), así como un breve apunte sobre el manuscrito del extraño texto titulado Le Supplément de Tasse rouzi friou titave a cargo de Jean-François Cornu (2009). Su presencia en dos diccionarios biográficos de 1774 y 1855 listados en la bibliografía es igualmente escasa y repetitiva.
2 «Il abrège tout parce qu’il voit tout» (Montesquieu II.30: 272).
3 En el año de 1628, Bourges apenas contaba con 15.000 habitantes, mientras que París superaba los 400.000.
4 La hija de esta familia, Marie-Madeleine, se dedicaría a la literatura como novelista y entraría en el círculo de Voltaire (véase La Harpe 128).
5 Esta publicación forma parte de las denominadas -anas, recopilaciones de juicios, sentencias y reflexiones o florilegios atribuidos a un literato cuyo nombre, unido a dicho sufijo latino, daba título a la obra. Se trataba de iniciativas posteriores a la muerte del autor editadas por algún amigo o discípulo suyo. Estos trabajos constituyeron un género literario de origen humanista desarrollado desde el reinado de Luis XIV hasta inicios de la Restauración. Entre los más famosos se encuentran las Saint-Evremoniana (1710) (Saint-Évremond), Segraisiana (1721) (Segrais) y Menagiana (1729) (Ménage).
6 Las traducciones de fuentes extranjeras en este trabajo son obra de la autora de esta introducción.
7 Pierre Bayle (1647−1706), gran erudito y pensador, es considerado precursor del racionalismo y partidario de la tolerancia y el libre pensamiento. En su obra anticipa las ideas del Siglo de las Luces. Sus Pensées diverses sur la comète [Pensamientos varios sobre el cometa] (1682) desmentían toda influencia sobrenatural en la conducta humana y apuntaban hacia una posible sociedad de ateos. Bernard Le Bovier de Fontenelle (1657−1757), sobrino del dramaturgo Pierre Corneille, inventó un nuevo género literario, la «ciencia galante». Ferviente partidario de Descartes, sostenía que el único modo de acceder a la verdad es la razón, la cual se hace evidente mediante la comprobación empírica y conduce al progreso. Su Histoire des oracles [Historia de los oráculos] (1687) tenía como objetivo desacreditar toda superstición, racionalizar los milagros y cuestionar las tesis sobrenaturales.
8 La obra de Lesage es una imitación libre de El diablo cojuelo, del sevillano Luis Vélez de Guevara, que le permite satirizar la sociedad francesa de la época. Lesage le dedica la segunda edición, poniendo de manifiesto que ha tomado de él el título y el argumento. Curiosamente, se atribuye a Bordelon una síntesis laudatoria de esta obra, Les Béquilles du Diable boiteux [Las muletas del diablo cojuelo] (1707).
9 Tyll Eulenspiegel es un personaje del folclore del norte de Alemania y los Países Bajos que, por su carácter divertido, burlesco y descarado, inspiró diversas obras, entre las cuales se encuentran un libro anónimo datado en 1510, escrito en alto alemán, o la gesta en verso de Johann Fischart (1572). Sin embargo, la versión más popular es la de Charles de Coster de 1867.
10 La cita se atribuye a Pico de la Mirandola, quien se propuso defender, con 23 años, 900 tesis sobre religión, filosofía, historia de la naturaleza y magia. Voltaire añadió, a modo de burla, «et de quibusdam aliis» [y de otras cosas más]. La anécdota es referida por Maurois (15).
11 El término resulta ambiguo, reconoce Guyot-Lecoq (142), ya que no se sabe si expresa la alabanza a un genio variado o la condena a una pluma que toca solo por encima todos los palos. Polígrafo también quiere decir inclasificable, y ese es un adjetivo muy conveniente para caracterizar la ingente producción de Bordelon, que, en parte, se publicó de forma anónima o en Holanda (como ocurrió con el propio Monsieur Oufle el mismo año en que se publicó en París). A Bordelon solo se le pueden atribuir con certeza unas cuarenta obras, ya que raramente firmaba sus textos, pero fue seguramente autor de muchas más. Algunos de sus pseudónimos eran M. L’A.B***, M.O.C., o *** Monsieur, B. M. l’A.
12 El oficio del teatro era condenado por la Iglesia en la Francia del siglo xvii. Un caso representativo es el de Molière, quien, al ser excomulgado, a pesar de ser toda una celebridad, solo pudo ser enterrado con escasos honores y tras la mediación de Luis XIV. Esta es una excepción, pues los comediantes, si no renegaban antes de su muerte, eran puestos en fosas comunes. Como los usureros, las rameras y los brujos, a los actores se les prohibía recibir la comunión durante toda su vida y tener un entierro cristiano. Esta condena del teatro como género mundano y poco edificante preludia el contenido del polémico artículo de la enciclopedia «Genève», en el que Rousseau denuncia la implantación de una sala de espectáculos en su ciudad sobre la base de la falta de moralidad recurrente en dichas representaciones.
13 Curioso resulta saber que la segunda edición de la obra, Arlequin aux champs Elysées (París, Seneuze, 1694) incluyó, además de La Baguette de Vulcain, un Arlequin Roland Furieux, parodia de la ópera de Lully y Quinault Roland (1685), que, además, fusiona al héroe de Ariosto con el personaje del repertorio italiano Arlequino.
14 El personaje de Scapino pertenece a la tradición de los zanni (criados o sirvientes) en la commedia de ll’arte, dentro del grupo de los llamados bergamescos, junto con Arlequino y Gioppino. Encarnado por el actor Francesco Gabrielli, se popularizó en Francia a partir de la obra de Molière Les Fourberies de Scapin [Los enredos de Scapin] (1761), como el astuto y taimado criado –de Léandre– que orquesta toda una serie de estratagemas para que su amo pueda casarse con la mujer que ama, rehusando a aquella con la que lo han prometido.
15 Se atribuyen también a Bordelon las Entretiens sérieux et comiques des cheminées de Madrid [Conversaciones serias y cómicas de las chimeneas de Madrid] (1712), obra compuesta de tres diálogos alegóricos en los que Bordelon analiza y critica diversos aspectos de la sociedad. Las chimeneas son las portavoces de los dueños de las casas y, mientras cuentan sus propias historias, debaten asuntos como los gustos literarios o el matrimonio.
16 Se trata de un género que se remonta a la antigüedad clásica, en particular la Historia verdadera de Luciano de Samósata (siglo ii d.C.), y que será luego utilizado en el siglo xviii, con el paradigma de los Gulliver’s Travels (1726) de Jonathan Swift, que fueron precedidos por los de Francis Godwin, The Man in the Moon [El hombre en la luna] (1638) y los de Cyrano de Bergerac, Les États et empires de la lune (1657) y Les États et empires du soleil (16629 [Los estados e imperios de la luna y del sol], y seguidos por el Voyage autour du monde (1771) de Louis-Antoine de Bougainville, que daría lugar al Supplément au Voyage de Bougainville de Denis Diderot (1776).
17 En muchas de ellas la aparición de personajes secundarios ofrece al narrador la ocasión de incluir sus historias, que se intercalan al hilo de la principal. Destaca la de Aimerette, enamorada del protagonista y cuyo padre ha perdido la cordura por la alquimia. Esta estructura hace que La Harpe ponga esta obra en relación con el Persiles y Sigismunda cervantino (146).
18 Fénelon, por ejemplo, en su Lettre à l’Académie (1714), propuso a la Academia Francesa la redacción de un diccionario, una gramática, una retórica, una poética y tres tratados sobre la tragedia, la comedia y la historia. La carta finaliza con unas consideraciones sobre los Antiguos y los Modernos.
19 Destacaremos que la obra fue incluida recientemente en la exposición del Mes del Libro Antiguo en la Universidad de Poitiers del 3 al 29 de abril de 2017.
