Índice

Esta edición

La Quijotita y su prima: historia cierta con apariencias de novela aparece por primera vez entre los años 1818 y 1819. El prospecto de la obra se anuncia pronto a su venta en la Gazeta del Gobierno de México el 23 de julio de 1818, dando instrucciones para la suscripción de la obra, que se imprimió y vendió por entregas desde ese momento hasta completar los dos primeros tomos en 1819: el primero en la imprenta de Mariano Ontiveros (1818), el segundo en la de Alexandro Valdés (1819). Ambos cuentan con láminas en cobre con episodios relativos a los sucesos de la novela. Esta edición quedó truncada: la obra completa no aparece hasta 1831 y 1832 (Imprenta de Altamirano), ya fallecido José Joaquín Fernández de Lizardi, con cuatro tomos que reproducen los dos de la primera edición y añaden otros dos que concluyen la novela tal como la conocemos hoy.

Esta edición se ha hecho a partir de estos primeros testimonios: hasta el capítulo XXIII a partir de la de 1818–1819, y los restantes, a partir de la de 1831–1832. Para evitar confusiones innecesarias, llamaremos siempre primera a la de 1818 y segunda a la de 1831. La división de capítulos corresponde a estas ediciones, pero siguiendo numeración continuada, del primero al cuadragésimo, en vez de reiniciarse en cada uno de los tomos en que se dividieron la primera y la segunda.

De las seis ediciones que ven la luz en el siglo xix se han tenido en cuenta las variantes presentadas por la edición de 1836, realizada por la imprenta de Mariano Arévalo, que era la tercera tras las dos primeras ya citadas, y, sobre todo, la de 1842 (Librería de Recio y Altamirano, a cargo de Vicente García Torres), que era la cuarta y que introduce un importante corpus de correcciones y cuenta con un pasaje inédito en las anteriores (en el capítulo XXXI de esta edición). A este cotejo se han sumado los trabajos de las únicas dos ediciones anotadas que conozco, la edición crítica de María Rosa Palazón Mayoral, que sigue las dos primeras ediciones (Universidad Nacional Autónoma de México, 1980, vol. VII de las Obras de Fernández de Lizardi), y la de Graciela Michelotti, que sigue la cuarta (Stockcero, 2008). Asimismo, se han tenido a la vista, para consultar algunos pasajes concretos y las soluciones de puntuación, la de la Edición de la Cámara Mexicana del Libro (1942) y la de Porrúa (1967, de la que sigo la 7ª edición de 2009).

p. 32El aparato de variantes solo ha considerado un número muy reducido de estas: no se contemplan las modificaciones, supresiones y adiciones de formas verbales, pronombres, determinantes, conjunciones, preposiciones y otro tipo de conectores, anotando solo las sustituciones de términos, la omisión voluntaria de parte del texto y las adiciones, que generalmente tratan de aclararlo o resolver lo que se consideran vicios estilísticos, y tienen el valor de testimoniar la recepción de estos primeros lectores-impresores de La Quijotita. En estas notas, las alusiones que aparecen sobre las variantes de la tercera edición (1836) se han incorporado para no ofrecer la idea errónea de que los cambios que presenta la cuarta son necesariamente obra de García Torres, pero en todas ellas sigo el minucioso y preciso trabajo de Palazón Mayoral. El lector desocupado que quiera profundizar en estas cuestiones de ecdótica puede acudir al titánico trabajo de la edición crítica referida.

El texto que se presenta ha regularizado las grafías de acuerdo a criterios actuales. Mantengo solo las originales en los títulos de las obras que se citan en nota, para facilitar su localización en cualquier catálogo. También se han regularizado los nombres extranjeros de acuerdo con la tradición actual, manteniendo solo algunas formas castellanizadas que no presentan dudas. Se mantienen algunas formas que muestran vacilaciones vocálicas, hoy en desuso (dispertó, venimos con valor de pasado) y los casos de laísmo, que son frecuentes, aunque no sistemáticos. Las abreviaturas se han desarrollado en todos los casos (VV. por ustedes, q. b. s. m. por que besa su mano, D. por don, etc.). El uso de la cursiva de las primeras ediciones se mantiene para las citas textuales, términos o expresiones enfáticas y se reducen las que indicaban el estilo directo de algún personaje, que no mantienen un criterio uniforme.

El ejercicio de anotación ha incluido todas las notas de las dos primeras ediciones como notas de autor (ordenadas, para diferenciarlas, mediante letras), aun a sabiendas de la cuestionable autoría de las mismas por parte de Lizardi. Así, se reproducen textualmente todas las notas de:

La Quijotita y su prima: historia muy cierta con apariencias de novela. Oficina de Mariano Ontiveros, 1818–1819. El segundo tomo está impreso por Alexandro Valdés.

La Quijotita y su prima: historia muy cierta con apariencias de novela. 2ª ed., a cargo de Daniel Barquera, Imprenta de Altamirano, 1831–1832.

p. 33

En el aparato de notas explicativas se han reproducido también, por su valor en la historia textual de la novela, todas las notas de la cuarta edición, junto con las propias, indicando al inicio el año entre corchetes. Un sistema similar se sigue para las de las precedentes ediciones anotadas más recientes, indicando siempre su localización; cuando se trasladan literalmente, la indicación de la editora va entre corchetes. En el caso de la de Palazón Mayoral se indica el tomo en números romanos, el capítulo en arábigos y la nota correspondiente. Estas indicaciones se corresponden con las siguientes ediciones:

[1842]: La educación de las mujeres, o la Quijotita y su prima: historia muy cierta con apariencias de novela. 4ª ed., a cargo de Vicente García Torres, Librería de Recio y Altamirano, 1842.

[Palazón Mayoral]: Palazón Mayoral, Rosa María, ed. y anot. La Quijotita y su prima: historia muy cierta con apariencias de novela. Universidad Nacional Autónoma de México, 1980. Vol. VII de las Obras de Fernández de Lizardi.

Michelotti, Graciela, ed. y anot. La Quijotita y su prima. Stockcero 2008.

Para aclarar el significado de algunos términos y expresiones, se acude al Diccionario de la lengua española de la Real Academia de la Lengua (DRAE), al Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española, y al excelente tesoro lexicográfico de México que es el Diccionario de Mejicanismos de Francisco J. Santamaría (Porrúa, 1959), que aparece en las notas como Santamaría. En ocasiones se recurre al Refranero multilingüe del Centro Virtual Cervantes, que tiene la particularidad de que el corpus permite consultar variantes recopiladas en Hispanoamérica, y excepcionalmente al Refranero mexicano de Herón Pérez (Academia Mexicana de la Lengua / Fondo de Cultura Económica).

Las citas de El Periquillo Sarniento proceden de la edición de Carmen Ruiz Barrionuevo (2ª ed., Cátedra, 2008); las del Quijote, de la edición del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, 2004). Las citas de otras fuentes serán convenientemente indicadas en las notas. Se han preferido, cuando estaban a disposición diferentes ediciones de estas, escoger las más cercanas al tiempo de escritura de la novela.

Para orientar a los lectores sobre los lugares nombrados en La Quijotita, ha sido de especial interés la consulta continuada del Plano general de la Ciudad de México de Diego García Conde del año 1793, y grabado en 1807, que se citará en las notas como Plano general, y del libro México dividida en quarteles mayores y menores (Manuel Antonio Valdés, 1811). A ellos remito al lector curioso que quiera recorrer los lugares que transitaron los personajes de esta novela.

Francisco Cuevas Cervera