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Capítulo XXVI En el que se da razón de las famosas exequias con que honraron la muerte de Pamela doña Eufrosina y la niña Quijotita362

Inmediatamente que llegamos a la casa mortuoria nos sorprendimos con el aparato que encontramos; pues, a más de que la sala estaba completamente iluminada y llena de gente lucida, en medio de ella estaba colocada una muy curiosa pira, en cuyo primer cuerpo que servía de zócalo o pedestal*, se grabaron dos inscripciones y dos sonetos, que expresaban el sentimiento debido a la enfermedad y muerte de Pamela363.

En el lienzo o costado principal se leía la siguiente inscripción latina:

PAMELAE364

NOBILISSIMI CANI*
OPTIMAE STIRPITIS ATTAVIS PROGENIAE.

ANGELOPOLI NATAE
OPPIDO ACAXATENSI EDUCATO
PRECLARIS FACTIS MEXICI CORUSCANTI.

INIBIQUE OMNIUM LACRIMIS
IMMATURA MORTE PEREMPTAE
SECULO XVII SPIRANTE.

SUA DOMUS
MAXIMO MOERORE CONFECTA
MUNIFICENTISSIMUM HOCCE MAUSOLEUM
IN AMORIS MONUMENTUM PEREMNE
EREXIT

En la frente opuesta se grabó la misma inscripción vertida al castellano, para que la entendieran todos, pues aunque en este idioma no son comunes*, pareció que en obsequio de una perra se debía dar principio a una moda tan importante365.

p. 266

A PAMELA

PERRITA FINÍSIMA,
DESCENDIENTE DE ABUELOS DE LA MEJOR RAZA.

NACIDA EN PUEBLA,
CRIADA EN ACAXETE366.

ADMIRADA EN MÉXICO POR SUS ESCLARECIDOS HECHOS,
Y ALLÍ MISMO CON UNIVERSAL SENTIMIENTO
ARREBATADA POR UNA MUERTE TEMPRANA,
A FINES DEL* SIGLO DIEZ Y OCHO.

SU CASA,
OCUPADA DE LA MAYOR TRISTEZA,
PARA PRUEBA PERPETUA DE SU AMOR
LE ERIGIÓ ESTE MAGNÍFICO MAUSOLEO.

En el costado de la derecha se colocó el siguiente

SONETO

Llorad, señoras, con amargo llanto:
manifestad con lutos la tristeza,
cubriendo de ceniza la cabeza,
y el semblante vistiendo del espanto.

Melancólico y lúgubre sea el llanto*
con que el aire resuene de esta pieza,
y expresad que el dolor que os atraviesa*
iguala la medida* del quebranto,

¿no sentís de Pamela que cayendo
se encojase su tierna piernecita?
Pues sollozad, que aun lance tan horrendo

es fuerza que la pena le compita
con mujeriles lágrimas, sintiendo
la cojera fatal de una perrita.

En el costado de la izquierda se puso el siguiente

SONETO

Muere Pamela. ¡Oh, pena la más dura!
corta la parca el hilo más querido:
los filos del cuchillo enfurecido
truncan ya* la que hacía nuestra ventura367.

p. 267

Esto la casa entera desfigura:
calla el pájaro el trino repetido,
grita el loro, y el gato da un maullido,
y se afligen el uno y otro cura.

En caso tal, según los pareceres
de sabias plumas de pasión desnudas,
aun invirtiendo* el orden de los seres,

dable era*, sin pararse nadie en dudas,
que a frailes se metieran* las mujeres
y los hombres a monjas calzonudas368.

El segundo cuerpo lo llenaban cuatro octavas con sus correspondientes jeroglíficos, expresando las principales virtudes de Pamela, corroborándolas con ejemplos de los perros célebres de la historia369.

El primer costado tenía pintada una pierna de perro, y por orla aquel texto de* gramática latina: Pedibus aeger370, y esta

OCTAVA

Da* la suerte que Dúrides al fuego
por su dueño Lisímaco se arroja,
así Pamela sin tener sosiego
da vuelta en la cornisa en que se atroja,
y por ir a sus amas se cae luego,
se lastima una pierna y queda coja;
pero ¡oh, qué gloria la que se granjeaba,
mientras que a cada paso más cojeaba!371

En el segundo costado se pintó un diente con el epígrafe tomado de Virgilio, In limine* latrat372, y la siguiente

OCTAVA

Si de Hilax y otros perros los ladridos
por anuncios del daño que amenaza,
se miran celebrados y aplaudidos,
elógiese Pamela, que en la casa*:
jamás dejó a sus amos aturdidos,
según las propiedades de su raza;
silenciosa ocupaba los umbrales
elogios mereciéndose inmortales.

p. 268En el tercer costado se pintó una colita, y por orlas las palabras de Marcial, blandior* omnibus puellis373, y esta

OCTAVA

Si Argo, perro de Ulises, fue famoso
mostrando por su dueño sus conatos,
será inmortal Pamela por el gozo*
que mostraba* de su ama a los mandatos
su rabo, pues, apláudase obsequioso*,
sus fiestas y ademanes siempre gratos*:
de su lealtad celebren la memoria
los fastos más perrunos de la historia*374.

En el cuarto costado se veía pintada una cabeza de perro con el epígrafe tomado de Horacio: merdis caput inquiner*375, y últimamente esta

OCTAVA

De Mera, perra de Ícaro, se cuenta
que a la hija de este guio porque lo hallase;
mas porque de Pamela, siempre atenta,
el que más conocía se demostrase*,
la gana contenía de que* revienta,
impidiendo* la ropa se ensuciase.
¡Oh, cabeza de tal conocimiento,
de que no se escapó* el excremento376!

Al tercer cuerpo adornaban cuatro décimas respirando moralidad, con relación a los jeroglíficos con sus correspondientes costados, y son las siguientes377.

PRIMER COSTADO

¡Oh, tú, que con paso lento
vas siguiendo tu camino,
ignorante del destino
de este triste monumento!
El pie detén un momento
y esta pierna considera,
que mudamente parlera,
al mismo tiempo que espanta,
te enseña a fijar la planta
y librarte de cojera.

p. 269

SEGUNDO COSTADO

Caminante que en tu lira
o en un burro aparejado,
te pasas muy* descuidado
sin ver siquiera esta pira:
tu trote detén y mira
este diente singular,
que contigo debe hablar,
seas tú el que quisieres ser,
pues quien no sabe morder,
sabe a lo menos ladrar.

TERCER COSTADO

Viajante que a tu caballo*
metes espuela de duro,
y vas a galope puro,
como el más robusto payo:
pregúntale allá a tu sayo
si esta cola debe hablarte:
creo debes aquí pararte
aunque muy de prisa vengas,
porque es difícil no tengas
rabo que puedan pisarte378.

CUARTO COSTADO

Currutaco botarate
de cascos a la jineta*,
que vais tras de la retreta
con majestad de petate379:
dejad tanto disparate,
y humilde, rendido, atento
os pido por cumplimiento
pares el coche o calesa,
y mirando esta cabeza,
vacíes la tuya de viento.

En el cuarto cuerpo, sobre que se levantaba el último, no en la figura regular, sino en forma de basurero, para representar el que fue sepulcro de Pamela, se pusieron cuatro epitafios en otras tantas endechas, correspondientes a los jeroglíficos de los respectivos costados.

1.
Aquí yace Pamela,
cubierta de bazofia;
si cojeas de algún pie,
sin duda que te manden a la porra.

p. 270

2.
Este lugar inmundo
a Pamela contiene:
a igual se deberá ir
aquella que a cualquiera saca el diente*380.

3.
Al muladar que miras
vino a dar una perra:
tú, que lo eres también,
con el rabo vendrás entre las piernas381.

4.
Yace en un basurero
la compuesta Pamela:
basura es el adorno,
vanidad que trastorna la cabeza.

Todos nosotros, y cuantas personas allí estaban, celebrábamos el dibujo, la idea y las curiosidades de la pira; pero el coronel luego que leyó los versos, me dijo:

—Estas* no son producciones de ninguno de los colegiales que visitan la casa, ni menos de mi cuñada ni sobrina. Infórmate de quién es su autor.

No me costó mucho trabajo desempeñar mi comisión, porque no faltó quien me sacara del cuidado luego luego; y así ya bien certificado, le dije a mi tutor que quien había ideado la pira y compuesto la inscripción, los sonetos y todo, era el doctor don José Miguel Garrido y Vilcécuu*, autor también de la oración fúnebre que dirá el colegial esta noche*382.

—Siempre presumí* que el autor de estos versos fuera algún literato conocido, porque hasta en los juguetes y distracciones de los sabios respiran* la erudición y la gracia. Ya deseo oír la oración fúnebre, que me parece será un agradable jocoserio*.

—No tardará mucho –le contesté, y en efecto, después de un rato de buena música, se presentó sobre una catedrita* el colegial destinado para el caso. Era bastante vivo, y así dio todo el lleno a la función, comenzando de esta manera*.

ORACIÓN FÚNEBRE383

O crudelis Alexi, nihil mea carmina curas! Virgilio, égloga 2, verso 6384.

uu El autor de la descripción de la pira, y de la siguiente oración fúnebre fue, cuyos apellidos quedan anagramatizados en su lugar. La literatura de este benemérito eclesiástico es bastante conocida en ambos mundos.

p. 271¡Oh, cruel!, ¡te alejas sin que valgan nada los míos, el carmelita ni los curasvv!

Solo con estas tiernas expresiones puede explicarse la pérdida lamentable que lloramos. En el punto que experimentamos tan terrible golpe, nos sobrecogió un súbito dolor: se esparció por nuestros semblantes el aire lúgubre de la angustia; se convirtieron en ríos de lágrimas nuestros ojos; poblamos la atmósfera de suspiros; nos desgreñamos, nos dimos de bofetadas, y rasgando nuestras vestiduras, cubrimos de ceniza las cabezas.

Pero qué, ¿semejantes demostraciones serán acaso suficientes para explicar nuestra pena? ¿No deberíamos usar de otras mayores para llorar la muerte de la muy noble, muy exquisita y muy fina perrita doña Pamela? No, a la verdad: no era bastante detestar el hado, maldecir la fortuna, improperar las parcas y armarse de invectivas contra la guadaña de la muerte. Estas expresiones son comunes en las pérdidas continuas*: era necesario para singularizarnos, avanzar a más, maldiciendo hasta el naranjo y carreta en que solía salir antiguamente el esqueleto horrible de la muerte*385; y aun era poco, deberíamos quejarnos asimismo* hasta de la difunta Pamelilla*, como si hubiera tenido la culpa del triste fallecimiento.

¡Oh, tú, adolorida y afligida doña Pomposita*, y la más infeliz entre damas386! A ti pertenecía llenar la casa de gritos y alharacas, como que te toca más de cerca la pérdida.

En efecto, el amor ardiente y correspondido de esta niña a Pamela enlazó a ambas, uniéndolas y amansándolas*, que de ellas formó de pasta un cordón que ardía a lo lejos: formosum pastor Corydon ardebat Alexin*. La señorita* tenía en su perra el dominio y sus delicias*: delicias domini*, y había puesto en ella todas sus esperanzas*: nec qui speraret habebat*387.

vv Este carmelita y estos [curas] eran unos eclesiásticos, visitas de confianza de la casa.

p. 272Pero descuidándose en que anduviese libre por todas partes, tanto entró en damas*, tantum inter densas, que sufrió una horrible caída, de que no bastaron a curarla el andarla cargando, el discurrir mil remedios, ni el envolverla y ceñirla; nada pudieron los hombres, el cacumen y las fajas, umbrosa cacumina fagos388. La embracilaban las señoras, y de ellas asida, venía e iba, adsidue veniebat ibi, hasta que* la dejaron en lo más recóndito en el suelo, haec* incondita solus389. Exhaló por fin el último aliento, por más que su ama blasonaba que sanaría, y que en todas partes, en los montes, en las selvas y en el estudio lo jactaba la enana, montibus et silvis studio jactabat inani*390.

Entonces, en aquel triste momento se alborotó la casa, se turbaron los parientes, se afligió el carmelita, se conmovieron los curas; y la angustiada doña Pomposita, enclavijando las manos, volviendo a un lado y a otro la cabeza, elevando los ojos* y dirigiendo a Pamela sus voces, que arrebató de la boca del príncipe de los poetas, hizo resonar las paredes de la casa con estas lúgubres palabras: «¡Oh, cruel, te alejas, sin que valgan nada los míos, el carmelita y los curas! O crudelis Alexi, nihil* mea carmina curas!».

Pero contengámonos, señoras; contengamos las lágrimas en que nos obliga a desatarnos la memoria de aquel día. Después de la pérdida de Pamela no nos queda otro lenitivo que honrar sus cenizas, sacando aprovechamiento de nuestra propia desgracia. A este fin, yo vengo a haceros ver que su vida fue el mayor ejemplo, y su muerte el mayor desengaño. Este es el asunto y división del discurso.

Para promoverlo con la majestad que exige la materia, y corresponde a la sublimidad de la naturaleza canina, son de desear los influjos de los signos celestes de los brutos, Tauro, Piscis, Aries y demás*, para cuya consecución es conducente la deprecación del son* de La cucaracha, cuando se dice*: zafa, zafa demonio: malhaya tu estampa391.

p. 273

Punto Primero

Si hubiera de elogiar a la incomparable Pamela en el estilo de los oradores profanos, yo ponderaría su calidad y finura, que la hacían preferente a los mastines, galgos, podencos, lebreles, perdigueros, perros de agua, alanos, dogos o iscuintles392; hablaría de su patria la Puebla; me demoraría en su crianza y educación al lado de una aya tan acreditada, cual es la hermana del herrero del pueblo de Acaxete, quien la acostumbró desde su infancia a la abstinencia, y a llevar en los lomos el peso de un colchón de arena, y en las orejas el de unos plomos; finalmente, describiría su penoso viaje a esta ciudad, atravesando montañas y sufriendo las fatigas del camino, hasta que en el puerto de Chalco se embarcó en la Capitana, al mando de la famosa trajineraww la Jarocha, en la que navegó toda la laguna*, y avistando sucesivamente al cabo de doce horas las costas de Mexicalcingo, Ixtacalco y Jamaica, dio fondo la embarcación en el muelle del Puente de la Leña, y saltó en tierra Pamela para servirnos de ejemplo, que es a lo que debo contraerme precisamente393.

¿Cuántos no hubiera dado si su temprana muerte, acaecida antes de cumplir el primer año de su edad, no hubiera truncado su carrera en la niñez? De este modo más puede elogiarse por lo que pudo ser, que por lo que fue. ¡Qué halagüeñas esperanzas las que de ella concebimos! Todos nos prometíamos, y no sin fundamento, que, en llegando a una edad adulta, sabría sentarse, pararse en dos pies, juntar las manos como quien pide, brincar para alcanzar un pedacillo de pan, abrir la boca para asestar el que se le tirase, hacer el muerto, y otras gracias que recomiendan a los de su especie, y con las que tal vez se hubiera hecho tan célebre como lo son en la historia Argo, perro de Ulises, y Dúrides de Lisímaco; pero ¡ah!, que se frustraron nuestros deseos, quedándonos el dolor del sólido apoyo en que se fundaban! Tales fueron las acciones que la visteis y con las que dio ejemplo singular.

Este era, a la verdad, el fin a que la destinó la naturaleza, al mismo tiempo que su buena suerte al servicio de una dama tan recomendable; y fuese ya por un efecto de su buena índole o por un influjo de la superior estrella de su dueño, jamás se observaron en Pamela aquellas malas propiedades que tanto detestan en los de su clase. No aturdía la casa con ladridos a la entrada de cualquiera huésped, mortificando a sus amos; nunca mordió a persona alguna; no comía, sino lo que le daban; y guardó compostura y limpieza hasta en las operaciones más precisas de la naturaleza. Puede decirse que tenía dientes, y no mordía; lengua, y no ladraba; boca, y no comía, y… qué sé yo de qué frase oportuna usaré*, para decir que ninguna cosa ensució jamás. Su ama misma encarecía esta circunstancia hablando con doña* Pudencianita. Nunca, decía, nunca manchó mi ropa ni mi cama. No creas que hacía perjuicio: es nulo, prima, que nunca* lo daba su excremento. Nullum prima dabit crementum394.

ww Canoa, especie de bote sin quilla. De estos hay muchos en un canal o acequia que entra en México, y en ellos navegan, especialmente los pobres, a varios pueblos pasando muchas veces por las lagunas de Chalco y de Tescoco.

p. 274Y ¿qué diré de las acciones positivas con que os enseñaba la sumisión, la obediencia, el agrado y la docilidad. Acudía con prontitud siempre que se llamaba por su nombre, de cuya sumisión le resultó la caída; no salía de la pieza en que se ponía; su colita parecía un sacudidor o mosquitero, según la batía, enarbolándola como arco a la presencia de sus amas para gratificarlas*, y manifestó su docilidad, conferederándose con el gato y enlazando con él la más estrecha amistad. ¿Cuándo se ha visto ejemplar semejante? La expresión más viva con que significamos una enemiga mortal entre los hombres es decir que andan como perros y gatos; pues Pamela fue siempre superior a estas preocupaciones desde su niñez, haciendo migas con el gato, y como se expresa de la infancia, diciendo: cuando andabas a gatas, de ella deberá decirse: cuando andaba a gato o con el gato395… ¡Qué panegírico!

Pero fue mayor el que mereció por su paciencia en las enfermedades, enseñándoos con ella a sufrir las vuestras. Su débil y delicada complexión enfermiza siempre la hacía adolecer, y la proporcionaba dar aquel ejemplo. Llamo por testigo de esta verdad a su ama doña Pomposita, que inflamada de una ardiente caridad de san Lázaro, la atendía y la serraba*, pudiendo, por lo mismo, en su elogio, exclamar con Hipócrates en sus aforismos, qué aplicada joven continuamente sana. Quae applicata* juvant, continuata sanant396!

Aquí no disimularé el único defecto de Pamela, porque no falte el sombrío en su hermosa pintura. Comenzaron a levantarse las sospechas de que pretendía casarse con un perrillo de inferior nacimiento. Los indicios eran vehementes, y la casa toda se hallaba consternada al considerar que iba a manchar su nombre y esclarecida prosapia con tal abatimiento. Pero si fue capaz de abrigar deseos tan plebeyos, tuvo la sublimidad de vencerse y de no llevarlos al cabo.

Después que se averiguó la materia, y se encontró no ser juicio temerario el que corría, se opuso su ama, y frustró tan detestable matrimonio, armándose con la pragmática prohibición de los casamientos desiguales, impidiendo toda comunicación con el atrevido y mal aconsejado iscuintlexx, que la inquietaba, y protestando que por embarazar tal enlace, más bien se envejecería y convertiría* su virginidad en orejón.

Vosotras, las que habéis dado* tan singular narración, y a quienes la dirige mi fervoroso celo, os la debéis proponer como dechado, no en vuestras almohadillas, sino en vuestras mentes; no para vuestras costuras, sino para vuestras acciones. Júpiter soberano os ha manifestado visiblemente que destinó a Pamela para vuestro ejemplo.

xx Iscuintles en idioma mexicano significa perros ruines.

p. 275Ella era flaca como doña Pomposita*; enferma de las piernas como doña Eufrosina; de salud endeble como doña Matilde; afluxionada, como doña Carlota; lagañosa como la tía doña María; chaparra como doña Adelaida, y perra como todas397.

Deben, pues, esforzarse a imitarla cada una en aquella cualidad que la es más conveniente. Doña Matilde, en sufrir las enfermedades sin desesperación; doña Pudencianita, en la sumisión sin bachillería; doña Carlotita, en la paciencia, sin pachorra; doña Pomposita, en el agrado, pero sin zalamería; doña María la beata*, en la conservación del doncellazgo, pero sin sambitatería; y todas en la finura, pero sin perrera398. Porque a la verdad, solo lo bien obrado es lo que se saca de esta vida; todo lo demás tiene la misma substancia que el humo, que en el viento se desvanece, y pasa con la misma rapidez que la brillante luz de los relámpagos.

La muerte de Pamela fue el mayor desengaño en este punto, que es el segundo de mi perruna oración.

Punto Segundo

Yo bien sé que la vida no es sino un viaje para la muerte, o un dorado coche en que bonitamente y sin sentir vamos caminando a ella. El tiempo es el cochero; el tronco de caballos que lo tiran, blanco el uno y otro negro, son el día y la noche; la infancia, adolescencia y demás edades son las jornadas; los placeres del mundo, ventas en que tomamos algún descanso*; las enfermedades son las cuestas y desvanes en que se precipita este coche para llegar más breve; las canas son el polvo del camino que emblanquece el pelo; las rugas, efectos del calor y fatiga que consume el húmedo; la corcova e inclinación del cuerpo con el arrastrar de los pies denotan el cansancio, porque se ha andado ya mucho; la agonía es la garita del país tenebroso; la sepultura es la posada; y todas las cosas que nos rodean son pregoneros que nos recuerdan hacia donde caminamos399. Tal es el deshojarse las flores, tronchar una hacha cortante aun los más empinados ocotes, desplomarse los más soberbios edificios, y girar los ríos al sepulcro de los mares, y aun el sol y planetas a su ocaso400.

Sé bien todo esto; pero ¿es posible que había de ser aun más breve la vida de Pamela, y que este astro luminoso había de padecer eclipse casi en su mismo oriente? Por su pronta carrera me* pareció cometa, aunque yo nunca la reputé por tal, no obstante tener cola, porque comía. Pero lo cierto es que duró tan poco su luz, que ni aun con los cometas pudo compararse. Con razón, hablando su ama con su querida prima doña Pudencianita*, usurpada la sentencia del juriconsulto. Dime ¿qué cosa será su término de comparación? Ello es, decía, ello es solo lo* que puede la vela, ejus est nolle qui potest* velle401.

p. 276Dispénsenos describir menudamente aquellos últimos días en que la vimos padecer, y sobre los que exige nuestro dolor, aún reciente, echar prontamente*un velo. Aún no olvidáis que andando por los bordes del corredor, y llamándola a este tiempo, al dar la vuelta cayó abajo, que se encojó y le resultó una apostema en la cabeza402; que de día en día se fue extenuando y enflaqueciendo, hasta poder servir a una costurera, porque parecía aguja; que comenzó a arrojar materia por todas partes; y que dando la más cruel penitencia a todas las narices vecinas, exhaló un pestífero hedor, y con el último aliento, dejando a las señoritas* igualmente consternadas por su pérdida, como por la prueba que en ella palparon de lo caduco de las cosas mundanas.

¡Ay de mí!, que apenas puedo sostenerme al recordar tan funesta catástrofe. Un nudo en la garganta me embarga las voces, y el corazón parece que se arranca, para derretirse en lágrimas amargas con estos recuerdos dolorosos. Yo mismo vi con estos ojos, con que veo a la venerable tía* María, la hermosura de Pamela convertida en podredumbre; su lozanía en languidez; su genio festivo y placentero, en tétrico y abatido; sin gracia sus ojos, sin acción todos sus cuatro pies, y aquel cuerpo que las damas abrigaban en su regazo, arrojado por asqueroso en un sótano cuando enfermó de gravedad, y después de su muerte en un muladar. Este fue su túmulo, su mausoleo y tal su último paradero.

Y si este es el fin del animalillo predilecto, estremézcanse los demás, que sirven de diversión a las damas y a los niños, y espérenlo aun más desastrado a vista del que experimenta el preferido entre todos. Ninguno, a la verdad, es acreedor a mejor suerte. No el pajarito, que solo deleita el oído, y a quien no se hace más cariño que meterle alguna vez la masa en el pico y tocarle blandamente la cabecita, aunque haya una docena de canarios*, doce amarillos que silban. Doces, Amaryllida* silvas403. No el loro, a quien no se hace más aprecio que darle una sopa porque nos divierta, preguntándole su estado como si fuera a confesarse; ítem con su verba exaltándole la bilis, item verbalia in bilis404. No el gato que solo entretiene arrastrándole un papel o rodándole una bolita, por lo que solo se le honra con andarle por el lomo; pero no se pone a comer en la mesa, sino que se le dan migas* en el suelo: dat miseris* solum405. No el mono, de cuya cercanía se huye, y solo agradan a lo lejos sus ademanes, gesticulaciones y maromas, o que haga títeres con las patas: Tityre tu patulae*406. No en fin, los que recrean con harto sacrificio suyo, como la mosca clavada con un popote para que imite el ejercicio militar; el ratoncillo asido de la cola con un hilo para verlo correr sin que pueda escaparse; el mayate cubierto de cera, figurando un mono con movimiento*; y el murciélago afianzado de las alas para que chupe un cigarro407.

p. 277A todos estos son superiores los perros por su lealtad, por sus conocimientos, por sus fiestas y por sus innumerables gracias, dignos por lo mismo de las mayores atenciones, hasta dormir en una misma cama con sus dueños, y que las damas los equiparen a los* de su especie. Pero entre todos se hará un lugar muy preferente la incomparable, archirrequintín*, protoperrita*, que ha sido el objeto de mi oración, y cuya pérdida os desengaña de que no debéis engreíros en cosa alguna de esta vida, supuesto que os ha faltado la que más amabais.

¿Por qué, Pamela?, ¡oh, querida y amada Pamela!, ¿por qué te alejas de nosotros? ¿Adónde te has ausentado sin dejarnos la esperanza de volver a verte? ¿Por ventura, envidioso el firmamento te ha arrebatado para añadirte a su toro, escorpión, pescado y carnero, formando de ti una constelación? ¿Has subido a agregarte al Can celeste, o te has introducido en la canícula? ¿Has descendido*a acompañar al cancerbero, o el abismo de las aguas, con el can marino? ¿Te has ido a la Tartaria con su gran Kan, o con los perros de los moros? ¿Acaso con los canes de las vigas*, o bien al país de los canes, que juzgo serán las Islas Canarias408?

Pero, ¡ay de mí!, que en ninguno de estos lugares hemos de encontrarla. Ella sin duda se ha remontado a lo más solitario cual es el Nihilópolis*, porque no ignoraba la grave sentencia del Nebricense, que la hembra sola reposa: quae femina sola reposcit*409.

Esto, señoras, sirva de lenitivo a vuestra pena, ya que para mayor desengaño carecisteis aun del consuelo de heredarla, repartiendo entre todas* sus miembros. ¡Qué dulce os hubiera sido que hubiera dejado su pescuezo a doña Pomposita, sus dientes a doña Eufrosina, sus hígados a doña Matilde, su espinazo a doña Pudencianita, su colita fiestera a doña Carlotita y sus ojos con su menudo entero y relleno a la tía* doña María410.

Pero ya que no lograsteis esta dicha, permita el dios Pan, que lo es de los pastores y por consiguiente de los perros, o bien Acteón, o la deidad, sea la que fuere, que preside a tan noble especie411, y de cuya alta dignidad protesto a la faz del mundo no ser mi ánimo degradarla; permita, vuelvo a decir, que para reemplazar la perrita que lloráis y amabais como a vuestros ojos, os nazcan en ellos innumerables perrillas; que cuando vayáis a la iglesia, el perrero sea lo primero que os encuentre; que no hagáis jamás sino perreras; que todas vuestras enfermedades se os emperren; que porque tengáis cuanto pertenece a los perros, no os falte ni la rabia; y que por fin, como tan conforme a vuestros genios, paséis el resto de vuestros días en una vida perruna. Esta os deseo412.

p. 278Aquí dio fin el orador, que no podía negar haber estado su oración de los perros413. La gracia con que la dijo le granjeó bastantes aplausos y galitas; pero los inteligentes no cesaban de dirigir sus elogios al autor, que era quien en realidad los merecía, pues el que predica un sermón soplado, no tiene más mérito que el de trompa cuando suena con el viento que le introduce el músico.

Unos ponderaban el chistoso estilo de la oración, otros la extravagante y graciosa aplicación de los textos, aquellos la erudición y tropos retóricos que la adornaban, estos las comparaciones y deseos hacia las señoras de la casa, y todos la moralidad que respiraba una pieza jocosa y por su naturaleza estéril.

Así que paró el fervor de las primeras alabanzas, se siguió el refresco, como en todo pésame, porque ya se sabe que los duelos con pan son menos. Y si Pamela hubiera sido rica y hubiera dejado su caudal a sus amas, entonces ¿qué tal hubieran sido sus exequias? No habría función, júbilo ni carnaval con que haberlas comparado, porque los duelos con dinero no son duelos, sino gozos, contento y alegría para los herederos.

Finalizado el refresco, se siguió el baile, que duró hasta las tres de la mañana, según supimos, porque el coronel se retiró a las diez con su familia.

Nadie pudo negar que tuvo un rato divertido; pero el coronel que no se descuidaba en instruir a su hija sin aire de lección, decía en el coche:

—Vaya, que hemos tenido una noche bien alegre a costa de mi hermana. Ella ha quedado hasta ahora medio bien, porque del todo jamás se queda bien en estas frascas. Pero en fin, la han alabado, y ha lucido el taco y gastado el dinero, a pretexto de la muerte de una perrita.

»No, no habrá bajado el costo de la fiesta de ciento o más pesos. Estos desperdicios, hija, se lloran en las casas, y estas risas se convierten en lágrimas de los pobres herederos después de que fallece el principal. Yo no repruebo algunas diversiones lícitas y moderadas, ni menos alabo la miseria o la mezquindad; pero tampoco aprobaré una decisión general por toda clase de placeres como es la de Eufrosina. Para ella nada hay malo como sea fiesta, y cuando no las hay, ella las hace con cualquier motivo, como esta noche. ¡Eh!, quiera Dios, quiera Dios que nuestra sobrina no apetezca algún día lo que esta noche ha tirado su madre.

Con estas observaciones llegamos a casa, se dispuso la cena, cenamos, y nos fuimos a recoger hasta otro día*.

i pedestal] banco 1842.

ii Se ha optado aquí por seguir el texto de Palazón Mayoral, que adecúa las variantes del texto latino. El carácter burlesco del texto, y las múltiples variantes de acuerdo a su traducción manuscrita y su apócrifa inclusión en la novela dificultan ofrecer un texto óptimo.

iii no son comunes] no se han usado jamás 1842.

iv A FINES DEL] AL ACABAR EL 1842.

v llanto] canto 1842. Probablemente se sustituye para evitar la repetición de rima del primer verso, y quizás, a juzgar por la transcripción de Gorman, era también la lectio del texto que sirvió para la edición de 1831, y la repetición se debe a un error de copia. Mantengo, a pesar de las sospechas, la forma de la primera edición.

vi y expresad que el dolor que os atraviesa] y el dolor exprese la viveza 1842.

vii iguala la medida] el enorme tamaño 1842.

viii truncan ya] trincan a 1842.

ix invirtiendo] invirtiéndose 1842.

x dable era] es dable 1842.

xi que a frailes se metieran] que se metan a frailes 1842.

xii de] del Nebricense en su 1842. La cuarta edición aclara la fuente.

xiii Da] De 1842.

xiv limine] himine. Corregido siguiendo la cuarta edición. Puede argüirse que los errores en los latines del texto sean intencionados, dado su carácter burlesco, aunque, tras el cotejo de las ediciones de la novela y de la versión del manuscrito de O’Gorman, más bien parecen errores de copista, fuera de las variantes del manuscrito o de la imprenta. He corregido las citas de acuerdo a su fuente, mismo criterio que siguió la cuarta edición, sin anotar las variantes entre las ediciones en este punto.

xv elógiese Pamela, que en la casa] de Pamela es más loable la cachaza 1842.

xvi blandior] blandeor. Corregido de acuerdo con la cuarta edición.

xvii por el gozo] que gozoso 1842.

xviii que mostraba] tuvo siempre 1842.

xix su rabo, pues, apláudase obsequioso] su rabito fiestero y obsequioso 1842. Una variante tan notable puede indicar que el impresor tuviera a mano otro manuscrito de las Honras, tanto para este verso como para los dos que se anotan a continuación.

xx sus fiestas y ademanes siempre gratos] digno de aplausos y recuerdos gratos 1842.

xxi los fastos más perrunos de la historia] la pluma fiel de la perruna historia 1842.

xxii merdis] mordis; corrijo de acuerdo con la cuarta edición. inquiner] inquinet; corrijo según el original de Horacio.

xxiii el que más conocía se demostrase] mayor conocimiento se mostrase 1842.

xxiv de que] más bien 1842. La edición del manuscrito de las Honras fúnebres de O’Gorman recoge este verso como: «la orina contenía que más revienta». Si la variante de la Quijotita se debe a decorosos reparos de Fernández de Lizardi o los impresores, o, simplemente, a que siguieron una versión manuscrita con otra lectura no puede saberse con seguridad.

xxv impidiendo] que sufrir que 1842.

xxvi escapó] escapó ni 1842. Probablemente se añade para evitar la hipometría del verso.

xxvii muy] tan 1842.

xxviii Viajante que a tu caballo] ¡Oh, viajante!, que a tu bayo 1842.

xxix de cascos a la jineta] y madama a la jineta 1842.

xxx aquella que a cualquiera saca el diente] las que descubren a cualquiera el diente 1842.

xxxi La cuarta edición comienza la intervención de don Rodrigo así: «Las inscripciones hablan del siglo pasado, y así es que».

xxxii En la cuarta edición se modifica el nombre en anagrama y se coloca el que ya anunció en nota: «José Miguel Guridi y Alcocer».

xxxiii La cuarta edición continúa esta oración: «lo que hizo con objeto de pasar el rato en una concurrencia, criticando al mismo tiempo una pira puesta en aquellos días en un templo de México y la oración que allí se pronunció».

xxxiv La cuarta edición agrega aquí «dijo el coronel». El cierto que en el original puede caber alguna duda sobre quién pronuncia estas palabras. A juzgar por lo que sigue, lo lógico es que sea del coronel y no palabras del narrador.

xxxv respiran] campea 1842.

xxxvi un agradable jocoserio] una pieza agradable 1842.

xxxvii una catedrita] un aparato que parecía cátedra o púlpito 1842.

xxxviii La cuarta edición suprime «comenzando de esta manera»

xxxix continuas] ordinarias 1842.

xl en que solía salir antiguamente el esqueleto horrible de la muerte] en que sale la muerte el Viernes Santo 1842.

xli Eliminado en la cuarta edición.

xlii Pamelilla] misma 1842.

xliii y afligida doña Pomposita] señora doña Pomposa 1842.

xliv amansándolas] amansándolas de tal modo 1842.

xlv formosum pastor Corydon ardebat Alexin] formosum pastor Coridor ardebat Alexim. Transcribo las citas de la primera edición, sin anotar las variantes de la cuarta, de acuerdo a la edición de la obra de Virgilio de Silvia Ottaviano (Bucolica, De Gruyter, 2013), aquí y en las siguientes. Estas restituciones no afectan la falsa traducción que da el texto.

xlvi La señorita] Ella 1842.

xlvii el dominio y sus delicias] sus delicias y el dominio 1842.

xlviii delicias domini] delitias dominae.

xlix y había puesto en ella todas sus esperanzas] de suerte que ya nada le quedaba que desear, ni que esperar 1842

l nec qui speraret habebat] nequid sperare habebat.

li entró en damas] entre danzas 1842. La sustitución casa mejor con la falsa traducción de lo que sigue.

lii que] que desesperando de su salud 1842.

liii haec] hec.

liv montibus et silvis studio jactabat inani] montibus et silvio estudio jactabat innanis.

lv ojos] ojos al cielo 1842.

lvi nihil] mil.

lvii Desde «de los brutos» a «demás» se elimina en la cuarta edición, pero añade «y en especial del Can, o la Canícula».

lviii son] sonecito 1842.

lix La cuarta edición elimina «cuando se dice».

lx toda la laguna] todo el lago 1842.

lxi usaré] sería conveniente usar 1842.

lxii Eliminado en la cuarta edición.

lxiii La cuarta edición elimina «nunca».

lxiv gratificarlas] tenerlas gratas 1842.

lxv serraba] curaba 1842.

lxvi Quae applicata] Que aplicata.

lxvii se envejecería y convertiría] la dejaría envejecer y convertir 1842.

lxviii dado] escuchado 1842.

lxix En la cuarta edición, sin el diminutivo: «Pomposa». En todos los demás casos procede igual, eliminando los diminutivos que siguen en Pudencianita, Carlotita y Pomposita de nuevo.

lxx La cuarta edición elimina «la beata».

lxxi descanso] refocilo 1842.

lxxii me] más 1842.

lxxiii prima doña Pudencianita] amiga doña Doloritas 1842. Es una variante interesante: a juzgar también por el testimonio de O’Gorman, efectivamente los nombres originales que aparecían en las Honras fúnebres, se adaptaron no solo a la novela, sino que iban modificándose de copia en copia para adaptarse a nuevos auditorios (Doloritas no aparece en la versión de O’Gorman). Hace suponer también que el editor de 1842 tenía a la vista, al componer este capítulo, alguna copia de las Honras a la vista, y se le coló un nombre de este manuscrito en la novela, lo que explicaría también algunas variantes de mayor calado en los poemas que no responden al proceder habitual del impresor.

lxxiv solo lo] Lola 1842.

lxxv potest] poteuz. Corrijo siguiendo la cuarta edición.

lxxvi La cuarta edición elimina «prontamente».

lxxvii En la cuarta edición, sin el diminutivo.

lxxviii tía] doña 1842.

lxxix canarios] canarios o lo que es lo mismo 1842.

lxxx Amaryllida] Amarilida.

lxxxi migas] migajas míseras 1842.

lxxxii miseris] misenit. Corrijo de acuerdo a la cuarta edición.

lxxxiii Tytire tu patulae] Titire tu patule.

lxxxiv En la cuarta edición se elimina «el mayate cubierto de cera, figurando un mono con movimiento».

lxxxv los] los seres 1842.

lxxxvi Eliminado en la cuarta edición.

lxxxvii protoperrita] perrita 1842.

lxxxviii descendido] descendido a los infiernos 1842.

lxxxix de las vigas] de algunos encumbrados techos 1842.

xc Nihilopolis] Nihilopotis. Corrijo de acuerdo con la cuarta edición.

xci reposcit] reposit. Corrijo siguiendo la cuarta edición (y el texto gramatical citado).

xcii todas] vosotras 1842.

xciii La cuarta edición elimina «la tía».

xciv Aquí da fin el tomo tercero de la segunda edición. Comenzará el siguiente capítulo en el tomo cuarto, con nueva numeración.

362 Este capítulo supone una interesante integración y aprovechamiento en la novela de otro texto que circulaba en el México de principios de siglo, estrategia, por lo demás, común a las obras en prosa. El grueso del capítulo, como se indicará en la nota de la primera edición de esta parte (1831), pertenece a un elogio fúnebre dedicado a la perrita Pamela, que sigue la estela de los epitafios burlescos de animales, género ya recorrido desde la Antigüedad. Efectivamente, en el México de inicios de siglo circularon en papel manuscrito las Honras fúnebres a una perra que después fueron incorporadas en letras de molde para ser parte de La Quijotita y su prima. Aunque, obviamente a tenor de su contenido, circuló de forma anónima, la cuarta edición de la novela a cargo del impresor García Torres (1842) no tiene reparos en resolver el anagrama con que se atribuyó en la primera, dando el nombre completo de su autor: José Miguel Guridi y Alcocer. Varios han sido los estudiosos que han cuestionado la atribución. Jefferson R. Spell localizó a este efecto el «Expediente formado con la denuncia de un papel titulado Honras que se hicieron con la ocasión de la muerte de una Perra llamada Pamela», dando por hecho la autoría (Inquisición de México, 1808) [tomo los datos sobre el trabajo de Spell del capítulo de José Carlos Rovira que cito al final de la nota]. Su aparición en la novela la achaca a la decisión de Vicente García Torres, aunque parece desconocer que este capítulo también forma parte de la segunda edición (1831), a cargo de Daniel Barquera. Igualmente, pudo ser una decisión de este impresor, y no de Fernández de Lizardi. Que no se publicara el tercer tomo prometido en 1818–1819 lo considera Jefferson R. Spell una suerte, dados los problemas que afrontaba el escritor con las autoridades eclesiásticas. Sin poner en duda esta suposición, aún hay más: la determinación para incorporar las Honras a la Quijotita pudo ser posterior a la primera edición o, incluso, pudo sumarse a los motivos por lo que la primera Quijotita no continuó su andadura. El texto de las Honras fúnebres a una perra, a partir de un manuscrito anónimo, fue publicado por Edmundo O’Gorman en el Boletín del Archivo General de la Nación (t. XV, n.º 3, julio-septiembre de 1944, pp. 525–544). En la novela se ha eliminado el texto de la advertencia, que no casa bien con el carácter de escena descrito por el narrador en este capítulo. A esta particular obra se han dedicado los trabajos de José Carlos Rovira, «Carnavalesco y parodia sobre la muerte: las Honras fúnebres a una perra» (Dos obras singulares de la prosa novohispana, ed. Trinidad Barrera, Publicaciones de la Universidad de Alicante, 2015, pp. 125–146; recopilado después en «Otro tipo de ejemplo: un texto va de un expediente inquisitorial a una obra de Lizardi», Relatos inquisitoriales en la narrativa latinoamericana, Verbum, 2018, pp. 133–149) y la tesis de María Luisa Rodríguez Valencia, Antología y estudio de sátiras menipeas novohispanas del siglo xviii (Universidad de Salamanca, 2012, pp. 114–123, que edita el texto a partir de O’Gorman, pp. 364–375).

363 [1842] El año [17]99 del siglo pasado concurría el doctor don José María Guridi y Alcocer, las veces que se lo permitía su curato de Acaxete, en la casa de un canónigo muy aficionado a cosas curiosas, entre las que tenía algunos autómatas de algún mérito. Concurrían también otro cura y un padre carmelita (lo que es necesario saber para que se entiendan algunos pasajes de la descripción de la pira y de la oración fúnebre) y con el motivo de la muerte de una perrita, que era el ídolo de las señoras, formó, casi currente calamo [‘corriendo la pluma’, ‘de improviso’], este juguetillo satírico.

364 José Carlos Rovira (142) atribuye la elección de nombre a la difusión y éxito de la obra de Samuel Richardson del mismo nombre Pamela, or Virtue Rewarded (1740), traducida por Ignacio García Malo al español en 1794.

365 [1842] Después de la inscripción castellana de esta pira, la primera que vio México fue la que en la puerta del teatro grabaron los cómicos el año de 1812 con motivo de la jura de la Constitución española. Decía así, según podemos acordarnos: AL DIOS ETERNO / POR QUIEN ESPAÑA GRABA / EN EL MÁRMOL DE UN CÓDIGO INMORTAL / LOS DERECHOS DEL HOMBRE / INDEPENDIENTE LIBRE CIUDADANO / LOS CÓMICOS DE MÉXICO / AL RECOBRAR TAN ALTA DIGNIDAD / PARA PERPETUA MEMORIA / DE SU HUMILDE AGRADECIMIENTO / AÑO MDCCCXII. De entonces acá se ha cultivado este nuevo ramo de la literatura, como es de verse en los panteones de esta capital, aunque con poco fruto hasta ahora.

366 Acaxete: perteneciente a la jurisdicción de Tepeaca, municipio entonces situado en la provincia (o en el reciente estado) de Puebla, lindando al este con el de México.

367 Parca: cada una de las tres deidades de la mitología romana que representaban el nacimiento, vida y muerte. Morta (la Átropos griega) era la que determinaba el fin de la vida, cortando el hilo que metafóricamente representaba esta.

368 Calzonudo: ‘hombre’ (Santamaría), ‘monjas hombrunas’, entonces.

369 Cada una de estas cuatro octavas presenta, en orla, una cita en latín. De fondo, en todo el texto y más evidente en la oración fúnebre, este remedo paródico del género laudatorio es una crítica a los latinipardos, quienes insertaban sin venir al caso latinajos y autoridades en su discurso para darse aires de erudición. Pensando en las bachillerías de Pomposita, viene bien a los asuntos de la novela. Guridi y Alcocer es autor de un libro didáctico para el aprendizaje del latín, el Arte de la lengua latina (México, Zúñiga y Ontiveros, 1805), muy difundido en el México de principios de siglo.

370 La cuarta edición atribuye la cita a la gramática latina de Elio Antonio de Nebrija, aunque la cita original procede de Salustio, De Catilinae coniuratione (Conjuración de Catilina, LIX). Se traduce como ‘enfermo de los pies’.

371 El primero de los paralelos célebres se establece con el caso de Durides (o Hircan-durides), narrado en la Historia natural de Plinio (libro VIII): tras la muerte de Lisímaco, rey de Tracia, Durides se resiste a retirase de su lado, ardiendo en la pira funeraria junto con el cadáver de su amo. Es arquetipo de la fidelidad de las mascotas. Aquí se compara la muerte de Durides con la cojera de Pamela, resultado de querer ir a ver a sus amas. Hay que leer los grupos vocálicos /ae/ y /ea/ en una sola sílaba, para no afectar al metro endecasílabo de la octava (cae, granjeaba, cojeaba). Así también en los siguientes versos con ese grupo fónico.

372 La cita procede de las Bucólicas de Virgilio (égloga VIII, v. 107). El perro Hylax ‘ladra en el umbral’.

373 Marcial, en un epigrama precisamente dedicado a la perrita Isa (Epigramas I, 109, v. 3), de la que se dice que es ‘más cariñosa que todas las muchachas’.

374 El perro de Ulises, Argos, fue el único en reconocerlo cuando este regresa a Ítaca vestido como un mendigo (Odisea, libro VI).

375 Horacio, en sus Sermones (I.8, v. 37). Se traduce como ‘que la mierda ensucie mi cabeza’ (dicho en forma de juramento). Viene bien el asunto escatológico a la sátira perruna.

376 Mera, la perra de Ícaro de Atenas (no el Ícaro que trató de escapar del laberinto de Creta). Cuando dan muerte a su dueño, busca a su hija Erígone y la lleva al lugar donde habían enterrado a su padre. Ante esta muestra de fidelidad, Zeus la subió a los cielos como la constelación del Can minor. Los hiatos formados por /ía/ deben leerse como diptongos (sinéresis) para mantener la recitación del endecasílabo.

377 Estos costados suponen un consciente contraste con los anteriores poemas. Si bien aquellos reformulaban los mitos de forma paródica, y por tanto hay continuidad de tono, los asuntos tratados y las formas elegidas transitan aquí a las estrofas de corte popular. Se recrea con técnicas conceptistas, juegos de palabras y dilogías relacionadas con la perrita Pamela y el destinatario al que se dirigen, relacionando el sentido recto con el sentido figurado, con algún quiebre o remate disémico en el último verso.

378 Aquí el juego de palabras es con la expresión tener rabo que pisar, como se dijo, tener alguna falta que pudieran utilizar contra uno.

379 Esta décima se dirige a los currutacos botarates que, aunque se registra como mexicanismo con el valor de ‘retaco y grueso’, en esta época hemos de considerar que su uso despectivo designa más bien a una persona afectada, ‘relamida’. Es constante su uso en la obra de Lizardi. Por el sentido del poema, botarate es ‘derrochón’ (Santamaría), que hace par con la majestad de petate. Aunque petate tiene otros sentidos coloquiales despectivos (‘estafador’, ‘cobarde’), aquí debe relacionase con las expresiones nacido en petate (‘pobre, de baja procedencia’) o no tener ni petate (‘pobre’), ambas recogidas como dichos mexicanos por Santamaría, y que refieren nuevamente a los fatuos cuturracos. Montar a la jineta: «arte de montar a caballo que […] consiste en llevar los estribos cortos y las piernas dobladas, pero en posición vertical desde la rodilla» (DRAE); se usa en general para referirse a quien sabe montar a caballo. Retreta: «especie de serenata con música al aire libre» (Santamaría), que, por extensión, puede valer por ‘fiesta’.

380 En la línea de los juegos de palabras de los poemas, aquí hay que entender sacar el diente como hincar el diente, referido a las que se apropiaban de los bienes de, por lo general, los maridos con que se casaban.

381 Aquí el juego de palabras es evidente; con el rabo entre las piernas: ‘arrepentido, avergonzado’.

382 Este José Miguel Guridi y Alcocer (1763–1828), doctor en Teología y Cánones, escritor y político, se desempeñó como diputado a las Cortes de Cádiz por Tlaxlaca (1810–1812) y, a su vuelta de España, como diputado provincial y posteriormente presidente de la Suprema Junta Provisional Gubernativa en los inicios de la Independencia (1821). Aparece citado en varios momentos en la obra de Fernández de Lizardi. En el folleto El primer cuartazo al fernandino (Oficina de Mariano Ontiveros, 1820) se lo tiene por «sabio», «virtuoso» y «generalmente amado». Teniendo en cuenta que formó parte de la Junta Eclesiástica de Censura que resolvió excomulgar a Fernández de Lizardi por el contenido de su folleto Defensa de los francmasones, se abren sugerentes y nuevas suposiciones sobre la inclusión de este texto en esta parte de la Quijotita.

383 Como bien supone don Rodrigo, la oración que sigue participa de lo jocoso y lo serio, aunque, a decir verdad, lo serio es solo el envoltorio. Esta oración es el reverso paródico de las exequias y oraciones solemnes escritas con motivo del fallecimiento de un personaje célebre. El carácter laudatorio aquí desliza hacia un lenguaje ampuloso y ridículo. La naturaleza satírica del texto juega con una estrategia común en este género desde el Siglo de Oro: las falsas traducciones o falsas etimologías, que producen un juego de palabras sugerido por los paralelos en la estructura fónica de la palabra en la lengua meta y no por su significado, generando risibles cadenas parónimas. Además del recurso humorístico que supone, acentúa la sátira a los hablantes de la lengua latiniparda.

384 La traducción recta puede ser: «¡Oh, cruel Alexis, no te preocupan mis cantos!». Todas las citas que siguen están tomadas de la misma égloga de Virgilio, en realidad, en el mismo orden continuado del original. La égloga contiene el lamento y los vanos requerimientos del pastor Coridón por Alexis; si bien es un texto hábil para la contrafacción panegírica, aquí las citas no guardan relación con el sentido original.

385 [1842] En la procesión del Viernes Santo se acostumbraba sacar en una carreta bajo de un naranjo un esqueleto, que representaba a la muerte, que se introdujo al mundo por haber comido nuestros primeros padres de la fruta del árbol vedad, siendo tan completo su imperio, que ni el Hombre Dios se libertó de su guadaña, habiéndose sujetado a ella para redimir el linaje de Adán. Ya felizmente se han ido desterrando de entre nosotros poco a poco estas y otras peores exhibiciones que solían mezclarse antiguamente con los actos más sagrados.

386 [1842] Debe advertirse que el colegial que recibió la oración cambió los nombres, acomodando, en lugar de los que tenía el manuscrito, los de las señoras que se supone lo escuchaban.

387 Las tres citas fingidas aquí proceden de la misma segunda égloga de Virgilio, tomadas respectivamente de del primer y segundo verso; traduciendo muy literalmente, para atender al contraste con la falsa traducción (y sin atender a su función en el poema virgiliano): «el pastor Coridón ardía [de amor] por el hermoso Alexis», «delicia de su señor», «no tenía lo que esperaba».

388 Cacumen: ‘gracias’; ‘agudeza’ (DRAE).

389 Embracilar: ‘llevar en brazos’. Como mexicanismo, embracilarse es «encapricharse un bebé a estar cargado en brazos» (Diccionario de americanismos).

390 La oración sigue desperdigando los versos de la égloga II de Virgilio, en el mismo orden del original, aquí del tercer al quinto verso; muy literalmente: «copas sombrías de las hayas», «venía aquí a menudo», «allí, estos desórdenes, solo», «a montes y selvas lanzaba, con vano afán».

391 [1842] Tanto para hacer inteligible la alusión, como para satisfacer la curiosidad de los lectores, pareció conveniente poner aquí una muestra de los versos que se cantaban en el sonecito de «La cucaracha», los que al mismo tiempo servirán para hacer juicio del buen gusto y moralidad de la época de nuestros padres: «Coro. Un capitán de marina / que vino en una fragata, / entre varios sonecitos / trajo el de la Cucaracha. / Dúo. ¡Ay que te/me pica! / ¡Ay que te/me agarra / con sus colmillos / la cucaracha! / Primera voz. Zafa demonio, / zafa la garra, / que me lastima, / y arde hasta el alma. / Segunda voz. Sufre, nanita, / sufre y aguanta, / que el placer dura, / y el dolor pasa. / Primera voz. No me divierten / chanzas pesadas: / Zafa, te digo; zafa la garra. / Dúo. Vete a la porra, / cara de sarna, / barriga sucia / piernas chorreadas. / Estribillo. ¡Zafa, zafa, demonio, / mal haya tu estampa!».

392 Iscuintle: forma variante de escuintle o escuincle (la más usada), pero también registrado como izcuincle, izcuintle, etc. Voz náhuatl para perro. Aunque se utiliza para referirse despectivamente a niños (Santamaría), aquí mantiene el sentido recto.

393 Como advertía la nota en la primera edición, se refiere a una de las acequias que entraban en la ciudad de México (Puente de la Leña es el nombre de la calle aledaña), donde llegaba las trajineras (canoas). Mexicalcingo, Ixtacalco (o Iztacalco) y Jamaica son zonas cercanas a la entonces Ciudad de México.

394 La oración es una de las reglas de la gramática latina que aparece en los libros escolares para aprender latín en el momento, y que los estudiantes memorizaban. Vendría a traducirse literalmente como: «la primera [declinación] no dará ningún aumento», refiriéndose a que no aumenta de sílabas en el caso genitivo.

395 Aquí se fusionan dos expresiones figuradas en relación con el gato: andar a gatas, como los bebés con pies y manos al suelo, y andar a gatas, «enamorar a las gatas [criada o artesanita joven y agraciada]» (Santamaría), que aquí tiene género masculino, completando el juego de palabras.

396 Aforismo médico, citado frecuentemente en los tratados de terapéutica del tiempo, que tendrá también rendimiento en todo tipo de escritos de corte ensayístico o ideológico. Traducido puede ser: «lo que aplicado ayuda, continúa sanando» y se usa fuera del ámbito médico para validar el mantenimiento de las costumbres en algún aspecto.

397 No ahorra el panegirista calificativos para el auditorio y las damas que lo integran, a las que describe como enfermas (afluxionada: ‘que tiene aflujo’, una acumulación de líquidos en el tejido orgánico [DRAE]), poco agraciadas (chaparra, ‘baja’ [Santamaría]) y despreciables como todas, actualizando un sentido coloquial de perro. Es interesante revisar la edición de las Honras fúnebres a una perra que publicó O’Gorman, porque ahí conocemos el nombre de algunas a las que se le debió dedicar este divertimento satírico de esta copia manuscrita, si bien no tienen por qué corresponderse con un escenario real para tener mismo efecto (Ana, Agustinita, Josefa, Pepita, Teresa y Guadalupe).

398 Pachorra: ‘pereza’; ‘indolencia’ (DRAE). Sambitatería: por el contexto con que se construyen las precedentes, debe referir a ‘beatería’, en el sentido despectivo; parece una voz inventada para el efecto satírico; Graciela Michelotti la define como ‘infamia’ (272, nota 338). Nuevamente se cierra la enumeración con un juego de palabras: perrera, ‘perrada’ (Santamaría), una acción vil. El Diccionario de americanismos recoge perrera como mexicanismo («conjunto de personas de clase social baja»), que aquí no ha lugar.

399 Ruga: ‘arruga’ (DRAE). Húmedo: aquí, uno de los líquidos humorales que se relacionaba antiguamente con la elasticidad de la piel. Corcova: ‘joroba’.

400 Ocote: voz náhuatl para referirse a variantes del pino americano (DRAE).

401 Frase latina del ámbito jurídico, que significa que quien puede querer (tener la voluntad) tiene el derecho a no hacerlo.

402 Apostema: «absceso supurado» (DRAE).

403 Virgilo, égloga I, v. 5.

404 Recurre de nuevo a una de las fórmulas latinas para aprender las reglas sintácticas, en este caso, los adjetivos que terminan en -bilis quieren dativo.

405 Otra fórmula gramatical, del mismo tenor que la anterior, referida a los usos del dativo de los adjetivos.

406 Virgilio, égloga I, v. 1.

407 Entre los crueles juegos de los jóvenes con los animales se nombra la mosca clavada en una ramita (popote: ‘tallo delgado’, Santamaría) y el escarabajo (mayate, Santamaría) cubierto de cera.

408 Retahíla de juegos de palabras que se asocian a can, solo por su parecido fónico. Canícula: en astronomía, el momento en que «la estrella más brillante de la constelación del Can aparece junto con el Sol y que antiguamente coincidía con la época más calurosa del año en el hemisferio norte» (DRAE). Cancerbero: perro que guardaba la puerta del inframundo en la mitología griega. Gran Kan: nombre que designaba al emperador de los tártaros. Canes de las vigas: se llaman canes o ménsulas a las piezas que bajo las vigas ayudan a distribuir las cargas a los muros.

409 Regla de la gramática latina sobre la significación del género; completa era: «femineis junges quae femina sola reposcit» (‘todo nombre que signifique mujer es del género femenino’). Nihilopolis, el destino de la perrita Pamela, es constructo formado por la voz latina nihil (‘nada’) y polis (‘ciudad’, de origen griego)

410 [1842] En esta variación de los nombres, se pierde la graciosa aplicación que hizo el autor de la oración fúnebre en este lugar y la conclusión del primer punto, a los defectos o buenas cualidades de las señoras para quienes se trabajó.

411 El dios de los pastores, Pan, y el cazador Acteón son figuras de la mitología griega asociados al mundo de los animales. Acteón, en una de las versiones del mito, acabó devorado por sus propios perros de caza por castigo de Artemisa.

412 Finaliza la oración con el último desfile de juegos de palabras, en una seguidilla de poliptoton: perrillas: ‘orzuelos’ (Santamaría); perrero: «hombre que en las iglesias catedrales tenía cuidado de echar fuera a los perros» (DRAE); emperrarse: ‘obstinarse’ (DRAE); perrera: ‘acción vil’.

413 Juego de palabras con la expresión estar de perros (‘muy mala, molesta’, DRAE) en relación con el asunto tratado en la oración.